La flota pesquera presagia un "recrudecimiento" de los ataques a partir de las próximas semanas.
La flota pesquera presagia un "recrudecimiento" de los ataques a partir de las próximas semanas.
Bilbao. No siempre después de la tormenta llega la calma. No al menos en el océano Índico, donde decenas de arrantzales se desplazan para faenar en busca de bancos de túnidos. Y es que, con el final de la época de las lluvias monzónicas las barcas de ojeadores y los buques nodrizas piratas se echan a la mar a la caza de sus particulares botines.
Las fuerzas militares desplegadas en la zona de acción de estos corsarios advierten, año tras año por estas fechas, del peligroso agravamiento de la situación; ataques selectivos, armamento cada vez más moderno y, ante todo, grupos de personas despiadadas que persiguen embolsarse un dinero rápido y limpio. En la actualidad, según datos facilitados por la organización EcoTerra, más de una veintena de embarcaciones están secuestradas y alrededor de cuatrocientos marineros permanecen retenidos en contra de su voluntad.
El último barco liberado a finales del pasado mes de julio, el Sakoba, estuvo varado en algún punto de la costa somalí desde marzo.
Lo ocurrido con este pesquero, propiedad de un armador español pero con pabellón keniano, ha reactivado las alertas de las compañías navieras que faenan en la zona. Así, el director de Albacora, empresa que tiene el mayor número de buques en esas latitudes, advertía hace unos días del más que probable "recrudecimiento" de la actividad de los piratas del Índico.
Eso sí, Ricardo García, mostraba su esperanza de que los atuneros vascos no vuelvan a convertirse en objetivo de los señores de la guerra, temerosos de la seguridad privada que viaja a bordo con la misión de repeler cualquier intento de abordaje, sea a la hora que sea. A pesar de ello, las fuerzas militares que navegan por la zona en el marco de la Operación Atalanta insisten en la precaución como principal arma para evitar cualquier incidente de esta naturaleza.
Los ataques desesperados perpetrados no hace mucho tiempo por grupos de piratas a embarcaciones francesas provistas de munición de combate ponen de manifiesto la impaciencia y la zozobra que dirigen las inhumanas acciones de estos corsarios del Índico. Prueba de ello es que en febrero mataron a dos tripulantes de un pesquero taiwanés. La crueldad, pues, sigue presente en sus actos.
Por eso el máximo representante de esta potente compañía vasca advertía de que los piratas buscarán "otros buques que ofrezcan menos resistencia" para poder secuestrarlo y obtener un rescate. Y para ellos, el curso empieza a finales de este mes o a primeros de septiembre, cuando el periodo del monzón abandona el área marítima donde trabajan, cuyo radio de acción se ha trasladado a aguas más tranquilas, como aseguraba García.
En alerta "La piratería ha decrecido un montón -añadía el director de Albacora-, pero no ha desaparecido". De hecho, su estela únicamente se había disipado entre el fuerte oleaje provocado por las lluvias monzónicas. Así las cosas, nada ha cambiado en la zona y "toda la flota está prácticamente en alerta". La incorporación de agentes de seguridad privada a la tripulación de los atuneros se convirtió en una especie de salvavidas, "una tranquilidad dentro de la intranquilidad que supone" salir a faenar, decía García.
Sin embargo, y como el director de Albacora reconocía, "a pesar de tenerlos a bordo en el año presente también ha habido incidentes", aunque, "por suerte y por el equipamiento que hay, se ha conseguido rechazar los ataques". De hecho, los representantes oficiales de las principales flotas pesqueras que operan en la zona insisten en la necesidad de embarcar Infantes de Marina. Así lo continúan planteando, sin éxito, en todas las reuniones que periódicamente mantienen con los interlocutores del Ministerio de Defensa. "Nadie está libre de que se pueda producir algún incidente", zanjó García.
"Teniendo en cuanta la seguridad de todos los buques pesqueros que están operando en la zona del Índico, creo que incidentes, posiblemente los haya, pero se saldarán con intercambio de disparos y, cuando vean que la posible presa responde con fuerza, se retirarán a buscar otro buque que les ofrezca menos resistencia", concluyó.
23/08/10
DEIA.COM

