Concentrar los esfuerzos en América Latina

El ex agregado agrícola en la Unión Europea, Gustavo Idígoras, habló sobre el potencial argentino para exportar alimentos.

El ex agregado agrícola en la Unión Europea, Gustavo Idígoras, habló sobre el potencial argentino para exportar alimentos.

Más de cinco años como agregado agrícola en Bruselas transformaron a Gustavo Idígoras en un experto no sólo de la laberíntica burocracia de la Unión Europea, sino en un claro analista de la cultura comercial -en el sentido más amplio- del bloque.

En 2004, antes de partir, dijo que tenía dos objetivos centrales para su gestión: recuperar la credibilidad del país (dañada por la aparición de focos de aftosa), y atraer capitales europeos para la agroindustria.

-¿Logró esas metas?

-La primera sí. La Argentina se recuperó rápidamente de los focos de aftosa que tuvo en 2006 y en pocos meses se logró un reconocimiento que impactó en las exportaciones. Además, la Comisión Europea le entregó al Senasa la potestad de autorizar establecimientos para exportar sin inspección previa, cosa que le da a muy pocos países. El segundo objetivo no lo logré porque, en primer lugar, Europa entró en una fuerte recesión; en segundo lugar, se tomaron acá una serie de medidas en el sector ganadero provocaron que la Argentina no fuera considerada un país de interés para recibir inversiones.

-Resulta paradójico escuchar quejas europeas sobre proteccionismo. ¿Hay distintos tipos de proteccionismo?

-Hay dos formas de proteccionismo: uno legal y otro brusco. El legal lo ejercen Estados Unidos, Europa, Japón y Corea, entre otros, al fijar las reglas de juego a nivel multilateral y después aplicarlas. Al fijarlas, prevén cláusulas de escape para introducir medidas proteccionistas. Lo vimos desde el 95, cuando se creó la OMC: siempre hay menciones que permiten a Europa o Estados Unidos mantener altos aranceles de importación para determinados productos -con alto valor agregado en buena parte-, o medidas sanitarias y últimamente ambientales. Son claramente barreras, pero están legalizadas y por lo tanto los países no tienen capacidad de reacción.

En el segundo caso de proteccionismo, se toman medidas a corto plazo, que pueden estar en infracción con la OMC y suelen originarse en los países emergentes. La Argentina no participó activamente cuando se redactaron las nuevas disciplinas de la OMC y, como todo emergente, busca proteger el consumo interno y su industria.

Idígoras aclara que las medidas proteccionistas en Europa o en Estados Unidos “son más transparentes en cuanto a su conocimiento previo”. Y citó un ejemplo reciente.

“Hace dos meses, Europa publicó el plan de acción 2012 de Medio Ambiente. Hablan de «agricultura ambientalmente inteligente». Significa que en cinco años todos los alimentos que se comercialicen en Europa deberán detallar el agua insumida y el impacto del transporte. Llegaremos a 2017 con una clara barrera, pero lo sabemos desde 2012. Los emergentes, en cambio, anuncian una medida que al día siguiente está implementada.”

-Con ese panorama no parece mala la idea de centrarnos en el barrio. La ubicación geográfica parece condenarnos.

-Las pocas investigaciones que se han hecho demuestran que las emisiones de gas efecto invernadero por la exportación de alimentos o bebidas a Europa tienen un menor impacto que lo producido a nivel local o regional allá por el nivel de carga de insumos, los costos energéticos, de transporte y procesamiento que hacen que, por caso, el vino producido allá emita más gases efecto invernadero que uno que sale de Mendoza, se carga en Buenos Aires y llega a un puerto y se comercializa en un supermercado en el Reino Unido. Hay que incentivar nuestra investigación -que hoy no existe- para demostrar que la Argentina o Brasil no son grandes emisores. Europa seguirá siendo un gran mercado consumidor de alimentos. Se estima que su ingreso per cápita será de US$ 65.000 en 2030.

Otra cosa: está de moda incentivar el valor agregado de origen, pero es erróneo pensar que nuestros alimentos preparados van a ser consumidos en Europa, Estados Unidos, Japón o China, porque los costos de transporte lo harían poco práctico. En general vamos a venderles alguna materia prima con cierta industrialización y muy pocos productos elaborados van a seguir siendo competitivos. El mayor mercado para alimentos en general es América latina, por su cercanía geográfica y por nuestra escala de producción.

-¿Hay poder adquisitivo atractivo en América latina?

-De México hacia abajo, duplicarán en 10 años su ingreso per cápita. Es una región que tenemos que trabajar cada día más porque tiene un enorme potencial para nosotros.

-Entonces, ¿la publicitada clase media China es una utopía para la Argentina? ¿Adiós al sueño de ser el supermercado del mundo?

-Yo sería el supermercado de América Latina. Y sería el proveedor de materia prima y de algún otro producto de China e India, pero no desarrollaría ningún esfuerzo adicional. Sí promovería la participación de empresas chinas en los negocios de granos y derivados porque nos aseguraría el ingreso en el mercado chino. No haría la aventura de promover alimentos elaborados allá, salvo los de nicho.

Por Maria Florencia Carbone  | LA NACION

10/07/12

LA NACION

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