El viernes el vehículo submarino Nereus desapareció bajo 9.977 metros de agua en el océano Pacífico. Los restos localizados un día después de que los investigadores perdieran contacto con el robot hacen pensar que Nereus sufrió una implosión mientras exploraba la fosa de Kermadec, en Nueva Zelanda.
El viernes el vehículo submarino Nereus desapareció bajo 9.977 metros de agua en el océano Pacífico. Los restos localizados un día después de que los investigadores perdieran contacto con el robot hacen pensar que Nereus sufrió una implosión mientras exploraba la fosa de Kermadec, en Nueva Zelanda.
Diseñado y operado por el Instituto Oceanográfico Woods Hole (WHOI, por sus siglas en inglés), Nereus era el único vehículo científico operativo en la actualidad que podía funcionar a profundidades tan extremas.
Nereus trabajaba en una expedición para explorar la segunda fosa más profunda del mundo. El equipo espera finalizar la investigación con el instrumental disponible, como un ascensor submarino, y otros dispositivos que puedan lanzar desde el barco y recuperar posteriormente.
Además, estaba previsto que Nereus participara en cinco o seis expediciones más este año, según informa Susan Avery, presidenta y directora de WHOI. Ahora, esos proyectos volverán a ser estudiados para decidir su futuro.
Los científicos del barco de apoyo del robot, el R.V. “Thomas G. Thompson”, acababan de recuperar un pepino de mar cuando las cámaras dejaron de trasmitir. Sin embargo, no se preocuparon, pues como explicó el portavoz de WHOI Ken Kostel, no era la primera vez que sucedía.
Después, perdieron contacto con el sistema de posicionamiento de Nereus que permitía localizarlo en relación con el barco. De ocurrir algo así, el robot está programado para esperar media hora para que el barco pueda alejarse a una distancia segura respecto a su última localización conocida y soltar los pesos que lo mantienen en las profundidades y permitir así que salga a la superficie.
Los miembros de la expedición presentes en el barco esperaron casi 24 horas, hasta que observaron restos de plástico en el agua. Cuando los alcanzaron y estudiaron a bordo, tuvieron claro que se trataba de trozos de Nereus.
El equipo cree que parte del robot implosionó bajo la fuerte presión de las profundidades marinas.
«Algunos componentes de vehículos como Nereus, como los dispositivos electrónicos, deben mantenerse a la misma presión que experimentan a nivel del mar», Steve Etchemendy, director de operaciones marinas del Monterey Bay Aquarium Research Institute (MBARI) de California. Si esas partes experimentan cambios de presión, «son como cartuchos de dinamita».
Las pérdidas, según Avery, serán difíciles de recuperar, pues Nereus supuso una inversión de ocho millones de dólares y era un instrumento único para este tipo de exploraciones. Por ejemplo, el sumergible DEEPSEA CHALLENGER del director de cine James Cameron puede sumergirse a 10 000 metros, pero no con la regularidad necesaria para este tipo de investigaciones, explica.
James Cameron a su salida del Deepsea Challenger de la Fosa de las Marianas © PC/Mark Thiessen
«Es una pérdida trágica para la ciencia», escribió Cameron en un comunicado publicado en la página de Facebook de WHOI, lamentando que pueda afectar «al acceso a la última frontera para la exploración de nuestro planeta». (National Geographic)
15/05/14


