Buceo para todos (Bahía Blanca)

Práctica recreativa para personas con capacidades diferentes.

Práctica recreativa para personas con capacidades diferentes.

Después de acomodarse el tubo de oxígeno, el visor, el lastre y la aleta en su pierna derecha, Daniel estuvo listo para sumergirse en el agua. Aunque alguna vez practicó natación, esa tarde en la pileta del club Olimpo –dice– descubrió un mundo de sensaciones. Y un espacio en donde no necesitó del par de muletas que lo acompañan en tierra firme: la falta de una pierna no significó un impedimento para iniciarse en los secretos del buceo. Tampoco lo fue para Ulises y Sebastián, su Síndrome de Down. Ajenos a cualquier prejuicio, en otro rincón, ellos pusieron toda su energía en asimilar cada explicación.
 
Desde el sábado pasado, Bahía Blanca es una de las pocas ciudades, en el mundo, en generar un espacio donde las personas con capacidades diferentes puedan experimentar la práctica recreativa de esta disciplina.
     
La iniciativa surgió desde el Club de Buceo y Náutica Atlantis, y cuenta con el asesoramiento de la Comisión Municipal del Discapacitado. Además de todos los beneficios que ofrece el deporte, el objetivo final es romper con ciertos tabúes, y promover la integración social.
     
"Que las personas a las cuales habitualmente les estuvo vedado el buceo, puedan tener un acercamiento. Y una vez que logren tener el conocimiento mínimo indispensable y la seguridad necesaria, se puedan integrar con los otros buzos", explica José Suárez, presidente e instructor del Club.
     
El proyecto comenzó a dibujarse hace nueve años, inspirado en experiencias similares desarrolladas en otras partes del mundo. Pero fue recién en 2011 que, tras notar el interés y las consultas recibidas en su stand de la última FISA, se decidió retomarlo y presentarlo ante la mencionada entidad.
     
"Recurrimos a ellos, pues si bien contamos con más de 25 años de antigüedad en el mundo subacuático, no teníamos ni la pedagogía ni la experiencia para poner nuestros conocimientos al servicio de personas con capacidades diferentes", explica Suárez.
     
Luego de una entrevista formal, todos pusieron manos a la obra, hasta que el 14 de mayo, la idea salió a flote en la pileta del club Olimpo.
     
La actividad está encuadrada como bautismo o iniciación al deporte, ya que es una etapa de aprendizaje para todos, en la que los profesores tendrán que evaluar –especialmente en los casos de discapacidades intelectuales– el nivel de interpretación que tienen sus alumnos para asimilar las instrucciones, a veces complejas: desde la coordinación para respirar con un snorkel, a las señas del lenguaje submarino, todo es nuevo para cualquier persona que pretenda bucear.
     
Y como las clases deben ser lo más personalizadas posibles, el trabajo está organizado en grupos de no más de siete alumnos, con una frecuencia de tres sábados por grupo, siempre bajo las indicaciones de los instructores de Atlantis: Sergio Baratelli, Gustavo Cataldo, Matías López, y el propio Suárez. A ellos, se irán sumando otros colaboradores.
     
Las clases son totalmente gratuitas y, por lo pronto, solventadas por el propio club de Buceo mediante los ingresos que obtienen de los dos cursos que dictan cada año. En general, están destinadas a personas con capacidades motrices diferentes leve, baja visión, ceguera, discapacidad mental leve, sordera, o hipoacusia, según lo difundido por la Secretaría de Promoción Social.
     
En todos los casos, el énfasis está puesto en la integración, y en la experiencia sensorial que implica la inmersión.
     
"El buceo es un deporte de sentidos, ya que debajo del agua las sensaciones cambian por completo. Los sonidos son diferentes, la visión también, pero especialmente el del buzo es una de las tres formas de vivenciar la ingravidez (las otras son como astronauta y como paracaidista). Es una sensación única, similar a estar flotando en el espacio; los movimientos son lentos, hay que desplazar masas de agua, el propio cuerpo se siente más liviano", explica José.
      
Y al no ser nuestro medio natural, el agua a todos nos presenta obstáculos en común y nos sorprende por igual.

En primera persona
Ulises (28 años) y Sebastián (21) son compañeros en cuanta actividad emprenden. Hacen yudo, básquet, y ahora también buceo. Quienes los conocen, dicen que juntos son "un petardo", y para despejar cualquier duda, lo demostraron en la primera clase.
      
Aunque atentos a todas las indicaciones, no dejaron de divertirse. A la vez que aprendieron que a las patas de rana se las llama aletas, y patalearon enérgicamente con ellas, también se sacaron fotos, y nadaron de un borde a otro con todo el equipo puesto.
     
Después de una hora de ejercicio, Sebastián cuenta que no se cansó "para nada" y que anduvo "muy profundo, bajo el agua".
     
"¿El profesor?: Uhh, ¡Muy bueno!", dice convencido. Tanto como Ulises, que sonríe hasta con los ojos cuando habla de su experiencia: "¡Es lo mejor que hay!, porque hay mucho movimiento, y usas esa ropa (por el equipo de buzo)".
     
También atentos a todo, estuvieron sus padres, que desde la tribuna atraparon cada momento con la cámara de fotos. En ambos casos, integran la Asociación de Padres con Personas con Síndrome de Down y fue por ello que se enteraron de la propuesta del club Atlantis.
      
Al respecto, Alberto Bostal, papá de Sebastián y presidente de dicha entidad, cuenta que están entusiasmados con la iniciativa, ya que a sus hijos le sirve muchísimo, "les ayuda a conseguir seguridad, formar equipos, y lo más lindo de todo es que se sienten integrados en la sociedad. Y sobre todo, felices".
     
El otro papá, Ulises E. Ciccarelli, coincide y agrega que "la idea es espectacular, porque a los chicos hay que darle todas las posibilidades para que prueben lo que les guste, que tengan actividades, porque el ocio es lo peor que les puede pasar".
     
En referencia al grupo de profesores de Atlantis, ambos concuerdan en que, como todas las personas ligadas a las actividades que sus hijos desempeñan, "son admirables, unos seres humanos muy especiales, que se brindan todo para que los chicos puedan desarrollarse".

Una experiencia única
¿Y para los instructores, qué dejó esta primera clase?
     
Según Sergio Baratelli, fue una experiencia que no se vive todos los días. "Buceamos hace 28 años, en todas partes, pero esto fue único. Hay que vivirlo para entender el entusiasmo que te transmiten con esas ganas que tienen. Como persona es un alivio espiritual, un dulce al corazón".
     
La emoción es más que entendible, considerando que desde ese sábado, en Bahía Blanca se abrió una puerta más a las personas con capacidades diferentes. La posibilidad de acceder a un espacio que generalmente se piensa inalcanzable, pero entre todos –alumnos y profesores– dejaron claro que en el agua y fuera de ella, todos somos tan diferentes como iguales.

Consultas e inscripciones.
Club de Buceo y Náutica Atlantis, ubicado en calle Almafuerte 147. Comisión Municipal del Discapacitado, ubicada en Donado 155. Teléfonos: 451-8382 o 455-1681.
Por Ludmila Brzozowski

22/05/11
LA NUEVA PROVINCIA

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