En 65 días, nadó más de 5.000 kilómetros por el río Amazonas

Se trata del atleta de resistencia esloveno Martin Strel, a quien llaman el "hombre pez".

Se trata del atleta de resistencia esloveno Martin Strel, a quien llaman el "hombre pez".

Un atleta de resistencia esloveno completó este fin de semana un recorrido a nado de 5.235 kms por el Amazonas. Salió del agua exhausto y excitado. Entero, a pesar de los yacarés, las pirañas y las sanguijuelas. Martin Strel, de 52 años, conocido como el "hombre pez", dijo haber batido el récord mundial de natación de larga distancia en una travesía de 65 días que lo llevó desde las cabeceras de ríos de Perú hasta la costa atlántica de Brasil.

"Llegué al final de esta travesía y todavía estoy vivo. Me siento como un chico al que se le cumplieron sus sueños. Estoy muy feliz. Creo que todavía no soy consciente de lo que logré", dijo para su diario online.

El domingo a la noche estaba prevista la realización de una ceremonia de festejo, en Belem, 2.400 kms al norte de Río de Janeiro. Se convirtió en la primera persona en nadar en el Amazonas y se adelantó cuatro días a la fecha de llegada prevista.

Strel ya había nadado anteriormente por los ríos Yangtze, Mississippi y Danubio, pero el río sudamericano era su mayor desafío. Para protegerse de las pirañas recubrió de nafta y crema su traje de buzo y nadó por el medio del río, lejos de las costas.

El equipo de 20 personas que lo acompañaba desde una embarcación, arrojaba carne y sangre al agua, para distraer a los peces.

"Hay miles de peces (en el Amazonas). Por lo general, uno los cruza cerca de las costas. Y si estamos sangrando o tenemos alguna herida abierta se nos vienen al lado enseguida" contó.

Strel cubría tramos de cerca de 80 kms por día. Logró escapar a la amenaza de las sanguijuelas, que ingresan al cuerpo a través del pene, una fatalidad dolorosa sin duda. "Nunca orinaba directamente en el agua sino dentro de mi traje", aclaró.

Durante su travesía se divisaron yacarés, serpientes y tiburones toro de agua dulce, pero no lo atacaron. "Creo que los animales me aceptaron. Estuve nadando tanto tiempo al lado de ellos que deben haber pensado que era uno más", comentó Strel.

La etapa final fue la más ardua. Las corrientes oceánicas lo hacían retroceder por momentos. El robusto cuerpo de Strel, que perdió 12 kilos con el recorrido, debió soportar calambres, náuseas, mareos, hipertensión y diarrea. En un momento dado de la travesía, su hijo, que oficiaba de jefe del equipo de apoyo que viajaba a su lado en un barco, advirtió que su padre había llegado al "punto cero". Un médico le aconsejó suspender el recorrido, pero él siguió adelante. Strel atribuyó su resistencia a las charlas que mantenía de noche con un terapeuta, que lo ayudaba a alejar sus pensamientos del dolor. Strel meditaba y tocaba la guitarra.

"Tenía llagas y dolores en todo el cuerpo. La sensación que uno tiene es que los brazos y piernas cargan una gran barra de hierro. Tengo ahora problemas para comer, para mover una cuchara o un tenedor y para beber", contó.

Durante la primera semana del recorrido, Strel sufrió quemaduras de segundo grado en el rostro. Su equipo le colocó un sombrero y hasta una máscara en la cara hecha con una almohada, para protegerlo.

Gente de todo el mundo que siguió su travesía a través de la Web le mandó cremas para calmar sus ampollas y costras. La gente del lugar se acercaba a la costa para verlo pasar. Los chicos lo alentaban y los alcaldes de las localidades por las que pasaba organizaban recepciones. Se quedará en Belem algunos días antes de regresar a Eslovenia, en donde vive con su esposa. No tiene ningún plan para nadar por el Nilo, ya que piensa que "si bien es extenso, no ofrece un desafío suficiente".

Por Rory Carroll.
Traducción: Silvia S. Simonetti

10/04/07
CLARÍN

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