Una parte de Mar del Plata, la que no sale en las revistas o en los suplementos de verano en estos días, cubre un espacio de 20 manzanas, donde están emplazadas 300 fábricas que despachan 400 buques pesqueros y levantan, anualmente, el 70% de la pesca argentina (un total de 750.000 toneladas) que, en un 97% serán exportadas.
Una parte de Mar del Plata, la que no sale en las revistas o en los suplementos de verano en estos días, cubre un espacio de 20 manzanas, donde están emplazadas 300 fábricas que despachan 400 buques pesqueros y levantan, anualmente, el 70% de la pesca argentina (un total de 750.000 toneladas) que, en un 97% serán exportadas.
La pesca en la Argentina genera exportaciones por 1400 y 1500 millones de dólares. En Mar del Plata se emplean de forma directa a 20.000 personas, y a otras 5000 de forma indirecta.
MAR DEL PLATA.- Esta industria, creada en una abrumadora mayoría por inmigrantes italianos, está en riesgo.
“Pedimos extender la reducción de los derechos de exportación al resto de los productos y lograr reintegros del 10% -el máximo que tenemos- también para todos los productos”, resumió Oscar Fortunato, presidente del Consejo de Empresas Pesqueras Argentinas (CEPA), que agrupa a las exportadoras marplatenses.
El oxígeno financiero que reclama el sector tiene un destino de “mera recomposición”. “Es sólo para mantenernos a flote y pasar el bache de la caída de precios internacionales y para no perder el mercado”, destacó Fortunato, en diálogo con LA NACION y junto con los referentes de los principales grupos pesqueros de la ciudad: Gabriel Quercia, presidente de Cámara de la Industria Pesquera (Caipa), Luis Angel Fernández, (Moscuzza), Guillermo Ferreira, (Valastro), y Alberto Procelli (Solimeno).
Europa y Brasil son los principales compradores de pescado argentino. La crisis internacional derrumbó los precios. “Pero tenemos que vender igual, incluso a pérdida, porque después no es fácil volver a entrar a esos mercados”, indicó Ferreira.
En Brasil, por ejemplo, que compra el 32% del total exportado, China logró colocar la variedad Alaska Pollock con el nombre de “Merluza de Alaska”, a entre 600 y 1000 dólares la tonelada más barato que la merluza argentina (que cotiza en alrededor de US$ 3000). “Si los mercados se acostumbran a los sustitutos, y son más baratos, es difícil volver”, repiten.
“No somos una industria de saldos de exportación. Nuestro mercado interno es Brasil. Por el volumen de producción que tenemos, el mercado interno no es relevante”, señaló Procelli. La pesca exporta por encima del 97% de lo que produce.
Pero la mayor preocupación de la pesca es el aumento desenfrenado de los costos internos (ver infografía), que en un 60% está compuesto por combustible y una mano de obra agrupada en 9 sindicatos, que en 2011 recibieron un aumento del 30% y en las paritarias 2012 advierten que pedirán un 50% de aumento.
El incremento de costos se viene arrastrando desde hace por lo menos tres años. El año último, cuando la situación comenzaba a vislumbrarse como terminal, las cámaras sectoriales de todo el país se unieron por el espanto y crearon el Consenso Pesquero Nacional. Su reclamo fue escuchado y lograron por 180 días la reducción del 90% de los derechos de exportación para los derivados de la pesca. A fines de este mes, se vence. Y mientras CEPA y Caipa elevaron un pedido para extender las exenciones al resto de los productos, trascendió que un decreto prorrogaría, en los mismos términos, la ventaja anterior.
“La reducción fue muy buena. Pero al poco tiempo, con dos aumentos del gasoil que hubo, se licuaron los beneficios”, amplió Fortunato.
Cada barco, para salir, precisa 400.000 litros de combustible cuyo costo, en los últimos siete meses, se encareció un 33%. El gasoil viene de las refinerías de YPF de La Plata. “Nuestra flota consume 12 millones de litros. Para ponerla a navegar tengo que depositar, en efectivo, y por adelantado, 5 millones de pesos. Sólo así te liberan los 20 camiones de combustible a la ruta”, subrayó Fernández.
Diferencia
La diferencia que los empresarios marplatenses señalan tener con sus pares de la Patagonia es de forma y de fondo. Aquí, el carácter “italiano y familiar” está muy presente, mientras que en la Patagonia, remarcan, están más presentes los capitales españoles.
Por otro lado, Mar del Plata se destaca por un modelo de integración (una empresa pesca desde merluza hasta langostino y calamar, y cuenta con frigoríficos en tierra y flota en los muelles) en contraposición del modelo “de monocultivo” sureño.
“La integración nos permite compensar cuando falta pesca de un producto. Pero hoy estamos por debajo del punto de quiebre. No importa ni la habilidad industrial ni comercial. Nadie puede con la paridad efectiva”, sostuvo Quercia, tras destacar algo en lo que todos coinciden: la dimensión social de la pesca. Es que cada uno de estos grupos emplea, tranquilamente, 1000 personas entre personal embarcado y en las plantas. Y en crisis, o en paritarias, el ambiente es virulento. En 2011, el parate de fábricas durante las negociaciones salariales llegó hasta los 90 días.
Por cada kilo de merluza pescado se obtienen 450 gramos de filete que es, en definitiva, lo que se vende: bloques congelados de filetes individuales interfoliados. Este 45% de comercialización efectiva tiene un impacto todavía mayor en cada aumento de los costos.
Por otro lado, la financiación, en la pesca, y en Mar del Plata, es ciento por ciento propia de cada empresa. El nivel de endeudamiento es cero.
“Esta es una industria acostumbrada a manejar incertidumbre, desde el momento en que sale a pescar y no sabe cuánto va a recolectar. Pero si no resolvemos rápido esta situación, muchas no van a poder continuar”, advirtió Fortunato.
“Necesitamos además una inyección de capital, por eso el pedido de reintegros”, acotó Quercia.
“Pero ese dinero es sólo para mantenernos funcionando, no podemos soportar nuevos costos”, agregó Procelli.
Los marplatenses ven llegar el humo del Sur y entienden que el fuego está en la Patagonia. Sus pares comienzan a llamarlos para “rematar” barcos y empresas. “Una empresa japonesa seria, y de muchos años en el caladero de Puerto Deseado y Ushuaia, con mucha banca de la casa matriz, nos vino a preguntar qué parte queríamos de la empresa”, recuerda Fernández, de Moscuzza. “El precio es cero. Es por el pasivo contingente de la gente”, amplía Quercia.
Es justamente su modelo de integración vertical entre producción e industrialización, y horizontal entre la materia prima (merluza, langostino, calamar) y productos (congelados, empanados) lo que les garantizó la subsistencia hasta ahora. Pero el margen de maniobra se terminó.
Una mañana en el puerto
La congestión genera costos ocultos y situaciones como esta. Un armador “hace lugar” (foto 1) separando del muelle dos buques para el potero que está llegando (foto 2), el Nanina. El espacio es tan reducido que la proa sobresale y toca un generador (foto 3). En la popa, la cosa fue peor: el roce con otro buque destruye una parrilla del potero (foto 4 y 5). Dos metros adelante y tres detrás fue todo el espacio que quedó tras el amarre
Foto: LA NACION / Mauro V. Rizzi
Por Emiliano Galli
07/02/12
LA NACION





