Residuos del inicio del sistema solar

Los cometas son cuerpos celestes pequeños, muy frágiles y con formas irregulares que giran alrededor del Sol en órbitas elípticas o parabólicas. Están compuestos principalmente por hielo de agua, polvo y otras sustancias, como dióxido de carbono, metano, amoníaco y cianuro.

Son sus órbitas elípticas las que más los acercan al Sol. La luz solar evapora, o sublima, el hielo que lo compone, por lo que su brillo aumenta enormemente. El cometa desarrolla entonces una brillante cola, que en ocasiones se extiende muchos millones de kilómetros en el espacio. La cola está generalmente dirigida en la dirección opuesta al Sol.

Está formada por moléculas de monóxido o dióxido de carbono que vientos solares de unos 400 kilómetros por hora suelen expulsar de la "cabeza" o núcleo, de no más de diez kilómetros de diámetro.

Hasta que en 1977 el astrónomo danés Tycho Brahe probó que eran cuerpos celestes, las apariciones de grandes cometas se consideraron simples fenómenos atmosféricos. En el siglo XVII, Isaac Newton demostró que los movimientos de los cometas están sujetos a las mismas leyes que mantienen a los planetas en sus órbitas.

Durante un tiempo se creyó que los cometas llegaban al sistema solar interior desde el espacio interestelar, pero actualmente se cree que se originaron a partir de material planetario residual de los inicios del sistema solar. El astrónomo holandés Jan Hendrik Oort propuso la teoría de que una "nube" de dicho material se acumula mucho más allá de la órbita de Plutón, y que los efectos gravitatorios de las estrellas que ocasionalmente se acercan a pocos años luz de nuestro sistema solar son los responsables de enviar ese material camino al Sol, en cuyas cercanías se hace visible bajo la forma de cometas.

18/01/07
LA NACION

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