El Bicentenario y nuestro ambiente

El desarrollo de nuestro país presenta un desafío que exige plantearnos el porvenir en armonía con la naturaleza.

El desarrollo de nuestro país presenta un desafío que exige plantearnos el porvenir en armonía con la naturaleza.

Si el Bicentenario es un motivo de reflexión para que el pasado sea un instrumento del porvenir, es oportuno hacer un balance de la situación ambiental.

El cambio de un escenario que contaba con apenas algo más de medio millón de habitantes a un territorio con una densidad poblacional de cuarenta millones ha implicado la degradación y la pérdida, a veces innecesaria, de importantes recursos naturales. La agricultura y el proceso de industrialización han contribuido a la desaparición de los hábitats en los que vivieron innumerables especies: cientos de miles de hectáreas de bosques nativos fueron talados y continúan talándose, vastos cuerpos de agua se han contaminado y hoy no es difícil encontrarse con el paisaje de un suelo sobreexigido que ya no disimula su erosión y su desertificación.

El desafío que enfrenta la Argentina hoy requiere una mirada que se extienda más allá de las propias fronteras para plantearnos cuál será el lugar de nuestro país en los próximos años en un contexto donde las presiones sobre el planeta aumentarán.

Para responder estas preguntas es imprescindible despertar del estado de comodidad o negligencia en el que nos encontramos, que nos lleva a subestimar la dimensión ambiental. Quizá la barbarie, a doscientos años de la creación de la patria, sea la permanencia de esa mentalidad que no permite pensar en el mediano o largo plazo e impide advertir la magnitud del problema que está en juego. Tal vez la barbarie hoy sea estar resignados a la ausencia de una planificación, a la espontaneidad salvaje que va devorando la Argentina. Como si no hubiéramos alcanzado, en todos estos años, una educación adecuada a la complejidad del tema.

En este siglo XXI se intensificará la competencia por el uso de los bienes materiales y servicios que proporciona la naturaleza en todo el mundo.

La Argentina cuenta con una inmejorable capacidad de generar alimentos y de desarrollar energías limpias, además de un vasto territorio. Posee agua, un clima benigno en la mayor parte de su geografía y la posibilidad de contar con ciudades sustentables.

Pero el futuro no puede resolverse exclusivamente sobre la base de respuestas coyunturales o de las fuerzas del mercado. El desarrollo de nuestro país presenta un desafío que exige plantearnos el porvenir en armonía con la naturaleza. Es imprescindible saber pensar en lo que no pasa todavía, pero podría suceder. Porque no sólo somos herederos. Somos también quienes debemos transmitir un país a los futuros habitantes de nuestro territorio en condiciones para una adecuada calidad de vida. Somos parte de su futuro y debemos trabajar para el tercer centenario de la República. Si no lo hacemos, seremos una generación que habrá abolido cualquier proyecto de organización comunitaria: una Argentina convertida en un conglomerado que sólo va dejando un vacío.

25/05/10
LA NACION

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