El B/P “ATLÁNTIDA” se hundió a 130 millas de la costa, cuando podía operar sólo hasta la 100. La información la brindó la propia Prefectura. La lista –extraoficial– de las víctimas. Escenas de dolor en la llegada de los sobrevivientes.
El B/P “ATLÁNTIDA” se hundió a 130 millas de la costa, cuando podía operar sólo hasta la 100. La información la brindó la propia Prefectura. La lista –extraoficial– de las víctimas. Escenas de dolor en la llegada de los sobrevivientes.
Al momento de hundirse, el buque pesquero “ATLÁNTIDA” estaba operando a 136 millas náuticas al sur de Mar del Plata, cuando de acuerdo a sus características, un costero lejano, de 23 metros de eslora y 6,9 de manga, no podía alejarse de las 100 millas.
La ubicación precisa del lugar donde el buque marplatense naufragó el miércoles a la tarde, luego de dar una vuelta de campana, fue incluida en el parte de prensa 10/09 que emitió la propia Prefectura Naval Argentina.
“Ese barco no podía pescar más allá de las 100 millas”, contó un miembro de la Prefectura a este medio ayer, al momento de brindar información sobre qué tipo de embarcación era el “ATLÁNTIDA” y qué autonomía tenía.
Esa revelación sucedió mientras los cinco sobrevivientes llegaron a puerto y prestaron declaración frente al Jefe de Sumarios, Prefecto Bresca, antes de ser trasladados hasta el Hospital Privado de la Comunidad para un chequeo general.
Los cinco sobrevivientes del hundimiento del “ATLÁNTIDA” que ocurrió a las 18,50 de este miércoles, son el capitán, Rubén Sarasola, Joaquín Babagallo, (auxiliar de máquinas), Daniel Padilla (marinero); Leonardo Souffin (auxiliar de factoría) y Facundo Berardi Jiménez (engrasador). Esta nómina no había sido confirmada oficialmente por la Prefectura al cierre de esta edición, pasadas las 20:20.
De acuerdo a fuentes extraoficiales, ya que tampoco la Prefectura brindó información en ese sentido, los nombres de los tripulantes desaparecidos serían Juan Sarasola (técnico en redes); Rolando Galarza (marinero) y Lucas Marducci (marinero).
Durante la mañana de ayer, mientras los familiares y amigos de los tripulantes se acercaron al puerto para reencontrarse con sus seres queridos, se vivieron escenas de profundo dolor. En inmediaciones de la puerta de acceso a la Sección Sumarios de la Prefectura, todo era desconcierto. El armador del barco, Nelson Salvini, pedía tiempo para poder responder las preguntas de la prensa, mientras se abrazaba con la esposa de uno de los marineros sobrevivientes.
El barco es propiedad de la empresa Pescanova SRL. Con una capacidad de bodega de 1.500 cajones salió el martes de Mar del Plata y al momento de producirse el accidente habría comenzando con las tareas de pesca.
Según relatos confiables, el B/P “CORAJE” fue quien dio aviso del hundimiento del “ATLÁNTIDA”. Doce minutos después, 19,02, el B/P “SIMBAD” daba aviso a la Prefectura sobre el rescate con vida de los cinco náufragos. “Están con hipotermia, pero se recuperan”, avisaron desde el pesquero, mientras la Prefectura desplegaba su arsenal de búsqueda.
El primero que prestó declaración testimonial fue el Capitán, Rubén Sarasola, quien todavía no se había repuesto del estado de shock.
Voceros de la Prefectura reconocieron que la búsqueda de los desaparecidos continuará este viernes, mediante el uso de un avión, dos helicópteros y un par de guardacostas. Fue lo único, ya que durante todo el día en Mar del Plata se negaron a brindar información sobre la identidad de las víctimas. “Es una orden que viene de arriba. No podemos ni confirmarte los nombres que vos tenés”, dijo un Prefecto en Secretaría a REVISTA PUERTO.
Peritos navales consultados por este medio aseguraron que indudablemente el B/P Atlántida sufrió una “brusca pérdida de estabilidad”, lo que motivó que diera una vuelta de campana y se hundiera en las profundidades del mar.
“Cuando el buque está vacío y levanta el primer lance de pesca, si éste es muy pesado, se genera lo que se denomina efecto del peso suspendido. Es una maniobra de cuidado ya que si el barco escora, ya no hay punto de retorno, lo perdiste en segundos”, explicó un especialista consultado.
Leonardo, uno de los marineros que sobrevivieron, alcanzó a contar que “no nos dio tiempo ni a ponernos el chaleco salvavidas. Tuvimos que saltar al agua”. Enseguida llegó una mujer –quien lo llamó de esa forma– y lo apartó del lugar para llevarlo al hospital. Había ingresado a prestar declaración en ojotas. Cuando salió ya tenía unas botas de goma. Su rostro todavía estaba pálido.
Otro de los sobrevivientes, con una campera color naranja, no dejaba de abrazar a su pareja. Con los ojos llenos de lágrimas se disculpó por no querer contar lo vivido. Un rato antes, su mujer le había contado a un amigo que la acompañaba, que cuando sonó el teléfono a la madrugada, “se me paró el corazón… no quería atender… sabía que algo malo había pasado”. Ahora que lo peor ya pasó, lo abraza con fuerza. No puede dejar de hacerlo.
“No hay mañana”, dice una señora que parece miembro de la familia armadora, mientras se lo lleva a Leo de un hombro para la salida. Es la misma que pidió que nadie tenga contacto con la prensa y también evitó dar los nombres de todos los tripulantes.
Mientras salen, llega una pareja de novios de la mano. Los dos tienen lentes oscuros. Imagino que preguntan si hay alguna novedad de los tres que faltan. “Hermanito, todavía no sabemos nada; los están buscando”, se alcanza a escuchar que le contestan del grupo que va saliendo. Todos se detienen, se abrazan y lloran. Con un fuerte impulso, el pibe sale del grupo, da media vuelta, agacha la cabeza y se va rápido.
Todos terminan de declarar y salen para el Hospital. El armador carga a varios en su auto, un Ford Escort, gris, de los viejos. El rotor del helicóptero de la Prefectura, que amenazó elevarse varias veces detrás de la oficina de Sumarios, ya no hace ruido. Sólo el viento no da respiro y hace más fría la mañana gris. Se acercan delegados gremiales para dar su apoyo y contener a los más caídos. Ya estamos en la vereda. Todo es desconsuelo y abrazos. Lágrimas y silencios.
Por Roberto Garrone
02/04/09
REVISTA PUERTO

