Lamentablemente, el lago Ypacaraí se convierte en una excusa para lograr dinero para fines que a simple vista no conducen a nada. Lamentablemente, el lago Ypacaraí se convierte en una excusa para lograr dinero para fines que a simple vista no conducen a nada. Por ejemplo, se recurrirá a fondos de Itaipú para hacer un nuevo monitoreo (análisis). ¿Para qué? Lo que urge es que las instituciones se muevan decididamente y con sus propios recursos. A pocos meses después de la reapertura de ABC Color, en marzo de 1989, publicamos el informe parcial de un estudio iniciado en 1982 por la Agencia Internacional de Cooperación del Japón (JICA), apoyando al Instituto de Ciencias Básicas de la Universidad Nacional de Asunción (UNA). En dicho informe se identificaron los problemas del lago Ypacaraí con las propuestas de solución, a implementarse de inmediato, caso contrario, el lago iba a tener problemas después del 2000. Dicho y hecho. No se hizo nada de lo recomendado por los técnicos del Japón y el lago soporta su peor momento de contaminación, a tal punto de constituirse en un peligro para la salud pública. En 2005, la JICA presentó un informe final al Servicio Nacional de Saneamiento Ambiental (Senasa), organismo técnico del Ministerio de Salud Pública. Las recomendaciones fueron claras y contundentes sobre la necesidad de limpiar el lago y controlar las emisiones de contaminantes en la cuenca del lago. Desde entonces y hasta la fecha, nada se hizo por mejorar el lago y se sucedieron reuniones y repartija de dinero en estudios y más estudios, incluyendo a organizaciones no gubernamentales ambientalistas. Fue creado un consejo de la cuenca, sin éxito, aunque se derrochó dinero en reuniones preparatorias. Ahora, surgen raras ideas como si el problema es nuevo, con propuestas de nuevos monitoreos (habiendo tantos, que llenarían un tinglado) y de lograr millonarios recursos económicos sin saber exactamente para qué. Técnicos olvidados Con los japoneses trabajaron muchos técnicos especialistas en agua y se especializaron en el tema del lago, ya que acompañaban la tarea de los expertos. Sin embargo, estos profesionales paraguayos quedaron tan decepcionados por la inacción que también ellos fueron olvidados ahora para consultarles por lo menos qué es lo que ya se tiene en carpeta. Uno de ellos es el ingeniero Gustavo González, quien aún está con el tema del lago y la otra es la licenciada en Química (realizaba el control del agua) Sofía Vera, especializada en gerenciamiento de calidad de agua de lago en Japón. La misma está como técnico de la Dirección de Recursos Hídricos de la Secretaría del Ambiente (Seam). Como ellos, hay varios otros que formaron parte del equipo de profesionales preparados por la JICA. Estos expertos, de más de 20 años en el tema, saben que el lago siempre recibe y recibió descargas de efluentes industriales y cloacales, como los mataderos, la planta de tratamiento de Essap de San Lorenzo que funciona a medias. También saben que el lago tiene una inmensa cantidad de lodo en el fondo, producto de la descomposición de todo lo que recibe. Fueron estos técnicos que, en la gran sequía de 1989, propusieron aprovechar para limpiar la parte aflorante del lago, pero sus recomendaciones las llevaron el viento, así como sucedió con las dadas por los técnicos de la JICA. ¿US$ 300 millones? Desde la propia Seam surgen ideas curiosas y llamativas, como la necesidad de 300 millones de dólares para solucionar el problema del lago. Si se quiere, el lago se soluciona en dos frentes: que los intendentes de los 21 municipios asuman su responsabilidad y garanticen la calidad de los arroyos de la cuenca que pasan por sus territorios; y deslodizar el lago, sacando parte del lodo orgánico acumulado por años. La primera tarea no requerirá recursos, ya que solo los municipios deben moverse con los propios, y haciendo lo que tienen que hacer. Si los 300 millones de dólares es para alcantarillado, nos quedamos cortos, ya que con dos o tres municipios de los 21 de la cuenca no se hace casi nada, solo se reduciría una parte del problema. La otra curiosa idea desde Seam es “desaguar” algo el lago a través del Salado. Con ello, ni con las lluvias, no se solucionará nada. Se traslada el problema al río Salado. A ello se suma la Comuna de San Bernardino, que desde allí plantean recurrir a fondos de Itaipú para, increíblemente, realizar un nuevo estudio del lago. Todos parecen ONG en busca de recursos para presentar proyectos que terminan en la nada. Verde, de alarma Es indignante ver que cada vez que se pone verde azulado de algas el lago se mueven las autoridades y hablan por hablar sin hacer nada. Cada quien da una versión, sin ni siquiera entender lo que dicen, causando confusión a una población que solo quiere una solución de una vez por todas. Todos hablan y nadie hace su tarea; solo buscan recursos de algún lugar, pero sin coincidir en lo que harán. A esta contribución al caos del conocimiento sobre el lago están también los fiscales, que aplican sanciones de multas leves a infractores que siguen hasta ahora contaminando la cuenca del lago. Lo que hace falta y se reitera esto, es que las instituciones actúen aplicando las leyes ambientales y las ordenanzas, dejando de lado la flexibilidad propia del amiguismo y de la corrupción que siempre imperan en nuestro país y que en este caso ponen verde al lago. Por Walberto Caballero 08/10/12 ABC Color
