Nueve marineros chinos son “rehenes” de un conflicto financiero. A bordo hay 7.600 autos. Los trabajadores permanecen a la espera de que se resuelvan las negociaciones que mantienen los sindicatos, los bancos taiwaneses que financiaban el proyecto, el puerto de Amberes y la propia naviera.
Nueve marineros chinos son “rehenes” de un conflicto financiero. A bordo hay 7.600 autos. Los trabajadores permanecen a la espera de que se resuelvan las negociaciones que mantienen los sindicatos, los bancos taiwaneses que financiaban el proyecto, el puerto de Amberes y la propia naviera.
Atrapados a miles de kilómetros de su país, 9 marineros chinos viven desde hace casi medio año en un barco en el puerto belga de Amberes, donde permanecen bloqueados a causa de los problemas financieros de la empresa propietaria de su navío.
Los marinos, el capitán y 8 de sus compañeros, son los últimos de una tripulación de 25 hombres que comenzó en marzo esta inesperada aventura a bordo del “Ladybug”, buque de bandera panameña propiedad de la firma Taiwan Maritime Transportation.
Poco a poco, hasta 16 de los tripulantes pudieron regresar a su país, los 2 más recientes esta misma semana.
Uno de ellos fue padre y aún no había tenido ocasión de conocer a su hija, y el otro viajó de regreso debido al delicado estado de salud de su padre.
Algunos de los marinos llevan hasta 14 meses embarcados, a la espera de que se resuelva el conflicto y atados por el contrato que firmaron con el armador.
En sus manos, y en parte detrás de la sorprendente situación, se encuentra el suculento cargamento que porta el “Ladybug”.
En total, 7.600 vehículos de fabricación china así como coches europeos de segunda mano destinados al mercado africano, con un valor de 17 millones de euros.
Los trabajadores permanecen a la espera de que se resuelvan las negociaciones que mantienen los sindicatos, los bancos taiwaneses que financiaban el proyecto, el puerto de Amberes y la propia naviera para buscar una solución a la situación del barco, la mercancía y los marinos.
Mientras tanto, el caso despertó la solidaridad de los belgas, canalizada a través de la asociación Movimiento Nacional Realista de la ciudad de Beveren, dedicada a proteger los monumentos de la Primera y Segunda Guerra Mundial, y que excepcionalmente organizó una colecta para reunir alimentos no perecederos para la tripulación.
“El resultado fue que mucha gente de distintos municipios dio un paso al frente para ayudarlos”, dijo el presidente de esta asociación, Alain Heyrman.
El eco de esta iniciativa y de las supuestas dificultades que atravesaban los marineros llevó a reaccionar a la Embajada de China en Bélgica, que visitó a la tripulación y se ocupó de desmentir que se encontrase en una situación desesperada después de que el asunto saltase a la prensa local.
En concreto, la diplomacia china se queja de que la combinación entre “las barreras del lenguaje y la cobertura selectiva de los medios locales” diera pie a un retrato exagerado de los problemas de los marineros, que desde entonces prefirieron evitar el contacto con la prensa.
Las autoridades portuarias se involucraron en el caso, ocupándose de la situación “desde que llegaron al puerto” y consiguiendo, entre otras cosas, “el pago de las últimas nóminas de los tripulantes”, según explicó el capitán jefe del Apostolado del Mar de Amberes, el padre Jos Vanhoof.
El padre Vanhoof trata directamente con la tripulación porque el Apostolado dispone de un centro para todos los marineros que llegan al puerto de Amberes en donde “pueden conectarse a internet, hablar con su familia por Skype, leer la prensa o tomarse una cerveza”.
Según Vanhoof, el próximo paso para Ladybug será “cambiar de ubicación dentro del puerto, atracar en un muelle y descargar la carga”, lo que facilitará que el resto de los marineros “puedan ser repatriados”.
Ping-pong y vóley
El capitán jefe del Apostolado del Mar de Amberes, el padre Jos Vanhoof, en perfecto castellano, indica que lo peor de la situación de los marineros chinos es “el aburrimiento y la inseguridad sobre lo que pasará al final del contrato”, aunque afirma con seguridad que “serán repatriados”.
Respecto al estado físico, Vanhoof señala que los marinos “están en buenas manos” y que en su actual casa flotante tienen “tenis de mesa y una cancha de vóleibol con las que pueden mantenerse en buena forma”.
¿Para cuándo?
El representante sindical de ACV-Transcom, Christian Roos, dijo que “se está negociando una salida a este problema”, aunque en la actualidad no hay ningún “acuerdo sobre la mesa”, por lo que prefiere ser cauto y no dar una fecha sobre un posible desenlace del asunto.
02/09/13
LA NUEVA PROVINCIA
