Con energía nueva en la Antártida

En un comentario editorial publicado a fines de enero último, hacíamos referencia a la próxima inauguración, en el sector argentino de la Antártida, de equipamiento destinado a proveer de energía limpia a las dependencias que la Armada posee en aquella región, como un nuevo aporte a la preservación del Continente Blanco.

En un comentario editorial publicado a fines de enero último, hacíamos referencia a la próxima inauguración, en el sector argentino de la Antártida, de equipamiento destinado a proveer de energía limpia a las dependencias que la Armada posee en aquella región, como un nuevo aporte a la preservación del Continente Blanco.

Uno de los párrafos mencionaba, asimismo, el funcionamiento de la base científica belga Princesa Elizabeth, que se caracteriza por tener una emisión cero de CO2, pues su energía proviene exclusivamente de paneles solares y molinos eólicos.

Nuevos detalles se conocieron estos días, con motivo de su inauguración, realizada el domingo anterior, al señalarse en diversos medios la trascendencia del uso de las energías renovables, que van adquiriendo mayor importancia en todo el mundo.

Los casos mencionados ponen de relieve que son susceptibles de desarrollarse inclusive en los lugares más remotos de la Tierra, aun en condiciones meteorológicas particularmente rigurosas.

Los creadores de la mencionada base belga sostienen que si ese proyecto pudo llevarse a cabo, debiera ser suficiente para combatir el escepticismo de quienes cuestionan la viabilidad de la energía verde.

El director de este proyecto considerado pionero, Alain Hubert, ha declarado que si pudo levantarse una base de esas características en la Antártida, es lógico que podría hacerse lo mismo en cualquier lugar del planeta. "Tenemos la capacidad, la tecnología y la experiencia para cambiar el mundo", resumió con elocuencia, al proclamar que el camino de volcarse al uso de formas renovables de energía es irreversible.

Además del aporte argentino y de la mencionada base Princesa Elizabeth, cabe agregar un proyecto similar que tuvo coronación el año anterior en el área antártica: la E-Base, impulsada por el explorador Robert Swan, cuyo suministro energético también proviene de fuentes exclusivamente renovables.

El fenómeno del calentamiento global, provocado por las emisiones de los gases del efecto invernadero, ha obligado a países de todo el mundo a buscar alternativas en la generación eléctrica. Por lo visto, hasta la Antártida ya exhibe claros ejemplos de que la tendencia se irá acentuando en el futuro inmediato, aunque los técnicos admiten que la instalación de paneles solares y molinos eólicos en medio del frío y la oscuridad del invierno representa un enorme desafío.

Además, merece subrayarse que los expertos consideran ya demostrado que los paneles solares instalados en la península antártica son capaces de recoger al año una cantidad de energía equivalente a la que puede captarse en muchos lugares de Europa.

Tampoco cabe desoír las palabras pronunciadas en el acto inaugural de la estación belga por el vicepresidente del panel de Expertos de la ONU sobre el Cambio Climático, Jean-Pascal van Ypersele: si no se reducen las emisiones contaminantes entre un 50 y un 85 por ciento para la mitad del siglo, las consecuencias podrían ser catastróficas. "A nivel global, nos encontraremos en una situación que la Tierra no ha conocido a lo largo de los últimos tres millones de años", no dudó en advertir. Al hombre le cabe, entonces, la responsabilidad de actuar en consecuencia, a fin de reparar sus propios abusos.

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19/02/09
LA NUEVA PROVINCIA

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