Diecinueve obras “estructurales” de Brasil, con un presupuesto de R$ 166.000 millones, se alejaron del cronograma dispuesto por el gobierno y se entregarán con hasta cuatro años de atraso.
Diecinueve obras “estructurales” de Brasil, con un presupuesto de R$ 166.000 millones, se alejaron del cronograma dispuesto por el gobierno y se entregarán con hasta cuatro años de atraso.
Proyectos que el ex presidente Luiz Inácio Lula da Silva pretendía inaugurar durante su mandato, ahora corren el riesgo de no concluirse ni siquiera durante el gobierno de Dilma Rousseff.
En el lanzamiento del Programa de Aceleración del Crecimiento (PAC), en 2007, se preveía que obras como la ferrovía Nova Transnordestina, el Arco Rodoviáiro do Rio y la pavimentación de la BR-163 se concluyeran en 2010. El balance del PAC 2, divulgado el miércoles, muestra que si no hay sorpresas, se terminarán en diciembre de 2014, último mes de mandato de la presidenta.
En plena ejecución, esas obras superaron obstáculos bastante conocidos en el sector de infraestructura, como las restricciones del licenciamiento ambiental y los ajustes del Tribunal de Cuentas del Estado. Pero los procesos de expropiación están demorados y hay problemas en los contratos con las constructoras responsables por los trabajos. En la BR-163, la contratista encargada de colocar el asfalto en uno de sus trechos paralizó las obras y está en proceso de rescisión contractual con el Departamento Nacional de Infraestructura del Transporte (Dnit).
En relación a la transposición del río San Francisco, el gobierno pretende volver a licitar el equivalente a 20% de las obras, por el aluvión de exigencias de las contratistas. El problema derivó en la interrupción de los servicios en 5 de los 14 lotes. Dividida en dos ejes -Norte y Este-, Dilma no podrá inaugurar la segunda etapa de la obra de transposición, a menos que sea reelecta porque se concluiría en diciembre de 2015.
Desde el comienzo del PAC, la conclusión de la planta nuclear Angra 3 pasó de diciembre de 2013 al mismo mes de 2015. La entrada en operación de Comperj, el complejo petroquímico de Rio de Janeiro, se atrasó dos años y medio.
De acuerdo al nuevo balance del programa oficial, 13 de las 19 obras “estructurales” con dilatación de plazos originales recibieron el sello verde y la clasificación de ritmo “adecuado”. Según funcionarios gubernamentales, eso sucedió porque no deben superarse más barreras relevantes para avanzar.
El gobierno controlará con más rigor la ejecución de las obras “estructurales” que integran el PAC. Una lista de entre 10 y 20 mega-emprendimientos de infraestructura se encaminará del ministerio de Planificación al Palacio do Planalto. La idea es que la presidenta visite personalmente esos proyectos, haciendo una inspección física y llevando a todo el equipo de altos funcionarios capaces de destrabar los obstáculos para la continuidad de las obras.
Valor pudo saber que están en la lista la planta hidroeléctrica de Belo Monte, la Ferrovía de Integración Oeste-Este (Fiol), el puerto de Santos, la duplicación de la BR-101 en Santa Catarina y la ampliación de la capacidad del canal de Tietê.
“Haremos un seguimiento en el lugar”, dijo la ministra de Planificación Miriam Belchior, quién indicó que Dilma podrá visitar próximamente la ferrovía Norte-Sur. La semana próxima, Belchior y el ministro de Transportes, Paulo Passos, irán a la BR-101, en la región nordeste. Ambos proyectos están atrasados en relación al cronograma originario del gobierno.
El trecho de la Norte-Sur entre Palmas (Tocantins) y Anápolis (Goiás), que el ex presidente Lula esperaba inaugurar hasta final de su mandato, se prorrogó para julio de este año. La duplicación de la BR-101, entre Rio Grande do Norte y Alagoas, se viene arrastrando desde hace años y se concluiría a finales de 2013.
El gobierno hizo una evaluación “muy positiva” de la primera inspección de Dilma a una de esas obras, la transposición del Río San Francisco, en febrero. Según un auxiliar de la presidenta, entre 50 y 60 ejecutivos vinculados directamente con el emprendimiento se sentaron a la mesa con la mandataria y varios ministros para enumerar los obstáculos que frenan el curso de las obras.
Por D. Rittner y A. Borges
10/03/12
CRONISTA.COM
