De barcos fantasmas, naufragios y tormentas (Necochea)

Desde 1871, cuando naufragó en nuestras costas “EL FILÁNTROPO”, se registraron innumerables pérdidas materiales y de vidas humanas.

Desde 1871, cuando naufragó en nuestras costas “EL FILÁNTROPO”, se registraron innumerables pérdidas materiales y de vidas humanas.


 La historia local registra el naufragio del velero “EL FILÁNTROPO” como el primero registrado en las costas de Necochea. Para algunos historiadores, la pérdida de aquel legendario buque habría significado el origen del encuentro de algunos vecinos del extenso Partido de Necochea que tenían una misma idea: fundar una ciudad.


Dos años antes de la fundación, en el invierno de 1879 naufragó en Quequén el buque “MISTERIO”. Hoy existen muy pocos datos sobre lo ocurrido aquel barco, excepto que el juez de Paz José Anasagasti solicitó autorización a la compañía aseguradora para rematarlo.


Luego de la fundación los naufragios continuaron. En 1883 estalló el “KRAKATOA” en las costas necochenses y se fue a pique. En 1890 se incendió, estalló y se hundió el velero “AMELIA RONDAMINI”.


El 27 de abril de ese mismo año se hundió la goleta “IRETEN”, de bandera inglesa y algunos de sus tripulantes fallecieron.


Ya en el Siglo XX, el 1º de abril de 1924, el vapor “WESBURY” naufragó en Punta Negra. Ese mismo día también encalló en Quequén el vapor “MONTEPASUBIO”, de bandera italiana. Hoy el balneario quequenense donde se produjo el naufragio lleva el nombre del buque.


El 12 de noviembre de 1934 encalló el vapor griego “MARIONGA J. GOULANDRIS” y el 28 del mismo mes el “MAROULA”, que transportaba adoquines. En el rescate de este último barco murieron dos marineros del ARA “BELGRANO”.


Con el paso de los años se sucedieron otras encalladuras y algunas tristes tragedias, como los naufragios de la lancha “EL ANGEL”, en 1936, la “SANTA LUCÍA”, en 1944, la embarcación deportiva “CAMBA CÚA” o la lancha de media altura “NUEVO GAUCHO”, en 1972.


Sin embargo, dos historias de buques sin tripulantes, tormentas, derivas y encalladuras parecen opacar todas las otras. Son las del buque “fantasma” “CARIBEA” y el largo peregrinar del “PESUARSA 2”.


El “CARIBEA”


La llegada del buque a nuestra estación marítima fue prácticamente una aparición. El 28 de diciembre de 1977 el CARIBEA ingresó a Puerto Quequén. Recién meses después comenzaron las preguntas.


En junio de 1978, luego de seis meses de permanecer amarrado en el puerto local, aún no se había podido determinar a qué empresa pertenecía ni la nacionalidad. De los cinco tripulantes que habían llegado en la nave, sólo uno permanecía a bordo.


Legalmente, el barco parecía haber surgido de la nada, ya que no existían registros de sus constructores y escasos datos del lugar de donde provenía. Por eso no se demoró en calificarlo como “buque fantasma”.


Se cree que el buque cruzó el Océano Atlántico con sólo cinco tripulantes y al llegar a Brasil contrató a nuevos marinos, pero sólo permanecieron a bordo hasta que amarraron en Montevideo.


Desde Uruguay llegó a Necochea tripulado por sólo cinco hombres. Hizo su entrada a la estación marítima el Día de los Inocentes, como si se tratara de una broma.


Tiempo después, el buque apareció rodeado de sogas y maderas que impedían acercarse. Se supo entonces que la nave se encontraba embargada hasta que Prefectura pudiera determinar quién era su propietario y bajo qué bandera había sido registrado.


Los tripulantes habían protestado reclamando el pago de los sueldos que les adeudaban, pero ante la imposibilidad de cobrarlos decidieron irse y sólo quedaba abordo el primer oficial, el joven sueco León Peter Noren, de 23 años, que no parecía tener a donde ir.


Finalmente, la embajada de Suecia se hizo cargo de todos los gastos y repatrió al joven marino a su país de origen.


A fines de noviembre, el Juzgado en lo Civil y Comercial Nº 3 de la Capital Federal decretó la venta del buque en el marco del embargo judicial por la causa iniciada a partir de los reclamos realizados por la firma Monacci Marítima Necochea.


Monacci reclamaba, sólo en conceptos de derechos adeudados a la Administración de Puertos por derechos de muelle y amarre hasta octubre de 1979, la suma de 77.759.974 pesos.


El “buque fantasma” siguió ganando fama en 1980. Luego de las inundaciones y los temporales que azotaron nuestra ciudad en abril y mayo de 1980, y luego de permanecer al garete en el canal de acceso a Puerto Quequén, el “CARIBEA” encalló en las inmediaciones de la Colonia Pinocho. Allí finalmente fue desguazado.


Buque tomado


La odisea del “PESUARSA II” y su tripulación comenzó el 9 de noviembre de 1981, cuando la dotación, compuesta de 30 hombres, se embarcó en Puerto Madryn, rumbo a Quequén, para completar el personal (en total llegaron a trabajar en el buque 56 hombres) y realizar tareas de pesca.


El buque llegó a Puerto Quequén el 21 de noviembre de 1981 y el 2 de diciembre salió al mar a pescar. Luego de permanecer en alta mar durante 19 días, regresó a puerto el 21 de diciembre, con 140 toneladas de pescado.


Poco después el pescado fue descargado y el 23 de diciembre cada tripulante recibió un anticipo de 2.500.000 de pesos.  Un día más tarde, el capitán y oficiales del barco desaparecieron.


Durante varios días reinó el desconcierto y la desesperación entre los tripulantes, varados en Puerto Quequén. Pero el 22 de enero la agencia de noticias Télam informaba que se habían pagado la totalidad de los haberes a partir del arribo a Necochea de uno de los titulares de la empresa armadora.


Luego de aquel incidente, el buque volvió a ser noticia en junio de 1996. Para esa fecha se encontraba amarrado en el giro 11 del puerto local, sobre la margen Necochea, a disposición de la Justicia. Desde el 27 de junio de 1987 se hallaba inactivo y sin tripulantes. El PESUARSA II  “tenía prohibición de navegar por determinación de la Administración General de Aduanas”.


Personal de Prefectura advirtió que la embarcación registraba una avería, pero no pudo realizar  ninguna maniobra para superar el problema y el buque quedó semicubierto por el agua.


Junto al “PESUARSA II” se encontraban amarradas otras naves interdictas: “KNOSSOS”, “PESQUERA I y IV”. Todas debieron ser trasladadas a otros sectores del puerto.


Si bien los costos de reflotar el buque hacían pensar que esa maniobra no podría realizarse y lo más adecuado sería el desguace del buque en el lugar donde se había hundido, en enero de 1998 la empresa de Salvamento y Buceo de Raúl Negro logró poner nuevamente a flote a la nave.


Posteriormente el “PESUARSA II” fue remolcado y varado en Punta Carballido, culminando así su accidentado derrotero. Allí se ha convertido en una de las más tradicionales postales de nuestras playas.


18/10/12


ECOS DIARIOS

Dejá un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Scroll al inicio