Quizá producto de su excentricidad, el presidente norteamericano Donald Trump aísla a los Estados Unidos del Acuerdo de Asociación Transpacífico (TPP, por sus siglas en inglés). No obstante, los once países restantes a través de sus ministros y viceministros respectivos negocian un pacto nuevo, mediante un proceso de evaluación de opciones, a objeto de poner en vigor un acuerdo coherente, de calidad superior, expeditamente, que incluye la posibilidad de adhesión de los signatarios originales.
Quizá producto de su excentricidad, el presidente norteamericano Donald Trump aísla a los Estados Unidos del Acuerdo de Asociación Transpacífico (TPP, por sus siglas en inglés). No obstante, los once países restantes a través de sus ministros y viceministros respectivos negocian un pacto nuevo, mediante un proceso de evaluación de opciones, a objeto de poner en vigor un acuerdo coherente, de calidad superior, expeditamente, que incluye la posibilidad de adhesión de los signatarios originales.
Obviando la dispensabilidad norteamericana, según la declaración conjunta de un foro APEC en Hanói, la propuesta se debe tener lista para el mes de noviembre venidero, y debe recoger la importancia estratégica y económica del TPP, con miras a promover la integración económica y regional, a fin de que contribuya al crecimiento económico y cree oportunidades novedosas para empresas, trabajadores, agricultores y consumidores.
Por su parte, Japón aspira seguir el TPP luego de la salida de los Estados Unidos, líder y gestor de la crisis neoliberal, ya que el cambio de la dirección internacional de la economía más desarrollada causará una escalada de cambios que, inevitablemente, afectarán al comercio mundial, en virtud de que refrendará el incremento de la producción mundial y restringirá el margen de maniobra de los que dependen de los Estados Unidos en el ámbito comercial y de inversión extranjera.
Por otra parte, el Tratado Trasatlántico para el Comercio y la Inversión (TTIP, por su acrónimo en inglés) es un documento suscrito entre los Estados Unidos y la Unión Europea, a objeto de “incrementar el comercio y la inversión entre la UE y los EEUU, a fin de hacer realidad el potencial inexplotado de un mercado trasatlántico autentico, que genere nuevas oportunidades económicas para la creación de empleos y crecimiento mediante un mejor acceso al mercado y una mayor compatibilidad”.
Pero, supone riesgos para la ciudadanía norteamericana, tales como: mayor dependencia del petróleo si se consuma la restricción al uso de los carburantes menos contaminantes; no etiquetaje de productos modificados transgénicamente; eliminación de las reglas más críticas, hoy día, sobre los mercados financieros de Estados Unidos; evaluaciones independientes a medicamentos no elaborados en el país. Y, una muy crítica, la eliminación de las reglas de preferencia nacional en los contratos públicos. Lo más impertinente para Estados Unidos, un acuerdo transasiático que lideraría China, considerado como el “gigante económico mundial”, debido a su incremento anual de entre el 7% y el 10% durante los últimos 30 años. (Isaías A. Márquez Díaz – NAUCHER GLOBAL)
30/07/2017

