El testimonio de un amigo. Despedida de Guillermo Jacob.
El testimonio de un amigo. Despedida de Guillermo Jacob.
En una fría tarde de Junio de 1968 me embarcaba como Aspirante a Oficial de Reserva en el Portaviones ARA “Independencia” donde él estaba destinado como Segundo Comandante. Fue nuestro primer encuentro, distante, por supuesto, como correspondía a una diferencia de jerarquías casi infinita.
Exactamente 10 años después entraba en mi oficina, con una propuesta de negocios clara y concreta, minuciosa, fiel a su estilo. Se trataba de incorporar a la bandera un buque congelador español, el “Ribera Gallega”.
No nos reconocimos, como es claro entender dado lo breve de nuestro primer encuentro, hasta que la conversación nos llevó, ya entrados en confianza, a comentar sobre su carrera en la Armada. Conversamos en extenso sobre el negocio, analizando en detalle su propuesta. Cuando terminamos la charla, por mi parte había tomado la decisión de ir adelante. Mas allá del atractivo de la operación, era ese hombre de físico menudo pero atlético el que había hecho que me decidiera, transmitía una gran sensación de seguridad y me entusiasmó encarar un proyecto juntos. Por otra parte, el almirante había analizado el negocio muy profesionalmente, había incluso inspeccionado el buque en La Coruña, y hasta tenía identificado al socio español que participaría, la familia Ojeda de Gijón.
Ese era su estilo: serio, profundo, analítico, minucioso. Investigaba todo lo que acometía a fondo, en el otro extremo de la superficialidad e improvisación que campea en nuestro país en tantos ámbitos.
El negocio se concretó rápidamente y así comenzamos a trabajar juntos en esta sociedad que resultó tremendamente exitosa. El “Ribera Gallega” se incorporó poco después y no tardó en convertirse en una especie de escuela de formación de personal, Por allí pasaron capitanes de pesca como Hugo Portillo, Carlitos Burlando, Martin Olmos, Carlos Lira y muchos más; también Jefes de Maquinas, como Jorge y Manuel Iglesias, Osvaldo Castro, Alfredo Moro, y otros – todos provenientes de la ENN. Seguramente ellos, como yo, guardarán éstos recuerdos entrañables llenos de nostalgia, de tiempos mejores de esta actividad. Cuando el barco entró en régimen pasábamos holgadamente los 300 días de pesca por año, cifra que por si sola implica una alta eficiencia operativa.
Trabajamos codo a codo durante casi 20 años. Me impresionaba su modestia, sobre todo para alguien que había tenido cientos de hombres bajo su mando: jamás reclamó comodidades en la oficina, jamás una secretaria para que tipeara alguno de sus numerosos trabajos, jamás una telefonista que le hiciera algún llamado. Siempre estaba concentrado en sus análisis, siempre tratando de adelantarse a lo que vendría.
Pasamos momentos dificilísimos, los años del proceso, con Martinez de Hoz y su tablita que nos pusieron en la vereda de la quiebra y se llevaron por delante a todos los líderes de la Industria pesquera de aquellos años: Frigocen, Ventura, Traballoni, Mellino, Argenbel y muchos otros, que nunca pudieron recobrarse del endeudamiento al que nos empujó el atraso cambiario.
Nunca cambió su humor, nunca puedo decir que lo haya visto preocupado, o amargado por lo que nos tocaba vivir. Se refugiaba, quizás, en su esfuerzo constante por encontrar fórmulas para poder sobrevivir, para lograr ser más eficientes, más competitivos. Nunca necesité animarlo, aunque las balas silbaban a nuestro alrededor. Siempre llegaba por las mañanas, sin falta, a primera hora, con una sonrisa, con su frase clásica…. “Esta mañana mientras me estaba duchando… se me ocurrió que quizás, si hiciéramos esto… o aquello, o lo demás allá, podríamos mejorar”. La mayoría de las veces su inspiración matinal era acertada. Y así sobrevivimos, luchando juntos.
La única excepción que alteró su semblante a lo largo de esos años fueron los meses del conflicto con GB por las Islas Malvinas. La situación lo afectó profundamente. Vivió con enorme preocupación el desempeño de su querida Armada y celebró jubilosamente los éxitos de la aviación naval tanto como sufrió el hundimiento del Belgrano y la pérdida de vidas de camaradas.
Llegó después el Acuerdo Marco con la URSS, 18 buques factoría y 180.000 Toneladas de cuota. Fue el responsable de toda la operación, incluyendo la relación con nuestros socios europeos (SOVHISPAN) – un JV entre los gobiernos de España y la Unión Soviética-.
Al poco tiempo se ganó el respeto tanto de rusos como de españoles, con un manejo preciso de la flota, generando una base de datos de capturas al sur del paralelo 47° S invalorable para aquellos años. Generamos desde allí exportaciones de Merluza Negra, de Granadero, de Hoki, de Nototenia, de Polaca, de Brotola austral, etc.
No tuvimos un solo conflicto, ni en el frente interno, con los observadores y tripulantes Argentinos, o con la SSP, ni con los socios extranjeros. Cuando la operación se extinguió en los años 90, arrastrada por el colapso de la URSS, pudimos cerrarla también sin conflictos, con la satisfacción de quien ha realizado un trabajo bien hecho. El mérito fue sin duda de él.
Podría pensarse que alguien que tiene responsabilidades como las que tuvo debería haberse sentido agobiado por el peso de sus tareas. Nada mas lejos, en el caso de Tito. Cuando llegaba a su casa siempre encontraba un momento para pintar, lo que hizo admirablemente bien (tengo la suerte de tener algunas de sus obras) o para escribir, con un estilo directo y despojado, que ha quedado plasmado en sus numerosos libros y escritos. Trabajó además incansablemente en el Instituto de Publicaciones Navales, en cuanta comisión organizara el Centro Naval sobre temas pesqueros o vinculados con la problemática de Malvinas.
En el ámbito personal también fue un ejemplo, siempre hablando con alegría de su adoradísima Loli, de sus tres hijos y nietos, disfrutando mas de sus éxitos que de los propios.
Se fue Carlos Tito Mazzoni. La Armada puede estar orgullosa de haber formado hombres como él. Para resumir su impronta en una palabra, seguramente elegiría la nobleza.
Si, como creo, venimos a esta vida a aprender, Tito se va de ella graduado con un “Summa cum Laude”.
Guillermo Jacob
24/09/08
FUNDACION NUESTROMAR
