Un capitán de confianza que estuvo 50 horas sin dormir

Los tripulantes del "Don Cayetano" aseguraron que siempre pensaron que el rescate de los náufragos del Almirante Irízar iba a terminar bien, aun cuando debieron viajar con 117 personas a bordo y realizar algunas maniobras de riesgo.

Los tripulantes del "Don Cayetano" aseguraron que siempre pensaron que el rescate de los náufragos del Almirante Irízar iba a terminar bien, aun cuando debieron viajar con 117 personas a bordo y realizar algunas maniobras de riesgo.

Según contaron, parte de esa seguridad se basaba en saber que el buque estaba al mando de Rodolfo Muñoz, un hombre que conoce bien los secretos de este barco, al que capitanea desde hace 11 años. Auxiliar al Irízar no fue la única misión difícil que le tocó en suerte a Muñoz a lo largo de su vida como navegante.

En 1982 participó de manera voluntaria en operaciones durante la guerra de las Islas Malvinas a bordo de un pesquero. Años más tarde se vio envuelto en situaciones complejas en medio del mar y, en más de una ocasión, se arriesgó a salvar del naufragio a algunos buques, remolcándolos a puerto. "Es un hombre con mucha experiencia en el que siempre confiamos", le dijo a LA CAPITAL el maquinista Rodolfo González, al describir a Muñoz. El jefe de máquinas del Don Cayetano, Raúl Martínez, también destacó las virtudes del patrón del buque. "En el puerto se lo conoce a como alguien que sabe hacer bien su trabajo", aseguró.

Ayer Muñoz regresó a Mar del Plata habiendo cumplido con una misión inesperada y con la bodega cargada de merluza. Recibió la felicitación del contralmirante Delfor Ferraris, a quien le relató cómo fueros las horas que se vivieron a bordo del Don Cayetano durante el rescate. "Nosotros ya íbamos para Mar del Plata y me llegó un fax comunicándome que el Irízar tenía una emergencia.

Fuimos de inmediato porque a nadie le cabe en la conciencia no responder a un auxilio como éste", explicó.

En ese momento la embarcación había terminado de pescar y estaba cruzando una zona de veda con su proa apuntando hacia el puerto marplatense, a 50 millas de donde el Irízar ardía. Muñoz contó que en el camino, los pescadores comenzaron a preparar todo para recibir a los náufragos.

"Pusimos la calefacción al máximo porque sabíamos que iba a haber gente mojada porque hacía mucho tiempo que estaban en el agua", dijo.

Según contó, desde un primer momento supo de la magnitud del siniestro ya que en el parte de auxilio que recibió en la sala de mando ya se indicaba que en el agua había unas 300 personas en el agua esperando ayuda. Para Muñoz, el episodio fue "una desgracia con suerte" ya que de las 43 personas que rescató de las balsas, apenas una tenía una lastimadura en el hombro.

Mientras la gente ascendía al Don Cayetano, en el horizonte aparecía la figura del rompehielos envuelta en llamas. "En lo único que pensaba era en rescatar a la gente, no en el barco" que se incendiaba, señaló. Muñoz dijo que la gente subía a bordo exhausta, después de una vigilia de 8 horas y todos pronunciaban una misma palabra: "gracias".

En un momento, Muñoz aceptó realizar una maniobra arriesgada para subir a bordo a otras 73 personas que viajaban en un petrolero panameño para llevarlas a Puerto Madryn. "Como había mucho viento y marejada decidí hacer el traspaso en la Bahía Cracker, que era un lugar más seguro ya que el agua calmada. Pudimos poner a un barco al lado del otro y, en 10 minutos, recibimos a las 73 personas", explicó.

Durante toda la operación de rescate, Muñoz y sus tripulantes permanecieron casi 50 horas sin dormir, pendientes de la suerte de sus inesperados pasajeros. "Fue un gran orgullo haber podido rescatar a todos y haber cumplido con el objetivo que nos habíamos propuesto", aseguró.

Un sobreviviente al que ahora le tocó ayudar

Si de problemas en alta mar se trata, el jefe de máquinas del Don Cayetano, Raúl Martínez, es sin dudas un hombre con experiencia.

Esta semana le tocó participar del rescate de 117 hombres de la Armada, pero en el pasado capeó fuertes temporales y, en 2001, vivió una situación dramática.

En marzo de ese año viajaba en el Stella Maris I, un pesquero que chocó contra otro, el Azuchi Maru, provocando que éste se hundiera.

Desde aquella traumática experiencia, sabe que en el mar la solidaridad es moneda corriente y lo único a lo que aferrarse para no perder la esperanza. "Cuando pasan esta cosas uno siempre trata de colaborar.

Tanto yo como algunos de mis compañeros hemos tenido siniestros en el mar y otros barcos nos han apoyado. Esta vez nos tocó colaborar a nosotros", le dijo Martínez a LA CAPITAL ni bien bajó del Don Cayetano en la banquina.

El maquinista contó que los náufragos del Irízar demostraron ser "personas entrenadas" que supieron manejarse con tranquilidad.

Martínez comentó que tanto él como sus compañeros pusieron todas las provisiones que tenían a disposición, pero al final, con los nervios, la gente apenas probó bocado. "Ya estábamos volviendo así que no teníamos demasiado, pero en situaciones como éstas en lo que menos se piensa es en comer. Con los nervios no hay hambre, la gente pedía mate, se notaba que había una gran necesidad de compartir y charlar sobre lo que estaba sucediendo", explicó.

Orgullo y angustia

Fabiana Portillo, esposa de uno de los tripulantes del pesquero "Don Cayetano", que rescató a 117 marinos del rompehielos "Irízar", recordó con angustia cuando su padre, también como tripulante de un pesquero, participó en el rescate de náufragos durante el hundimiento del crucero "General Belgrano", en la guerra de Malvinas.

Fabiana recibió ayer, en un mar de lágrimas, a su esposo, José Alberto González, cuarto maquinista del pesquero que trajo a tierra a los marineros del "Irízar".

"Más allá del orgullo, es la angustia de volver a repetir esta situación porque mi papá estuvo rescatando gente del Belgrano", relató.

Su padre, Sebastián Portillo, era también cuarto maquinista en el pesquero "Constanza", que participó en las operaciones de rescate durante la tragedia del "Belgrano" en 1982.

También coincidentemente, en el mismo pesquero el jefe de máquinas era el padre de José Alberto González.

"Una piensa que esas cosas no las va a vivir más, pero bueno, esto se vuelve a remover", refirió visiblemente emocionada la mujer, madre de mellizos de corta edad y de un adolescente de 16 años.

Aseguró que estaba "orgullosa por ellos que pudieron hacer algo" y señaló que "es bueno para ellos como experiencia y para mis hijos, para que entiendan que son chiquitos criados con este pedazo de historia".

Proponen otorgarles el mérito ciudadano

El concejal de Acción Marplatense Héctor Rosso, presentó un proyecto para otorgar el mérito ciudadano a todos los tripulantes del buque pesquero Don Cayetano de Mar del Plata, que participó del rescate de los tripulantes del rompehielos Alte Irízar, que la semana pasada, sufrió un accidente en altamar.

El concejal Rosso dijo que "nos parece de suma importancia distinguir a estos valientes tripulantes que participaron del rescate de los integrantes del Almirante Irízar, mostrando ejemplo de valor y solidaridad, poniendo en riesgo su vida para salvar la de otros hermanos del mar.

Códigos estos que se deberían tener en cuenta en nuestra vida cotidiana." La tripulación del Don Cayetano está conformada por su patrón, Muñoz Rodolfo; el segundo patrón, Delgadillo Alfredo; el jefe de máquinas Martínez Raúl; los oficiales de máquinas Ciempela Dante, González José y González Rodolfo; los pescadores García Rubén y Hernández Norberto; el cocinero Genez Luis y los marineros Schmitt Jeremias, López Héctor, Juárez Pedro, Solivella Sergio, Solivellas Simón, Madsen Carlos, Simonetti Jorge, Alestra Salvador y Piccirillo Carlos.

15/04/07
LA CAPITAL – MAR DEL PLATA

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