En la costa gallega, los astilleros temen por su supervivencia

“¡Nadie más va a construir un barco en España!”, advierte Alberto Iglesias, director general del astillero gallego Metalships de Vigo, asegurando haber recibido advertencias de ese tipo por parte de armadores, tras el temor de que Bruselas obligue a devolver ayudas públicas.

“¡Nadie más va a construir un barco en España!”, advierte Alberto Iglesias, director general del astillero gallego Metalships de Vigo, asegurando haber recibido advertencias de ese tipo por parte de armadores, tras el temor de que Bruselas obligue a devolver ayudas públicas.

 

En la bahía de esta ciudad gallega, muchas grúas están inactivas: “no sale ningún barco, está totalmente paralizado”, asegura Manuel Simón, secretario del sector de la metalurgia del sindicato CIG de Vigo.

Alberto Iglesias asegura que su caso “es una excepción”, ya que su astillero construye en estos momentos un navío destinado a unas plataformas petroleras para un cliente estadounidense, lo que le permite estar al 50% de su capacidad. Pero reconoce que “el sector está fatal” desde que Bruselas suspendió en 2011 las ayudas públicas al sector y recuerda que “hace cuatro o cinco años, si querías firmar cinco contratos a la vez, lo podías hacer”.

Y ahora que la Comisión Europea podría exigir, el 17 de julio, que el sector devuelva las ayudas recibidas entre 2005 y 2011, bajo forma de ventajas fiscales, lo que supondría cerca de 3.000 millones de euros, los astilleros aseguran dirigirse hacia su desaparición. Seis de ellos cerraron en estos últimos años y quedan diecinueve.

Vigo, que registra una tasa de paro del 27%, no quiere ver desaparecer una de sus principales industrias: “hace 3 años, había 12.000 personas trabajando dentro de los astilleros, ahora hay escasamente 900”, dice Ramón Sarniento, responsable del sector naval del sindicato CCOO, que trabaja en el astillero Barreras, al igual que su padre y su abuelo antes que él.

Barreras, que fue considerado el mayor astillero de la ciudad, no ha conseguido ningún contrato desde hace dos años, mientras que en los años de bonanza construía seis barcos al mismo tiempo. Este astillero, que llegó a tener hasta 2.500 empleados directos y 5.000 indirectos, ahora no tiene más que 80, que sólo trabajan algunas horas al día. En el astillero vecino, el de Armón, “llevamos ya 3 años sin contrato o casi nada”, asegura Carlos López, de 56 años, que está a punto de cumplir 40 años en la empresa.

Pero el sector no se resigna: “podemos volver a construir barcos, es la única cosa que sabemos hacer y lo hacemos bien”, asegura Sarniento.

El astillero Metalships asegura haberse especializado en los buques destinados a la industria petrolera, “barcos muy sofisticados”, según Roberto Iglesias, con los que todavía consiguen resistir ante la competencia asiática.

“Europa, escucha, el naval está en lucha”, fue el grito de alarma lanzado el jueves por los trabajadores de Vigo, que se manifestaron en las calles de la ciudad, la mayoría vestidos con sus monos de trabajo.

El comisario europeo de la Competencia, Joaquín Almunia, responsable de hacer una propuesta sobre este asunto, aseguró que únicamente los armadores y los bancos que hayan financiado la compra de barcos deberán devolver las ayudas, pero los astilleros consideran inevitable que sus socios se vuelvan después contra ellos.

No son los únicos, ya que el presidente de la Asociación de Armadores Españoles, Adolfo Utor, advirtió el jueves que la obligación de devolver las ayudas públicas sería un “atentado contra la seguridad jurídica que dejaría sin clientes a la mayoría de los astilleros”.

Los sindicatos han convocado nuevas movilizaciones y manifestaciones para el próximo jueves, cuando Almunia se reunirá en Bruselas con representantes de las autoridades y del sector naval españoles.

Los astilleros temen que Bruselas obligue a devolver ayudas públicas, las recibidas entre 2005 y 2011, porque creen que eso significaría su desaparición.

Por Katell ABIVEN | AFP – 

06/07/13

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