La pesca artesanal con técnicas marplatenses se está desarrollando en una región central de Venezuela como parte de iniciativas de empresas compartidas.
La pesca artesanal con técnicas marplatenses se está desarrollando en una región central de Venezuela como parte de iniciativas de empresas compartidas.
Los profundos cambios geopolíticos que está experimentando Latinoamérica, con una marcada tendencia hacia una concepción moderna de la izquierda, tienen indudablemente su epicentro en la Venezuela de Hugo Chávez. Considerando los resultados negativos de tantos proyectos en todas partes del mundo, ningún proceso social elegido democráticamente y que propone novedades merece menos que respeto. Se esté de acuerdo o no desde el análisis ideológico.
Héctor Cataldo tiene 53 años y aunque durante 20 años vivió en Mar del Plata, por el centro, el Bosque Peralta Ramos y Los Acantilados, actualmente reside en Carora. Se trata de una ciudad ubicada en la zona centro Occidental de Venezuela, donde está desarrollando una experiencia de trabajo cooperativo o empresas participativas que se destacan en la economía regional de la llamada Revolución Bolivariana.
Cuando se le pregunta dónde nació, Cataldo dice "provincia de Buenos Aires" y habla de "su" Mar del Plata. "Durante los años que viví en Mar del Plata -dice- conocí otros hombres de pesca que me ayudaron mucho con sus experiencias laborales en el Salado, con la pesca artesanal. También lo hice en Monte Hermoso o en Ushuaia, donde tengo muchos hermosos recuerdos".
Vive en un caserío llamado Atarigua la capital de Parroquia Castañeda, en el estado Lara, donde trabaja en forma conjunta con una cooperativa (Asoguabina r.l.) en la pesca artesanal de río y laguna. "Es una experiencia muy linda, pues en la zona no se hacía un desarrollo productivo como tal, y de especies autóctonas, y conjuntamente con la universidad iniciamos un laboratorio para repoblación y reproducción, y pusimos en marcha una aldea universitaria y también la carrera de agroecología, para la cooperativa y la comunidad del lugar".
"La idea es traer trabajadores de la industria del pescado de Mar del Plata para trasladar la experiencia de trabajo y el adiestramiento de cortes para los distintos mercados pues acá el producto se vendía totalmente entero y la mano de obra se efectuaba fuera de Venezuela", comenta. "El programa de intercambio laboral -agrega- generará una mayor productividad y aprovechamiento en los cortes, las corporaciones cortan con máquina, acá se empezó a filetear en forma manual, algo muy común en nuestro Mar del Plata, y se está envasando como sabemos nosotros.
Cataldo se toma más tiempo para explicar la experiencia. "Acá no había plantas de procesamiento -señala- ni procesamiento de residuos del pescado, sólo las grandes corporaciones atuneras o grandes plantas, pero no existía las plantas de cooperativas o de pequeñas empresas o actividades independientes como en Argentina. Es que el mercado es más reducido, y hay muchísima intermediación. Por ello, la creación de cooperativas hizo al Estado unificar la captura con las plantas, armarles las plantas, ponerles el equipamiento, el frío y los camiones… Esto es real, no es una novela o una película, lo estoy viviendo yo acá…".
Los inicios
Para Cataldo, su relación con la pesca lo hizo "convivir durante muchos años con las falsas cooperativas encubiertas bajo las empresas, con grandes juicios laborales, con juicios de quiebra, con fraudes laborales en muchos casos que todavía siguen operando de esa manera.
Durante muchos años pensé que se podía transformar la realidad, y me empecé a ordenar detrás de las empresas recuperadas". Cataldo se refiere a "un fenómeno político-social-empresarial de la década de los ’80 y los ’90, donde los empresarios se quebraban a sí mismos, y vaciaban las empresas o se trasladaban al sur del país, y así multiplicaban sus ingresos, pero a costa de vaciar la empresa y al país".
Con el cambio de siglo y la profundización de la crisis debido al agotamiento del modelo neoliberal, Cataldo comenzó a vincularse y a viajar y relacionarse con distintas experiencias en países latinoamericanos con proyectos mixtos con países europeos, principalmente de España e Italia.
"En el año 2004 se me dio la primera oportunidad de relacionarme en la Argentina con un grupo proveniente de Venezuela buscando experiencias de empresas recuperadas por los trabajadores, en las distintas ramas de producción", recuerda.
A Venezuela viajó por primera vez en el año 2005, ya como integrante del grupo de las empresas recuperadas de la provincia de Buenos Aires. Fue en ocasión de celebrarse al primer Encuentro Latinoamericano de trabajadores de las empresas recuperadas participaron Argentina, Brasil, Uruguay, Bolivia y Perú, mientras que Venezuela como anfitrión y los Estados del Caribe completaron la reunión.
Con los acuerdos que se habían firmado en Caracas y en Mar del Plata, Rosario, Córdoba, la Patagonia y en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires la iniciativa tuvo su impulso y el 20 de diciembre se firmó el acta de concreción de poner en funcionamiento el proyecto y ponerle manos a la obra.
"Para muchos era una utopía, para otros una locura, para otros una aventura, para otros si te sale bien te vamos a acompañar -dice. Hoy hay convenios bilaterales firmados desde aquí con el Senasa, con el INTA, es un proyecto que ya está instalado y que puede chequearse su seriedad en la embajada. En verdad estoy muy contento con el desarrollo y orgulloso de poder transmitir experiencias de trabajo que en definitiva son para el desarrollo de una comunidad", concluye antes de continuar con sus labores.
16/04/07
LA CAPITAL
