Iberdrola proyecta otros dos parques eólicos marinos

Iberdrola proyecta otros dos parques eólicos marinos

Iberdrola es líder mundial en el campo de la energía eólica terrestre, con más de 15.000 megavatios de potencia instalados en todo el mundo, pero ahora se acaba de adentrar en un terreno inexplorado hasta el momento: el de los parques eólicos marinos (‘offshore’).


Iberdrola es líder mundial en el campo de la energía eólica terrestre, con más de 15.000 megavatios de potencia instalados en todo el mundo, pero ahora se acaba de adentrar en un terreno inexplorado hasta el momento: el de los parques eólicos marinos (‘offshore’).

La multinacional energética inauguró el pasado jueves su primera instalación de molinos de viento en el mar, situada en el Mar de Irlanda, a 20 kilómetros de la costa noroeste de Inglaterra. Como quiera que la tecnología ‘offshore’ presenta un buen número de singularidades respecto a la terrestre, para esta primera incursión marina Iberdrola -a través de su filial Scottish Power- ha ido de la mano de la danesa Dong, líder mundial en el sector. «Nos hemos aprovechado de su ‘know how’ a la hora de montar este parque, pero en los siguientes todo irá por nuestra cuenta y riesgo», comentan fuentes de la eléctrica que preside Ignacio Galán. West of Duddon Sands ha sido la primera piedra de toque para Iberdrola, que ya tiene en cartera otros dos grandes proyectos.

El primero de ellos se ha bautizado como Wikinger, y estará localizado en aguas alemanas del Mar Báltico. Tendrá unas dimensiones algo más reducidas que el recién inaugurado en Inglaterra: aproximadamente unos 340 megavatios (mw) de potencia, frente a los 389 de West of Duddon Sands, repartidos en 70 aerogeneradores (en Inglaterra se han colocado 108) y que alcanzará una inversión aproximada de 1.750 millones de euros. El proyecto está ya licitado, y atraviesa ahora por la fase de pruebas. Los ingenieros de Iberdrola esperan poder iniciar la construcción de los elementos en los próximos meses.

Las cifras de estos dos parques palidecen en comparación con el tercero que prepara la multinacional española. Se trata del llamado East Anglia, ubicado en el Mar del Norte, cerca de las costas del noreste de Inglaterra. El proyecto es de una dimensión descomunal: la potencia total será de 7.000 mw, cifra que representa la que actualmente hay instalada en aguas de todo el planeta. Y la mitad de la que alcanzan todos los parques eólicos terrestres operados por Iberdrola. Dada su magnitud, el parque se desarrollará en siete fases. La primera de ellas contemplaba en un principio la instalación de 1.200 Mw. Pero el Gobierno británico ha decidido recientemente recortar de forma considerable las subvenciones que destina a este tipo de proyecto ‘offshore’. Así que Iberdrola se verá obligada a rebajar sus objetivos, de forma que la fase inicial de East Anglia no tendrá probablemente más de 900 Mw. Se prevé que los trabajos de construcción de este parque comiencen en 2019. La fecha de finalización, sin embargo, es una incógnita.

La Meca de la eólica marina

Barrow in Furness, localidad fabril situada al noroeste de Inglaterra, en la costa del Mar de Irlanda, ha sido el banco de pruebas de Iberdrola para el desarrollo de sus proyectos ‘offshore’. Este municipio, de aproximadamente 70.000 habitantes, fue en su día uno de los puntos neurálgicos de la industria británica por sus astilleros, que acogían una febril actividad de construcción naval y de reparación de submarinos nucleares. Con el tiempo, y aunque conserva buena parte de esa herencia industrial, Barrow in Furness se ha convertido en la meca de la energía eólica ‘offshore’. La escasa profundidad de las aguas, que como media -todo depende de las mareas- sólo alcanza los 20 metros, y la abundancia de viento hacen de lugares como el Mar de Irlanda los más idóneos para acoger parques eólicos marinos.

A escasos kilómetros del emplazamiento del nuevo parque de Iberdrola se alzan los aerogeneradores de otras tres instalaciones -que suman 260 mw de potencia- propiedad de Dong. Vienen a ser los hermanos menores de West of Duddon Sands, un proyecto en el que la compañía danesa ha aportado su experiencia en la explotación y mantenimiento de este tipo de tecnología. A partir de ahora, Iberdrola caminará sola.

Los dos siguientes proyectos de la compañía que preside Ignacio Galán (Wikinger y East Anglia) tienen a Alemania y, de nuevo Reino Unido, como escenarios. Pero no son las idóneas condiciones geográficas y climáticas la única explicación para que las aguas del Norte de Europa acojan la gran mayoría de los 7.000 megavatios de eólica marina instalados en todo el mundo.

En países como Gran Bretaña, aunque no es el único, se ha levantado una considerable oposición a la construcción de más parques eólicos de tierra, al tiempo que intentan potenciar los proyectos ‘offshore’. Es el caso también de Alemania, Bélgica, Holanda o Dinamarca. «Sin embargo, hay otros muchos puntos del planeta -como por ejemplo, España- en los que no merece la pena instalar molinos en el mar. Primero, porque no reúnen las condiciones necesarias en lo que se refiere a la orografía marina. Luego, porque tienen vastas extensiones de terreno en su interior para albergar parques terrestres, y su regulación energética no presenta trabas», explica Álvaro Martínez Palacio, responsable de operaciones ‘offshore’ de Iberdrola.

Hay que tener en cuenta además que la inversión requerida para la puesta en marcha de un parque eólico marino es, como mínimo, el doble que la de uno terrestre. Los molinos ‘offshore’ están dotados de una mayor potencia y los materiales empleados para su construcción son mucho más caros. No en vano, han de soportar una mayor exposición a los fenómenos atmosféricos y a la corrosión del agua marina. Además, el proceso de montaje es considerablemente más dificultoso. Las duras condiciones climáticas de estos emplazamientos son también una ventaja: en el mar el viento, que no encuentra obstáculos a su paso, sopla con bastante más fuerza y durante mucho más tiempo. Por eso, un parque marino puede funcionar a lo largo de un año hasta el doble de horas que uno terrestre. (Por Jorge Murcia; Diario Vasco)

12/11/14

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