Japón, campeón de la protección de sus intereses en la pesca

Del atún rojo a la ballena, Japón, que en el segundo semestre del año acogerá la conferencia internacional sobre la biodiversidad en Nagoya, aparece cada vez más como un país preocupado por la protección de sus intereses económicos.

Del atún rojo a la ballena, Japón, que en el segundo semestre del año acogerá la conferencia internacional sobre la biodiversidad en Nagoya, aparece cada vez más como un país preocupado por la protección de sus intereses económicos.

Marruecos, (AFP-NA) — En Agadir, esta semana, ante la Comisión Ballenera  Internacional, como en marzo, en Doha, durante la  Conferencia sobre el Comercio Internacional de Especies en  Peligro, Japón se ha puesto en guardia para defender la  pesca del atún, del tiburón o de los cetáceos, pese a las alertas  de los científicos sobre la necesidad de proteger los recursos  amenazados por la sobrepesca.  

«Estamos dispuestos a compromisos, ya lo hemos hecho. Lo único  que no podemos aceptar es presiones para eliminar la caza de  ballenas», previno el lunes en la inauguración el responsable de  pesca japonés, Hideki Moronuki.   Su delegación -de hecho la más importante presente en Agadir:  40 personas registradas oficialmente- no puede ser considerada,  sin  embargo, como la única responsable de la parálisis  institucional de la CBI, que se debate en una crisis de identidad  después de 64 años de existencia.  

«¿Desde hace 20 años, el propósito mismo de la CBI es un tema  de desacuerdo entre nosotros: es un organismo de conservación de  las ballenas o un tratado de caza?», se pregunta el Comisionado  de Nueva Zelanda, Sir Geoffrey Palmer.
 
El organismo, creado  para ver el futuro de la caza de ballenas  tras años de explotación incontrolada, sólo se ocupa hoy, en este  tiempo de moratoria internacional, de las cuotas de caza  asignadas para su subsistencia a las comunidades indígenas.   Islandia y Noruega siguen cazando ballenas para fines  comerciales sin rendirle cuentas y Japón lo hace bajo el pretexto  de «caza científica», exención en los estatutos de la Convención  en 1946.  

A este título, Japón se otorga una cuota de más de un millar  de ballenas al año, que caza en el Océano Austral, «donde las  ballenas no pertenecen a nadie y por lo tanto son de todo el  mundo», según los términos del comisario de Mónaco, Frédéric  Briand, y que es un área o santuario de la CBI.  

Japón ha hecho concesiones significativas para llegar a un  acuerdo con sus detractores en Agadir, ofreciendo reducir a la  mitad sus cuotas, suspender la entrega de nuevos permisos de caza  y aceptar los mecanismos internacionales de supervisión de sus  actividades, a condición de que no se le obligue a renunciar a  su cacería en el Océano Austral.   De lo que se trata para Japón es de defender su «seguridad  alimentaria», subraya el portavoz de la delegación, Glenn Inwood.  

Sin embargo, en opinión de Frédéric Briand, director de la  Comisión Internacional para la Exploración Científica del Mar  Mediterráneo, «el ámbito geográfico de su caza  es una  amenaza para el resto del mundo. Cuando un país maneja sus  propios recursos, lo hace bastante bien. Pero cuando se trata de  los recursos internacionales, se comporta como un turista  inconsciente, que sobreexplota por algún tiempo y luego se  desentiende del problema.  

Más allá de la ballena hay otra cosa, sospecha Charlotte  Nithart, de la ONG francesa Robin Hood: «es ante todo una  presencia estratégica en la Antártida, donde se ha demostrado que  hay recursos minerales y energéticos. Las ballenas son un medio  de estar presentes en la región».

28/06/10
EL HERALDO DE ENTRE RÍOS

Dejá un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Scroll al inicio