(FNM) El 3 de enero se recuerda otro aniversario de la primera usurpación británica de las islas Malvinas, acaecida en el año 1833.
(FNM) El 3 de enero se recuerda otro aniversario de la primera usurpación británica de las islas Malvinas, acaecida en el año 1833.El 3 de enero de 1833, Inglaterra, basándose en su enorme poder naval y militar, ordenó al capitán de la Real Armada John Onslow al mando de la corbeta HMS Clio ocupar las islas Malvinas “en nombre de su majestad británica, para ejercer los derechos de soberanía” desalojando de ellas al comandante militar José María Pinedo, enviado a proteger a los habitantes de las islas por el Gobierno de la Confederación Argentina.
Este día comenzó a flamear en las Malvinas el pabellón británico y dio inicio también la usurpación de la corona británica sobre estos territorios argentinos. Una breve sublevación de criollos encabezados por el Gaucho Rivero, posterior al desalojo de Onslow, tuvo en jaque a las autoridades británicas durante unos meses, pero finalmente, sin apoyo militar de Buenos Aires, los insurrectos tuvieron que rendirse.
Desde aquel hecho inicial, en que el gobernador argentino fue desalojado por la fuerza militar del archipiélago, sin presentar una apropiada resistencia armada, la diplomacia argentina no dejó de reclamar, aunque tal vez no lo haya hecho con la firmeza suficiente y una constancia que hiciera indubitable el reclamo, hasta bien avanzado el siglo XX.
Los británicos amagaron en numerosas oportunidades iniciar conversaciones serias sobre el traspaso de la soberanía, pero en ninguna de ellas se llegó a progresar significativamente.
Mientras tanto, el suelo malvinense fue negado a los argentinos que quisieron habitar en él y los pocos pobladores de origen británico alimentaron desde siempre una animadversión hacia los argentinos, a quienes veían como una amenaza y no como a hermanos que les tendían sus brazos.
Así, los intereses económicos de la Falklands Islands Company y el llamado Lobby Isleño, entre otros, fueron bloqueando una a una todas las iniciativas de la corona británica de acercamiento, excepto por supuesto, aquellas que los beneficiaban directamente, como la apertura de una línea aérea directa entre las islas y el continente por parte de la Fuerza Aérea Argentina o el abastecimiento por mar que daban YPF y la Armada Argentina.
La cuestión cambió abruptamente después de la ocupación militar argentina del archipiélago en 1982, en la llamada “Guerra de Atlántico Sur”, que terminó con la derrota militar argentina y con el tema de nuevo en el primer plano de la atención nacional e internacional. La intransigencia británica se magnificó desde entonces y, pese a los constantes llamados del Comité de Descolonización de las Naciones Unidas para dialogar con Argentina, sus oídos se volvieron más sordos que nunca y el rencor de los isleños hacia los argentinos se exacerbó de manera notable.
En 1994, al llevarse a cabo la reforma de la Constitución Nacional, se agregó una cláusula transitoria que dice textualmente:
“La Nación Argentina ratifica su legítima e imprescriptible soberanía sobre las Islas Malvinas, Georgias del Sur y Sandwich del Sur y los espacios marítimos e insulares correspondientes, por ser parte integrante del territorio nacional.
La recuperación de dichos territorios y el ejercicio pleno de la soberanía, respetando el modo de vida de sus habitantes, y conforme a los principios del derecho internacional, constituyen un objetivo permanente e irrenunciable del pueblo argentino.”
A pesar del proceso de olvido del tema Malvinas, llamado “desmalvinización” que siguió a la breve guerra que enfrentó a británicos y a argentinos en 1982, las islas australes son el asunto central de la política exterior de la Argentina y ha tomado renovados bríos durante la actual administración, ya que surge cada vez más claramente que desde sus territorios emergidos surgen derechos en vastas superficies de mar sobre las cuales se pretende ejercer los derechos soberanos, donde podrían abundar los ahora escasos recursos necesarios para la supervivencia nacional.
Nuestro país presentó en el año 2009 los estudios correspondientes sobre la delimitación de la plataforma continental, pero Gran Bretaña continúa apropiándose de los recursos del mar y del subsuelo marino, haciendo caso omiso de los reclamos argentinos, que no se sostienen con fuerza alguna, cuestión bien conocida y aprovechada por los británicos, aunque sí con sólidos fundamentos históricos y legales que hacen de la nuestra una causa justa.
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02/01/13
FUNDACION NUESTROMAR
