La tradicional flota pesquera de Rawson no está ajena a la crisis. Este año el golpe se ha notado más duro. Los armadores prefieren mantener los barcos parados antes que sacarlos a la pesca. El problema no es la falta de cupo, sino que se ha roto el circuito de comercialización.
La tradicional flota pesquera de Rawson no está ajena a la crisis. Este año el golpe se ha notado más duro. Los armadores prefieren mantener los barcos parados antes que sacarlos a la pesca. El problema no es la falta de cupo, sino que se ha roto el circuito de comercialización.
La tradicional flota pesquera de Rawson no está ajena a los azotes de la crisis del sector, pero este año el golpe se ha notado más duro. Un número importante de buques está amarrado en el puerto capitalino, y es que sus armadores prefieren mantenerlos parados antes que sacarlos a la pesca. Los saldos negativos llegan al punto de optar por no salir a pescar, este año el problema no es la falta de cupo, sino que se ha roto el circuito de comercialización.
Las fuentes consultadas coincidieron en señalar que es muy difícil vender las capturas y el que logra hacerlo debe entregar la mercadería a precios bajísimos. Los costos han crecido en forma sistemática, entonces, se escoge no zarpar. Mientras la mayoría de la Flota Amarilla está en puerto, algunos están operando en Comodoro Rivadavia, y en menor medida en Rawson.
El principal mercado de colocación de las capturas de esta flota han sido siempre las empresas pesqueras de Puerto Madyn, pero las finanzas de éstas, han cortado el aceitado circuito que existía con los propietarios de estas embarcaciones de 21 metros de estora.
Se ha restringido la compraventa en banquina, mientras que anteriormente, antes de llegar a puerto los barcos ya tenían vendidas sus capturas o las negociaban en cuestión de horas.
Ahora se ingresa a puerto y se termina vendiendo a precios muy bajos ante la falta de demanda, y muchas veces no se llegan a salvar los gastos del buque.
Los gastos operativos y de armado de la embarcación, sumados a los salarios de la tripulación, no alcanzan a ser cubiertos por los resultados de las ventas de las capturas. A lo que se suma que esas ventas no son cobradas en forma inmediata, y las plantas pesqueras terminan adeudando a sus proveedores de materia prima, quebrándose un circuito comercial que durante años funcionó con agilidad.
“Las empresas de Madryn ya no compran como antes, regatean el precio, y nos vemos obligados a vender al precio que ellos nos imponen”, explicó un armador consultado ayer por REVISTA PUERTO. “Además los pagos ahora son diferidos, y vendemos hoy, pero no sabemos cuándo cobramos”, añadió en su razonamiento, tras lo cual ensayó una síntesis para graficar el estado actual del sector: “es mejor tener el barco parado en puerto que sacarlo a pescar”. La frase pone en evidencia la magnitud de la crisis que golpea a los barcos amarillos de Rawson, que distan de ser aquellas empresas familiares de sus inicios, pero igualmente siguen siendo pymes ancladas en la economía de la ciudad.
Quienes están operando desde el puerto capitalino, están trayendo langostino tipo L2 y L3. Si bien es de mejor tamaño que el promedio que se está capturando en el Golfo San Jorge, la calidad no es la misma, y por consiguiente el valor de comercialización los ubica en posición de aceptar lo que les ofrecen.
Por su parte, los que bajaron a Comodoro y van en busca de merluza, a esta altura del año encuentran el pescado cada vez más lejos, y los costos de explotación se incrementan.
Los armadores interpretan también que las empresas compradoras echan mano al argumento de la crisis global para terminar logrando precios bajos, y la flota amarilla tiene un único mercado posible que son las plantas de Madryn y Comodoro, es decir, no tienen otra opción que venderles a ellos a los valores que ellos determinen.
De las casi cuarenta embarcaciones habilitadas, prácticamente la mitad forma parte hoy de la postal del puerto rawsense; y vale recordar aquí que, en la capital provincial, de las seis plantas de procesamiento habilitadas sólo dos (Agropez y Veraz) están trabajando y a menos de la mitad de su capacidad instalada.
En tanto, la flota artesanal también se ve acorralada por la misma lógica de sus compradores. Claro que aquí es mucho más difícil sobrellevar los pagos diferidos, ya que sus propietarios “viven al día”. Si hoy la pesca es escasamente rentable a gran escala, no es demasiado complejo imaginar cómo impacta esta realidad a los eslabones más bajos del sector.
Así las cosas y en pleno proceso electoral, el intendente de Rawson, Adrián López, estuvo días atrás en el puerto llevando a cabo una recorrida proselitista, pero su paso fue raudo y al parecer se aceleró más cuando los marineros empezaron a hacer oír sus quejas por la falta de apoyo ante las actuales circunstancias. “No es el mejor momento para venir a buscar votos al puerto”, deslizó a modo de razonamiento un veterano hombre del puerto capitalino.
Texto y fotos de Nelson Saldivia
09/06/09
REVISTA PUERTO

