Un símbolo uruguayo anclado en Punta del Este

Un símbolo uruguayo anclado en Punta del Este

El Capitán Miranda fue construido hace 80 años.

El Capitán Miranda fue construido hace 80 años.

Anclado entre las playas de La Mansa y el puerto, parece una imagen fantasmagórica. Los yates exagerados que lo rodean hacen suponer que lo que está allí, con sus postes altos y sus formas de otros tiempos, es una ilusión de los sentidos surgiendo a cada rato entre la bruma del río-mar. Pero el delirio se esfuma apenas los pies tocan su cubierta de madera, cuando sus velas se entregan al viento y Punta del Este empieza a ser un estrecho recuerdo al borde del continente. La magia de la goleta Capitán Miranda se agranda con los años y a cada milla que supera. El buque más antiguo del Uruguay atraviesa los océanos del mundo desde hace 80 años. Siempre fue un símbolo aquí, y eso se entiende al navegar.

Los pitos resuenan en el "puente" del Miranda, que fue construido en 1930 y desde 1978 es el buque escuela. Los marineros se entienden con el chillido que atraviesa los 60 metros de eslora: en la proa, 12 de ellos arrían la vela pintada de sol por Carlos Páez Vilaró y, terminado el trabajo, aplauden y se abrazan. Se conocen perfectamente pues pasan siete meses juntos en alta mar como parte del equipo (de casi 100 personas) de este barco, que recorre los puertos del mundo presentando la marca Uruguay.

El comandante Ricardo Della Santa sintetiza: "Es nuestro embajador de los mares". Además de su atractivo estético, el Capitán Miranda se caracteriza por la calidez de su tripulación. "La gente de todo el mundo nos quiere mucho", cuenta, mate en mano, José Luis Sisnandez, maquinista desde hace ocho años. Mientras el Miranda vira sobre Casapueblo, Sisnandez (45) relata que en un puerto francés armaron una fiesta de candombe toda la noche. "Salimos a tocar con nuestra cuerda de 12 tambores. Nadie quería bajarse", recuerda el hombre moreno.

El Miranda zarpará en marzo hacia Buenos Aires y luego recorrerá Brasil, Venezuela, Cuba, EE.UU., Canadá, Irlanda y España. "Es mucho viaje, acá haces las paces contigo mismo", confiesa Miguel Franggi, alférez de navío. "Somos muy compañeros. Se juega al truco, a la playstation, se ven películas", detalla Luis "Foque" Alvez cuando ya el buque da indicios de volver. Antes del final, él es el indicado, con 10 años abordo, para responder una pregunta inevitable. De fondo suena Rubén Rada. Los edificios de Punta del Este ya aparecen y trastocan la monotonía oceánica. ¿Sobreviven tanto viaje sin mate? Alvez mira serio amparado en el horizonte. Piensa la respuesta. Y ríe. "Llevamos 250 kilos de reserva. ¿Qué te piensas?".

Por Fernando Soriano

20/01/09
CLARIN

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