Las circunstancias del calendario político internacional hicieron coincidir la cumbre extraordinaria del G-20 en Londres con la fecha en que se recordaron los veintisiete años del desembarco argentino en las islas Malvinas, hecho que desencadenó uno de los más graves conflictos bélicos internacionales de aquellos tiempos.
Las circunstancias del calendario político internacional hicieron coincidir la cumbre extraordinaria del G-20 en Londres con la fecha en que se recordaron los veintisiete años del desembarco argentino en las islas Malvinas, hecho que desencadenó uno de los más graves conflictos bélicos internacionales de aquellos tiempos.
Las mismas circunstancias llevaron a que por primera vez desde ese entonces coincidieran en Londres en estas fechas los primeros mandatarios de los EE.UU., Gran Bretaña y la Argentina. Lo que ocurrió ayer en la capital británica tuvo, por ello, esa resonancia especial pese a que notoriamente el tema Malvinas no asomara en el temario de la reunión.
Su repercusión permite desglosar lo mucho que han cambiado la Argentina y el mundo desde entonces, así como la persistencia de condiciones que no se han modificado y constituyen una dolorosa rémora y un obstáculo objetivo para un desenvolvimiento más armónico de las relaciones internacionales.
Entre estas últimas, la reivindicación argentina de la soberanía en el territorio insular del Atlántico Sur sigue siendo un reclamo vigente. Se encuentra avalado por las resoluciones de Naciones Unidas y tiene el acompañamiento de un vasto conjunto de países, que se pronuncian de ese modo, tanto en el Comité de Descolonización como en los grupos regionales latinoamericanos, el Mercosur y UNASUR y en otros foros internacionales.
La negativa británica a introducir el tema Malvinas en la agenda bilateral y asumir la existencia del diferendo, es una muestra de la vigencia de actitudes neo-coloniales y criterios divergentes sobre los alcances de aplicación del derecho internacional.
La posición oficial de Gran Bretaña, compartida por laboristas y conservadores, sigue colocando el principio de autodeterminación de la población kelper, mientras por otro lado avanza en la inclusión de las islas como parte de su propia extensión territorial de ultramar.
Pese a lo mucho que ha pasado desde la guerra del Atlántico Sur, se mantienen, por otro lado, heridas abiertas que resultan injustificadas y que siguen infligiendo su daño, como las restricciones a los familiares de los soldados muertos en las islas para inaugurar un monumento a los caídos.
Es cierto que la derrota militar argentina en aquel infausto conflicto bélico de hace veintisiete años dejó a las aspiraciones de recuperar las islas más lejos que nunca. También cabe reconocer que desde entonces nuestro país ha dado muestras elocuentes de haber recogido las enseñanzas de aquella derrota y de su vocación pacífica y voluntad de mantener las mejores relaciones diplomáticas con Gran Bretaña.
La negativa británica a discutir sobre la soberanía de las Malvinas sigue siendo, pese a ello, una diferencia mayor que no puede desconocerse. Evidencia el valor estratégico, geopolítico y geoeconómico, que le asigna Gran Bretaña y por igual motivo, además de representar una reivindicación histórica y permanente de la Argentina inscripta como tal en su texto constitucional, se trata de una situación inaceptable que afecta a la región en su conjunto.
Su permanencia como un enclave neocolonial resulta, por lo tanto, doblemente anacrónica e injustificada en el momento en que se debaten precisamente las estrategias más adecuadas para enfrentar la crisis económica internacional y reformas en los regímenes e instituciones que regulan la relación entre las naciones. La soberanía en el Atlántico Sur es, en tal sentido, un tema de especial atención para América latina, tanto por razones históricas y jurídicas como económicas y estratégicas.
La permanencia de las Malvinas como un enclave neocolonial en América latina resulta doblemente anacrónica. Lo era en los tiempos de la descolonización y lo es más ahora, en el momento en que se debaten las estrategias más adecuadas para enfrentar la crisis económica mundial.
02/04/09
CLARÍN
