Según testigos, impactó el bote aunque tenía espacio para eludirlo; hay otro herido.
Según testigos, impactó el bote aunque tenía espacio para eludirlo; hay otro herido.
La lancha lanzada en velocidad los apuntó y, como un bólido de acero, los impactó. Se trasladaba con tanta rapidez, que no todos pudieron reaccionar y uno falleció; el conductor de la embarcación dio la vuelta, los miró y siguió sin asistir a los remeros.
Como todos los martes y jueves, Alberto Fernández salió junto a sus amigos del Club San Fernando a navegar por el río para despuntar un viejo vicio: el remo. Cuando se encontraban navegando por el canal de Vinculación, que une a los ríos San Antonio y Luján, una lancha que iba a gran velocidad los pasó por encima. Por el golpe, Fernández murió en el acto y su amigo, Roberto Peiteado, sufrió fractura expuesta de tibia y peroné, de la que será operado el martes.
Era una noche ideal para salir a remar. Por eso, nunca imaginaron lo que finalmente ocurrió. El jueves último, a las 20, con una temperatura de 24 grados, cielo descubierto y visibilidad óptima, los cinco amigos vieron cómo la lancha de color blanca y azul ingresó en el canal a gran velocidad.
La primera reacción del grupo fue gritar para alertar al conductor de la embarcación y, además, Fernández prendió la linterna que llevaban en el bote, pero nada de eso funcionó.
Chocó y huyó
La embarcación, en la que viajaban dos hombres y una mujer, con la música fuerte, sin detener un ápice su marcha, enfiló hacia los remeros, que se encontraban a 10 metros de la costa (el canal tiene un ancho de aproximadamente 250 metros); cuando estaba casi encima hizo un pequeño amago y -según los testigos- les apuntó.
Primero golpeó a Fernández -que recibió el impacto mortal en la cabeza-; después, a Peiteado (con fractura expuesta), y el resto de sus compañeros, Fernando Tellechea, Raúl Poletti y Alberto García, lograron saltar al agua.
"Lo que no se explica es el porqué. La lancha tenía mucho lugar para maniobrar. El canal es muy ancho. Nosotros estábamos a 10 metros de la costa. Tenía todo el otro lado para pasar. Le hicimos señas, gritamos y hasta prendimos la linterna para que nos esquivara", dijo a LA NACION Raúl Poletti, uno de los accidentados.
Ayer, en el velatorio, los remeros no encontraban razones para explicar lo ocurrido. "No lo entiendo. Nos chocó, hizo un rulo, miró y siguió. Si no pasaba justo un gomón por ahí, no sé qué hubiese pasado", señaló Fernando Tellechea.
Desde la Prefectura, que está investigando el accidente, informaron a LA NACION que están buscando a los responsables de la tragedia. Según fuentes de esa fuerza, la lancha es azul y blanca, con motor interno.
Sin códigos en el agua
Fernández, de 64 años, estaba casado con Olga y tenía dos hijos. Era un hombre de río. Todos los días iba al club, y los martes y jueves salía a remar con sus amigos. Ricardo, el mayor de sus hijos, capitán de barco que vive en los Estados Unidos, dijo creer en la Justicia y estar seguro en un 99,9% de que sabían lo que hacían, y que deberían haber parado para asistir a los heridos.
"La cantidad de gente que va al río creció mucho en estos últimos años. Hoy hay mucho desconocimiento; falta una reglamentación más clara; de esa manera, todos van a poder disfrutar más", añadió Ricardo.
El presidente del Club San Fernando, Osvaldo Rapagna, visiblemente emocionado, no dejó lugar a dudas: "Esto fue un acto criminal. Todos los que estaban en el agua son gente con mucha experiencia en el tema. La lancha los apuntó directamente. La gente que va al río cambió. Ya no hay respeto ni códigos. Si vas remando, te pasan por al lado a toda velocidad; ya no les importa".
Por Santiago Dapelo
11/02/07
LA NACION
