La fiesta que hemos vivido con “Velas Sudamérica 2010” nos obliga más que nunca a este homenaje. Sus luchas y su coraje en el mar, nos permitieron este orgullo de ver a América latina unida y en paz, con todas sus banderas frente a nuestras costas.
La fiesta que hemos vivido con “Velas Sudamérica 2010” nos obliga más que nunca a este homenaje. Sus luchas y su coraje en el mar, nos permitieron este orgullo de ver a América latina unida y en paz, con todas sus banderas frente a nuestras costas.
José A. Ortega y Gasset en una de sus obras, “Ideas y Creencias” escribió alguna vez: “La ingratitud es el defecto más grave del hombre. Fundo esa calificación superlativa, en que siendo la sustancia del hombre su historia, todo comportamiento antihistórico adquiere el carácter de suicidio.”
Continúa el genial pensador: “El ingrato, olvida, que la mayor parte de lo que tiene no es obra suya, sino que le vino regalada de otros, los cuales se esforzaron en crearlo u obtenerlo. Al olvidarlo, desconoce radicalmente la verdadera condición de eso que tiene. Cree que es don de la naturaleza y como la naturaleza indestructible. Esto le hace herrar a fondo, en el manejo de esas ventajas heredadas e ir perdiéndolas más o menos.”
Y concluye Ortega: “Olvidar el pasado, volverle la espalda, produce el efecto de rebarbarización del hombre.”
Los argentinos que amamos a nuestra Patria y con igual devoción a nuestro Mar Argentino, por medio de uno de los sentimientos más nobles del hombre, el de la gratitud, queremos expresar nuestro homenaje, en el ciento cincuenta y tres aniversario de su fallecimiento, a uno de nuestros tres más grandes Libertadores, el Almirante Guillermo Brown. Acá en Mar del Plata, de cara a la historia y frente al Mar que él mismo nos legara, con nuestro recuerdo en Don Manuel Belgrano y en el General José de San Martín como testigos.
Hoy se cumplen exactamente 153 años de aquel 3 marzo en el que al decir de sus propias palabras, el Almirante Guillermo Brown emprendía “el gran viaje hacia los sombríos mares de la muerte.”
Don Marcos Aguinis, en ese excelente homenaje literario que le hiciera al Almirante Brown, con su libro “El Combate Perpetuo”, en su prólogo expresó: “… – Ignoraba cuán novelesca había sido la vida del Almirante Guillermo Brown (…) Integra la galería de personajes cuya riqueza de aventuras hubiera entusiasmado a los mejores cultores del género. Los documentos sobre sus vicisitudes no solo proporcionan asombro, sino fantasía. Parece inverosímil cuanto le sucedió y cuanto hizo. Es un personaje que deslumbra y enternece desde el principio al fin.”
Recalcando el escritor que: “Sólo la pésima enseñanza de la historia y el reaccionario culto de los héroes explica que haya sido tan poco y tan mal conocido.”
Su humildad y decencia quedaron evidenciadas en esa gran frase que alguna vez le expresó a uno de sus más enconados rivales, el Almirante Grenfell de la Armada del Imperio del Brasil, cuando éste le refiriera la ingratitud de las Repúblicas. En esa ocasión Brown le contestó: “… – Demás están honores y riquezas, cuando bastan seis pies de tierra para descansar de todas las fatigas”.
Hoy para recordarlo, habría que traer al contexto de esta evocación, la oración fúnebre que en sus exequias, pronunció Don Bartolomé Mitre aquel 3 de Marzo de 1857. Así se expresó: “ – Su alma ha volado al seno de la divinidad, mientras que su cadáver yace tendido en esta estéril playa de la vida, como ropaje abandonado del espéritu inmortal que lo animaba.”
“Veneremos, señores, esos despojos, porque en ese cráneo helado por la muerte está incrustada la corona naval de la República Argentina, y en el breve espacio que ellos ocupan se encierran todas nuestras glorias marítimas.”
“Brown, en la vida, de pie sobre la popa de su bajel, valía para nosotros una flota.”
“Brown, en el sepulcro, simboliza con su nombre toda nuestra historia naval.”
“El, con sólo su genio, con su audacia, con su inteligencia guerrera, con su infatigable perseverancia, nos ha legado la más brillante historia naval de la América del Sud.”
“Nada nos llamaba a ser una potencia marítima, ni nadie pudo prever en los primeros días de la revolución que el pabellón que tremolaba victorioso en la cima de los Andes, pudiera algún día tremolar triunfante sobre las olas agitadas del océano.”
“No teníamos ni astilleros, ni madera, ni marineros, ni nuestro carácter nos arrastraba a las aventuras del mar, ni nadie se imaginaba que sin esos elementos pudiésemos competir algún día sobre las aguas con potencias marítimas que enarbolaban en bosques de mástiles centenares de gallardetes.”
“Este prodigio lo realizó el almirante Brown en los momentos de mayor conflicto, en las dos grandes guerras nacionales que ha soportado la República Argentina.”
Hoy, iluminados por el mismo pabellón e inspirados en su tradición histórica, en sus valores éticos y morales, en la humildad de su persona y en su generosidad en la victoria, recordamos la figura del Gran Almirante Don Guillermo Brown. Frente a esta misma costa que él visitara en 1826 a bordo de la goleta “SARANDI”, mostrándonos su importancia estratégica, saludando a una Mar del Plata que aún no había nacido.
Por: Oscar Filippi
02/03/10
NUESTROMAR
