Dilema mundial: ¿Qué hacemos con los políticos?

Al no tener en cuenta lo que el sector pesquero dice, y sin que los científicos medien, los que sobran en la mar son los políticos.

Al no tener en cuenta lo que el sector pesquero dice, y sin que los científicos medien, los que sobran en la mar son los políticos.

Si aquellos que deciden qué y cómo se ha de pescar, cuánto y dónde se puede ejercer el oficio de pescador de bajura, de altura o de gran altura, concluyen que “para hacer lo que dicen los científicos no hace falta un comisario de pesca” (Enrique López Veiga, exconselleiro de Pesca de la Xunta), es probable que admitan que, al no tener en cuenta lo que el sector pesquero dice, y sin que los científicos medien, los que sobran en la mar son los políticos.

Porque los políticos son esos señores, (no es el caso de López Veiga, que es biólogo y economista, titulaciones que le dan autoridad moral para opinar sobre la pesca) que encumbran los partidos y estos deciden dónde los “colocan” para que, al final de la legislatura repitan o se vayan a ejercer como oficiantes en entidades que siempre remuneran, y de qué manera, cualquier cargo designado a dedo.

Probablemente porque los políticos se compinchan por partidos y deciden en Europa, casi siempre en Bruselas, lo que los pescadores han de hacer, al margen de la opinión de los científicos, las organizaciones ecologistas tienen que sustituir a aquellos que no pueden ejercer sus funciones investigadoras carentes ya de moral y hasta de autoridad para decir nada a pesar de estar integrados en organismos reconocidos como asesores.

Si un comisario de Pesca decide por su cuenta y sin que disponga de un criterio basado en la certidumbre de cómo está esta o aquella pesquería, el tal comisario, un político que el pueblo europeo comunitario no eligió para tal cargo, debiera recoger los documentos de su carpeta y entregarlos al enemigo porque habrá actuado movido, supuestamente, por intereses que alguien habrá lubricado adecuadamente y con euros.

Si el científico no encuentra respuesta a sus informes en la clase política, apaga y vámonos.

Pero si el marinero, el pescador, no haya una puerta a la que llamar cuando a diario tiene que salir a pescar y no sabe dónde, cuándo y cómo puede hacerlo, lo mejor es darle la vuelta a la caja azul, al diario electrónico de la pesca, a los Fondos Europeos de la Pesca, a la PCP, a los Rendimientos Máximos Sostenibles, a los ITQ, a las paradas biológicas, etc., y poner a los políticos a zurcir los “tomates” de los calcetines comunitarios que les han permitido viajar gratis, cobrar buenos salarios, mejores dietas, disponer de un asistente, oficina “de gratis”, fondo de pensiones pagado por el pueblo, prebendas para sí y allegados y, entre otras cosas, reconocimiento público y derecho a salir en un telediario alzando la mano para votar aquello que el partido le ha dicho que votase porque carece de criterio propio.

Por tanto, el exconselleiro López Veiga debe ejercer de economista y biólogo y olvidarse de la política. Y como, probablemente, no va a trabajar como tripulante de un barco de bajura, altura o gran altura, apuntarse al paro porque tampoco debiera haber sitio para los políticos que no escuchan ni a los científicos ni a los profesionales de la pesca.

Porque una cosa es predicar y otra dar trigo.

¿Sobran los científicos? ¿Sobran los políticos?… Unos y otros dicen que sobran barcos. Y si sobran barcos, sobran marineros. Dejemos, pues, que vivan los jureles, las caballas, las merluzas, los tiburones y los pescadores y mariscadores furtivos, porque de estos será el reino de la mar.

Por Antón Luaces

22/05/12

FARODEVIGO.ES

Dejá un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Scroll al inicio