Cinco años después de haber sido gravemente dañado por un incendio, el “Cutty Sark”, considerado antaño el orgullo del imperio británico, ha recobrado su majestuosidad gracias a un minucioso trabajo de restauración terminado justo a tiempo para el Jubileo de Diamantes.
La propia reina Isabel II presidió el miércoles la reapertura oficial al público de “uno de los tesoros de la marina británica”, el último ejemplar en el mundo de ‘tea clipper’, unos veleros rápidos que surcaban los mares en el siglo XIX cargados de té.
Hay que decir que el “Cutty Sark” ha renacido de sus cenizas tras el incendio accidental que casi lo destruye. En la primavera de 2007, un casco ennegrecido era todo lo que quedaba de la nave, en dique seco desde 1954 en el histórico barrio de Greenwich, patrimonio mundial de la Unesco.
Pero las labores de restauración iniciadas poco antes debido a la corrosión permitieron salvarlo, porque muchos de sus elementos habían sido desmontados antes del incendio. “Sólo entre 5 y 10% del barco fue destruido, tuvimos mucha suerte”, explicó Chris Nash, uno de los arquitectos.
Fueron necesarios más de 50 millones de libras (80 millones de dólares, 61 millones de euros) para resucitar al “Cutty Sark”, en “una de las rehabilitaciones más complejas jamás realizadas en un barco histórico”, según los responsables del proyecto.
A pesar del incendio, las labores pudieron terminarse a tiempo para el 60 aniversario de la ascensión al trono de Isabel II y los Juegos Olímpicos organizados este verano en el este de Londres, en la orilla opuesta del Támesis.
El barco reposa ahora a 3,3 metros del suelo, sobre un casco de vidrio y acero que no gusta a los puristas pero que permite aliviar su frágil estructura y mostrar al público su afilado casco.
Fue este casco el que permitió al famoso clíper batir el récord de velocidad de 32km/h entre Sídney y Londres, y superar a algunos barcos de vapor.
“Era el Concorde o la nave espacial de la época, lo mejor en materia de tecnología, el apogeo de la marina a vela. Luego se construyeron barcos más grandes pero menos rápidos”, recordó Chris Nash.
Debajo de la proa del barco se habilitó un espacio para exposiciones, transformable en salón de recepciones, donde se exhiben 80 antiguos mascarones de proa. Destaca entre ellos el original del barco, una joven hechicera vestida con un “cutty sark” (camisa corta, en escocés).
“Ahora ya no es un barco, es un museo estático. Tiene que ser financieramente viable”, justificó Jim Solomon, responsable de la restauración.
Antes de salir del agua y convertirse en atracción turística visitada por unos 15 millones de personas hasta 2006, el clíper conoció varios reveses.
Botado en 1869, atracó en muchos de los grandes puertos del mundo, con cargamentos esencialmente de té, pero también de pólvora de fusil, lana o cuernos de bisonte, y tuvo una longevidad excepcional. En los años 1920, fue el último barco de su clase que continuaba navegando e incluso inspiró una famosa marca de whisky.
Tras ser cedido a un armador portugués cuando ya no pudo aguantar más la competencia del vapor, fue adquirido finalmente por un capitán británico que se prendó de esta joya de los mares y lo llevó de regreso a su país.
Aunque fue inicialmente reconvertido en barco-escuela, en 1954 fue transportado con gran pompa a Greenwich para iniciar una nueva carrera como monumento histórico.
25/04/12
UNIVISION

