Las aguas del Huechulafquen mutaron a un azul turquesa; hay desconcierto entre pobladores e investigadores.
Las aguas del Huechulafquen mutaron a un azul turquesa; hay desconcierto entre pobladores e investigadores.
El lago Huechulafquen ya no se ve como antes. Brilla con un tono azul turquesa, intenso por sectores, que no deja de sorprender a quienes lo conocieron con su tradicional tono cristalino, ahora alterado producto de una réplica del sismo chileno del verano pasado.
"Hay días que veo que está queriendo cambiar de color, pero no sé si es mi deseo que vuelva todo a la normalidad." La expresión pertenece a Elsa Calicur, una pobladora de 58 años que la noche del 2 de marzo pasado, a las 23.09, sintió con fuerza -al punto de derribarse paredes de su casa- el temblor de 5,3 grados en la escala de Richter que tuvo epicentro en la zona central del lago como réplica del feroz sismo chileno de 8,8° ocurrido tres días antes.
Ese fue el comienzo del fenómeno, aunque nadie lo notó hasta bien entrado el invierno. En silencio, las aguas frías del Huechulafquen, que llegan a una profundidad de 120 metros y que abarcan 8287 hectáreas, estaban teniendo una revolución interna.
A 23 kilómetros de Junín de los Andes, ya en jurisdicción del Parque Nacional Lanín, el portal de ingreso a la sección Huechulafquen tiene de fondo el nuevo lago turquesa, cuyo tono se profundiza por zonas y donde aquel temblor se hizo sentir especialmente en su zona central, cerca de Puerto Canoa, a unos 30 kilómetros.
El cambio de color como consecuencia del movimiento telúrico es la hipótesis casi irrefutable sobre la que se orientan los estudios de investigación que realizan técnicos de la Delegación Regional Patagonia de la Administración de Parques, el Conicet y la Universidad Nacional del Comahue.
Los investigadores Leonardo Buria, Gustavo Villarosa y Eduardo Gómez iniciaron sus tareas a comienzos de septiembre, cuando el área de Conservación del Parque remitió un informe inicial de la alteración observada en el lago que cambió su color en toda su extensión, pero no así en sus afluentes, los lagos Epulafquen y Paimún.
Desconcierto
Los vecinos están desconcertados. Elsa, que pertenece a la comunidad mapuche Raquithue, atada a su respeto por la naturaleza, creyó en un principio que "el volcán Lanín estaba respirando", en alusión al posible ingreso en actividad del volcán de 3776 metros que muestra su cara Sur hacia el Huechulafquen. Todavía no sabe qué pasó y desde entonces no fue más a la orilla del lago porque "da mucha pena, ojalá vuelva a su color y recuperemos la confianza", dijo a La Nacion sentada en el interior del salón comunitario que ahora oficia de casa hasta que termine de reconstruir su vivienda destrozada por el temblor.
Unos metros más hacia la cordillera está Horacio Baylac (88), propietario de la hostería Refugio del Pescador, situada a metros del puerto. "En agosto, cuando empecé a salir al lago, vi varias señales de que algo pasaba abajo. Un día de viento observé una franja grande en el medio que cambiaba de orientación y empezaba a correr para el otro lado. Después que le puse más atención, vi que el agua en vez de azul estaba celeste y como con olas mezcladas de colores", relató a La Nacion.
Roberto lo comparó con un episodio similar de coloración en el lago Paimún (afluente del Huechulafquen), en la década del 70, que atribuyó a una "erupción de abajo".
Otros recuerdan que el lago Nahuel Huapi, frente a las costas de Bariloche, sufrió los efectos por el terremoto de Valdivia en 1960 y allí, además de una gran ola que tapó el puerto San Carlos y dejó víctimas fatales, el tono del agua -dicen- también se alteró por un tiempo.
El misterio del cambio de color será develado en corto tiempo cuando concluyan los estudios que se iniciaron en septiembre con muestras de diversa especificidad. Pero aclaran los investigadores que los primeros resultados descartan que la turbidez esté asociada con un evento volcánico, con una alteración algal o con una remoción en masa de las laderas de los lagos.
Sedimentos
Leonardo Buria, biólogo de la Regional Patagonia de la Administración de Parques Nacionales, explicó a La Nacion que "se detectó una gran cantidad de sedimentos sólidos en suspensión que ocasionan la turbidez y que no son externos, sino producto de una remoción del mismo lago. Hay indicios de que podría darse a raíz del material depositado suelto que trae el arroyo Rucu Leufú, cuyos sedimentos no están consolidados y con el temblor se habría producido un movimiento en masa".
En esa zona, precisamente, se observan "grietas" en la costa y se afectó la noche del temblor un muelle recientemente construido en la hostería Huechulafquen (a metros de Puerto Canoa), que fue arrastrado aguas adentro, contó el guardaparque Gastón Marchioli, quien llegó a la seccional después de ese episodio.
Buria señaló que el cambio de color "podría deberse a una situación de estructura térmica de los lagos". Entre los estudios que restan se espera el detalle de batimetría de la morfología del fondo del lago y las características de los sedimentos en suspensión. A priori no habría modificaciones en la población acuática, según registraron investigadores y asiduos pescadores que llegan desde el comienzo de noviembre.
Por Soledad Maradona
29/11/10
LA NACION

