De Moreno y Ward, el anglicano convertido al catolicismo

Nada es definitivo. La ideología no se diluye en el pragmatismo.

Nada es definitivo. La ideología no se diluye en el pragmatismo.

Se le atribuye al escritor y teólogo anglicano inglés del siglo XIX, William George Ward, la siguiente frase: “El pesimista se queja del viento, el optimista espera que cambie, el realista ajusta las velas”, una muestra más de qué tan pragmáticamente inútiles son los extremos, y de cómo el equilibrio, el justo medio o la justa medida, es lo que hace falta para salir de un momento engorroso.

Así como en una situación “náutica” los estados de ánimo son inconducentes porque no evitan ni promueven algo, en la economía, la ideología tiene el mismo efecto estéril.

Por esa razón tanta crítica respecto del comercio administrado, de los controles de cambio y del proteccionismo industrial: porque están teñidos de una ideología que, no sólo no soluciona la crisis que se pretende evitar sino que siembra la semilla de una crisis futura.

Por ejemplo, se sabe que el secretario de Comercio Interior, al negar las importaciones, procura que, casi naturalmente (porque no sobran incentivos) el mercado (una entelequia) opte por producir en el país (con la tecnología disponible, y si no existe, bueno, se verá) lo que antes provenía del exterior. El trasfondo de esta decisión es la protección del trabajo argentino. ¿Por qué entonces fueron los estibadores, los fleteros y los empleados de despachantes a decirle a Moreno que el trabajo (importaciones) se caía como un piano? El dilema de la frazada corta.

Más aún, ¿por qué nadie en el ámbito del comercio exterior le fue a plantear al ministro con rango de secretario que existen opciones, incluso en este momento, que se pueden instrumentar? Hace un año (lo reflejamos en estas páginas el 19 de abril de 2011), el Consejo Portuario Argentino pretendió reflotar un proyecto de ley sobre el movimiento intraportuario de mercaderías, una acción que permitiría recuperar las cargas que se van a Montevideo y que, según cálculos de entonces, implicaban la sangría de 3000 puestos de trabajo y pérdidas por US$ 250 millones.

Nada es definitivo. La ideología no se diluye en el pragmatismo. Si hasta el mismo anglicano Ward se convirtió luego al catolicismo.

Por Emiliano Galli | LA NACION

22/05/12

LA NACION

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