El emotivo regreso a Malvinas de un excombatiente y su hijo

Llegaron anoche a las islas para cumplir el viejo sueño de honrar a los caídos – A 26 años de la guerra.

Llegaron anoche a las islas para cumplir el viejo sueño de honrar a los caídos – A 26 años de la guerra.

LA PLATA.- Empujado por el sueño de su hijo de 17 años, un ex soldado de la guerra por las islas Malvinas, regresó hoy al lugar donde luchó en 1982 para revivir aquellos días y honrar a sus compañeros caídos en combate.

Es la historia de Oscar Saliture, de 46 años, y su hijo Francisco -el único varón de sus tres hijos-, que desde niño soñó con acompañar a su padre en este reencuentro. Una historia única: no hay antecedentes de ex combatientes que hayan viajado con sus hijos a las islas.

"Cuando el avión empezó a bajar, miramos por la ventanilla, nos quedamos mudos y se nos escaparon las lágrimas", contó ayer el joven Francisco a LA NACION. Se lo notaba aún emocionado del otro lado de la línea. Lo primero que sintió fue unas ganas enormes de besar el suelo. "Me contuve porque es una zona militar."

Impactado por los recuerdos, su padre lo guió por las calles de la capital de las islas al anochecer, apenas dejaron sus cosas en un hospedaje: "Estoy impactado. Por primera vez puedo disfrutar del frío de las Malvinas".

Días antes de partir, padre e hijo habían comentado su particular ilusión. "Hace unos meses papá me dijo que me quería regalar un cuatriciclo y yo le dije que lo que en realidad me encantaría era viajar a las Malvinas con él", dijo Francisco en su casa del barrio Altos de San Lorenzo, en esta ciudad, horas antes de partir hacia el aeropuerto que lo llevó primero a Río Gallegos y, luego, a Chile, para salir de allí hacia el archipiélago.

Francisco, que pisó Puerto Argentino casi con la misma edad con la que lo conoció su padre en la guerra, comparte el fervor que las Malvinas despiertan en Oscar. Los dos llevan en el hombro derecho un tatuaje que reproduce las islas con un fondo celeste y blanco. El primero en tatuarse fue Francisco. Luego su padre lo imitó.

Padre e hijo viajan junto a otros tres veteranos, todos ex conscriptos del Regimiento de Infantería Mecanizado Nº 7 e integrantes del Centro de Ex Combatientes de Islas Malvinas (Cecim) de La Plata.

"Para mí, mi viejo es un héroe; me encanta escuchar sus anécdotas y las de sus compañeros y voy a acompañarlo para prestarle un hombro si lo necesita, para estar con él en ese momento tan fuerte", dijo Francisco, que estudia tercer año en el polimodal en el Instituto Padre Castañeda y aspira a ser abogado.

El adolescente reconoció que, salvo sus amigos, al resto de los chicos de su edad no le interesa nada de lo ocurrido en las Malvinas hace ya 26 años ni tampoco la actualidad del conflicto.

Oscar, que sufre de sordera parcial como secuela de la guerra, señaló: "Siempre me resistí a viajar porque me da bronca tener que sacar el pasaporte para ir a las Malvinas, pero ahora mi pibe me entusiasmó y, realmente, viajo por su decisión".

Añadió que viaja con la paz como objetivo: "Nosotros vamos buscando la idea de misionar, de trabajar para estrechar lazos con la gente que vive en las islas. También, obviamente, vamos a homenajear a nuestros compañeros que quedaron allá".

El año último, Oscar Saliture se jubiló -gracias a una ley especial para veteranos- del Poder Judicial bonaerense, en el que trabajó 20 años.

Durante la guerra, Saliture formó parte de la compañía de servicios y se encargaba de actividades de logística para los grupos que estaban en el frente. Luego de que las fuerzas entraron en combate, el 1º de mayo de 1982, fue asignado a una posición de refuerzo en el monte Longdon, donde se libró una de las últimas y más cruentas batallas del conflicto.

"Nunca tuvimos plena conciencia de lo que implicaba la guerra. Ni siquiera pensábamos en el enemigo británico. Nuestro enemigo era el frío, el hambre, la lluvia y los maltratos de los superiores. Vivíamos una ficción absoluta", aseguró Saliture.

Según él, "a Panchito le va a servir mucho esta experiencia porque, en definitiva, la vida es una lucha y una de las cosas más importantes es la amistad, la lealtad".

Francisco reflexionó: "Yo le doy vueltas al asunto y todavía no puedo creer que mi papá tenía casi mi edad cuando fue a pelear a las Malvinas. Si a mí hoy me dicen que me mandan a una guerra, no tendría ni idea de lo que hay que hacer; me cago todo".

Y acotó: "También pienso que es injusto que hoy a los jóvenes no les importe el tema porque es un problema que tiene el país, del que hay que hacerse cargo".

Por Pablo Morosi

23/03/08
LA NACION

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