En la década de los noventa pude estar en aguas de Somalia y una acertada decisión me envió a Malvinas.
En la década de los noventa pude estar en aguas de Somalia y una acertada decisión me envió a Malvinas.
Otro capitán amigo no tuvo tanta suerte y allí estuvo su barco. La marea se interrumpió por los acosos de los pescadores locales disparándoles y las nulas garantías de seguridad y orden en tierra. Lograron regresar después de no pocos percances. Como vemos, nada ha cambiado en una situación de sobra conocida por todos los que allí operan.
Los recursos pesqueros son limitados y para ello se regulan las zonas exclusivamente en aguas que pertenecen a países ribereños. Otra cosa es que todos estos países puedan ejercer tal propiedad y que cuando tengan los medios para pescar, no queden ni "pequeniñes" que llevarse a la boca. Esa es la realidad y así la flota pesquera española ha sido expulsada de sus "caladeros históricos" -léase Canadá y Estados Unidos-, a veces con procedimientos poco ortodoxos, rayando lo ilegal. Se impuso la fuerza y no la razón. Marruecos, Mauritania, Sudáfrica, Namibia han seguido sus pasos y hoy no queda un "mar libre" donde mojar las redes.
Se imponen otras reglas de pesca en cooperación con los países dueños de las aguas, si queremos enviar allí nuestros barcos. Por desgracia Somalia tiene pocas posibilidades de entrar en este tipo de tratados debido a su inexistencia como país de garantías y mientras tanto buques de países modernos siguen extrayendo una riqueza incalculable en forma de escamas azules y carne roja, sin dejar el más mínimo beneficio a sus legítimos dueños.
Me pregunto por qué esos barcos no llevan tripulación somalí al igual que en otros caladeros se hace con sus gentes. No sirve decir que pescamos fuera de las doscientas millas, ya que la interdependencia de especies no entiende de rayas limítrofes.
Seguiremos mirando para otro lado e ignorando la pobreza de quien tiene la despensa y no puede comer mientras otros se la vacían. Esta vez nuestra gente allí ha tenido suerte, pero el odio y la desesperación no suele dar una segunda oportunidad. ¡Todos quedamos avisados!.
12/05/08
DIARIO FARO DE VIGO – ESPAÑA
