El santo nació en la villa de Frómista (Castilla y León), donde planifican crear un centro que aglutine a todos los que tienen especial devoción por esta figura tan particular. Patrono de los hombres de mar.
El santo nació en la villa de Frómista (Castilla y León), donde planifican crear un centro que aglutine a todos los que tienen especial devoción por esta figura tan particular. Patrono de los hombres de mar.
Es venerado a una y otra orilla del Atlántico. En la Argentina, uno de los barrios más tradicionales de la ciudad de Buenos Aires lleva su nombre. En España, se le rinde un doble homenaje, tanto en la ciudad donde descansan sus restos, Tuy (Galicia); como en la villa natal de Frómista (Castilla y León), hermanadas desde 1985. Es Pedro González Telmo, conocido popularmente como san Telmo, el patrono de los hombres del mar.
Su lugar de nacimiento
La noticia por estos días es que ha sido declarada en ruina la casa donde nació el santo, en Frómista. Allí, el Ayuntamiento plantea la posibilidad de crear un centro que reúna a todas las cofradías que rinden homenaje a este personaje tan particular. Sería un modo de recordar su figura y convertir a Frómista en un punto de encuentro de todos aquellos que tienen especial devoción por san Telmo. “La casa es muy antigua y se ha venido abajo con el paso del tiempo. El propietario falleció y no se tienen noticias de los herederos; por eso, llegado el momento ejecutaríamos el derribo y si nadie se hace cargo el solar pasaría a ser propiedad municipal”, explicó el alcalde Fernando Diez.
De cómo Pedro González se transformó en san Telmo
Pedro González -quien con el correr de los años adquirió fama de santidad y la religiosidad popular curiosamente mutó su nombre a Telmo- nació en Frómista en 1185. Fue bautizado en la iglesia de San Martín, un bellísimo templo de estilo románico del siglo xi considerado “la joya” de la villa castellana. Era sobrino del obispo de Palencia, ciudad cercana donde a instancias de su tío realizó estudios eclesiásticos y llegó a ser nombrado deán. Pero un hecho muy particular cambiaría su vida: el mismo día en que lo designaron en tan alto cargo, el joven Pedro González haciendo alarde de su habilidad para cabalgar intentó desfilar delante de todo el pueblo mostrando sus mejores galas, pero el caballo se encabritó y dio por tierra con el jinete. La multitud, lejos de admirarlo, se mofó del flamante deán que se retiró humillado.
Inmediatamente, decidió abandonar los honores humanos e ingresar en la orden de los dominicos.
Comenzó entonces una incesante tarea de predicación que lo llevó hasta Galicia y el norte de Portugal. Además de extenderse su fama de santidad, promovió importantes mejoras sociales, como la construcción de caminos y puentes. Falleció en Tuy –ciudad donde también es patrono y se le rinde un devoto culto- en 1246.
Rápidamente, se le atribuyeron hechos sobrenaturales, particularmente entre los hombres de mar cuando surgían inconvenientes en la navegación. Así, marineros y pescadores extendieron su popularidad por todos los puertos del mundo conocido; y posteriormente al Nuevo Mundo. Esto generó que se construyeran numerosas ermitas y capillas dedicadas al santo. De este modo se convirtió en protector de los navegantes y entró a formar parte de una de las devociones populares más conocidas en España, Portugal y Sudamérica.
La celebración de san Telmo en Frómista
El domingo siguiente al Pascua se celebra al santo patrono de Frómista. “Ese día se sale a las diez de la noche desde la parroquia que lleva el nombre de san Pedro (por Pedro González Telmo, justamente), se pasa por la casa donde nació el santo y se regresa a la Iglesia. El tema es que sabemos a la hora que se sale, pero nunca cuando llegaremos”, cuenta el Alcalde. Es una peregrinación cívica, no religiosa que se conoce popularmente como “El ole” de san Telmo, cuyo origen data del siglo xvii con la llegada de las reliquias del santo a Frómista. Ese día, los cofrades, los pobladores y sus autoridades, portando una cruz con el imagen del Santo (vitor) marchan lentamente por las calles, al tiempo que bailan empuñando escobas, garrotes y porras al grito de ¡Viva san Telmo! ¡Esto no es ole!, acompañados por una banda de música. Una vez que llegan a la casa del santo, desde una pequeña ventana se pronuncia un esperado sermón satírico burlesco que hace alusión a las autoridades, agrupaciones y distintos sectores del ámbito local.
En la Argentina
En la República Argentina todo un barrio y hasta un club de fútbol llevan el nombre “San Telmo”. Su origen se remonta a la llegada de los dominicos a principio del siglo xvii a la incipiente aldea de Buenos Aires, quienes pusieron bajo su patrocinio el primer convento, al tiempo que los hombres de mar fundaban la cofradía “Hermandad de San Pedro González Telmo”. En 1806, el obispo Lué al erigir como parroquia la iglesia del barrio del “Alto de San Pedro”, la puso bajo la advocación de san Pedro González Telmo. Con el tiempo, el nombre de la parroquia fue imponiéndose y ya en el siglo xix el barrio pasó a denominarse San Telmo.
Dos prohombres de la historia argentina fueron grandes devotos del santo castellano: Manuel Belgrano y Guillermo Brown. El primero de ellos, además de ser el creador de la bandera nacional, en 1799 al fundar la Escuela de Náutica la puso bajo la protección de san Telmo; y el almirante irlandés, el máximo héroe naval de su patria adoptiva, como buen católico asistía todos los domingos a misa en la iglesia de san Telmo.
Con el tiempo, este popular barrio de Buenos Aires fue sufriendo transformaciones, hasta convertirse hoy en uno de los más representativos de capital argentina, y recorrido obligado del turismo. Sobre todo porque dicen, “mantiene la particularidad, o mejor dicho la alegría, de ser el único barrio porteño que se regocija en albergar en sus calles el arrabal tanguero y el alma negra del candombe”.
De este modo, entonces, a miles de kilómetros de distancia, unos bailan al ritmo del “Ole de san Telmo”; y otros, envueltos en cortes y quebradas, van forjando la danza que identifica a los porteños: el tango.
Soy Corresponsal, Usuario: fabricioodwyer
11/01/10
LA NACION

