Semana a semana hemos informado sobre las dificultades que enfrentan las empresas ante la crisis de escasez de la merluza hubbsi y el inevitable impacto que tendrá sobre el nivel de empleo y la actividad.
Semana a semana hemos informado sobre las dificultades que enfrentan las empresas ante la crisis de escasez de la merluza hubbsi y el inevitable impacto que tendrá sobre el nivel de empleo y la actividad.
También sobre la paralización de la flota potera que, ante la drástica baja de los precios internacionales y la significativa suba de los costos de producción, no puede hacer otra cosa que dejar los barcos amarrados.
El consenso respecto a la magnitud del desequilibrio económico alcanza para afirmar que ni siquiera con una buena temporada de langostino cierra la ecuación para las empresas dedicadas a esa pesquería. Es decir que la crisis, con sus diversas caras, se hizo presente tal como desde hace tiempo se anticipaba.
Desde mitad del año pasado los empresarios advirtieron que si no se adoptaban medidas urgentes que ayudaran a mejorar el balance económico financiero deberían decidir fuertes ajustes para poder mantenerse en funcionamiento. El mensaje fue unánime, insistente, fundado, comprobable y demostrado en cifras y cálculos.
Si la crisis que se predijo se confirmó en los hechos y no se hizo nada para evitarla, puede afirmarse que se ha puesto en peligro el objetivo de construir un modelo de gestión que haga de la pesca una actividad biológica, económica y socialmente sustentable.
¿Apostaron las autoridades a que lo previsto no pasaría? ¿Analizaron que los riesgos eran solo fantasías? ¿Eligieron escuchar y esperar en lugar de actuar y prevenir? ¿Encontraron obstáculos insalvables para avanzar en las soluciones? ¿Supusieron que nada podía hacerse? ¿Decidieron que la pesca no merecía que se hiciese algo? ¿O es que todavía no se pudo reunir el consenso necesario para cambiar lo que se necesita cambiar? Las preguntas y las hipótesis pueden multiplicarse hasta el infinito. Lamentablemente el silencio oficial solo nos deja espacio para las especulaciones.
Frente a tanto mutismo de las autoridades nacionales y a la deliberada omisión de abordar el tema que hace el Consejo Federal Pesquero, contrasta y, para bien, la conducta activa y responsable adoptada por la mayoría de las autoridades de las provincias y de los municipios pesqueros.
Por estos días el gobernador de Chubut, rodeado de los legisladores nacionales y de las autoridades de pesca de la provincia, continuó con las gestiones para encontrar soluciones, mientras que analiza alternativas para iniciar una prospección sobre el langostino ante la incertidumbre que rodea la actividad del INIDEP y avanza en las negociaciones para la apertura de la temporada en el Golfo San Jorge.
También en Buenos Aires se suceden las reuniones de las máximas autoridades con armadores y gremialistas para tratar de evitar que Mar del Plata estalle y sean sus chispas las que iluminen el tema pesquero que hasta ahora ha estado inexplicablemente ausente en la agenda pública nacional.
Si no fue posible llegar a tiempo para impedir este desenlace previsible. Puede ser un tiempo propicio para encontrar soluciones para el conjunto. Para ello que suena casi a utopía en “el país del sálvese quien pueda” no se necesita un milagro sino decisión y gestión política, superar mezquindades, no reflotar añejos conflictos interflotas o entre regiones o entre capital nacional o extranjero, seriedad en las negociaciones entre empresas y gremios y un estado que sepa defender la importancia que tiene la actividad pesquera como generadora de riqueza y empleo dentro de un modelo de sustentabilidad de los recursos de nuestro mar. A veces las crisis pueden transformarse en oportunidades, solo a veces, esperamos y anhelamos que esta sea una.
18/02/08
PESCA & PUERTOS
