"Durante décadas, hemos hablado y hablado sobre la necesidad de terminar la adicción centenaria de Estados Unidos a los combustibles fósiles.
"Durante décadas, hemos hablado y hablado sobre la necesidad de terminar la adicción centenaria de Estados Unidos a los combustibles fósiles.
(…) Una y otra vez, el camino hacia adelante ha sido bloqueado, no sólo por el lobby de la industria petrolera, sino también por la falta de franqueza y coraje políticos".
Barack Obama, discurso del 15 de junio por el derrame de petróleo de BP
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Sería agradable que, por una vez, un presidente hablara sinceramente a los norteamericanos sobre el tema de la energía. Barack Obama no es ese presidente. Su discurso de la otra noche, tuvo el propósito de controlar el daño político -su propio daño-. Estuvo plagado de desinformación y mitología. Obama presentó una visión radiante de un Estados Unidos que adoptará una energía "limpia", supuestamente la energía eólica, solar y de biomasa. Ese hecho no tendrá lugar en muchas, muchas décadas; y quizás, nunca.
Para comenzar, no terminaremos nuestra "adicción a los combustibles fósiles" en ningún futuro cercano. El petróleo, el carbón y el gas natural satisfacen ahora el 85 por ciento de las necesidades energéticas de Estados Unidos. La Administración de Energía de Estados Unidos (EIA, siglas en inglés) espera que el consumo de energía crezca sólo un promedio de un 0,5 por ciento anual entre 2008 y 2035, pero eso implica aún un incremento de un 14 por ciento acumulado. El uso de combustible fósil aumentaría levemente en 2035 y aún representaría el 78 por ciento del uso energético total.
Bombitas de luz y ahorro energético
A menos que paralicemos la economía, seguiremos usando combustibles fósiles. Las bombitas de luz más eficientes, los electrodomésticos que ahorran más energía, los automóviles con más millaje por galón de gasolina reducirán el uso energético. Pero balanceando estos ahorros habrá más población (391 millones vs. 305 millones), más familias (147 millones vs. 113 millones), más vehículos (297 millones vs. 231 millones) y una economía mayor (casi doble en tamaño). Aunque se supone que las energías eólica, solar y de biomasa crecerán hasta 10 veces más rápidamente que el uso energético general, proveerán de sólo un 11 por ciento del suministro en 2035, mientras que en 2008 esa cifra era de un 5 por ciento.
Hay límites físicos para las nuevas fuentes energéticas, como lo demuestra Robert Bryce en su libro "Power Hungry: The Myths of ‘Green’ Energy and the Real Fuels of the Future". Supongamos que un inventor "descubrió la manera de convertir soya en combustible para jets", escribe Bryce. "Incluso con esa invención, la conversión de toda la producción anual de Estados Unidos a combustible para jets proporcionaría sólo un 20 por ciento de la demanda norteamericana de combustible para jets". El combustible para jets, a su vez, representa alrededor del 8 por ciento del uso de petróleo en Estados Unidos. En forma similar, las turbinas de viento tienen un potencial limitado; deben estar apoyadas por capacidad generadora de reemplazo cuando no hay brisa.
Secuelas del derrame
Las consecuencias del derrame de BP se presentan en dos partes. La primera es conocida: el incendio, las muertes, los pájaros cubiertos de petróleo, los pantanos contaminados, las playas cerradas, los pescadores angustiados. La segunda es menos apreciada: un debate energético más confuso.
Obama ha convertido el vilipendio del petróleo y de la industria petrolera en el puntal de su retórica. Eso es intelectualmente superficial, pero políticamente comprensible. La "energía limpia" no desplazará el petróleo ni logrará enormes reducciones en las emisiones de gases de invernadero. A menos que se produzcan importantes avances tecnológicos (por ejemplo, una "captura del carbono" poco costosa para bombear el CO2 en la tierra) o un viraje masivo, poco plausible, a la energía nuclear, esto simplemente, no sucederá. Es una quimera. En la proyección de la EIA de un "caso de referencia", las emisiones de CO2 en 2035 son un 8,7 por ciento más elevadas que en 2008.
En lugar de admitir lo obvio, Obama implica que otros países lo están desmintiendo. "Países como China están invirtiendo en puestos de trabajo e industrias de energía limpia que deberían estar aquí, en Estados Unidos", expresó en su discurso. Si China puede hacerlo, ¡también podemos nosotros! Bueno, sea lo que sea que esté logrando China en energía eólica y solar, es totalmente secundario. En 2008, los combustibles fósiles satisficieron el 87 por ciento de sus necesidades energéticas, informa la Agencia Internacional de Energía. Sólo el carbón representó el 66 por ciento. China representa alrededor de la mitad del consumo mundial de carbón duro. Su utilización creció un 10,7 por ciento anual entre 2000 y 2008.
Impuesto al petróleo
Las líneas generales de una política energética pragmática son claras. Un impuesto gradualmente en aumento sobre el petróleo o el carbón llevaría a la gente a utilizar productos energéticamente más eficientes, entre ellos automóviles. Todo impuesto debería ser parte de un programa presupuestario que incluyera importantes recortes de gastos. Este enfoque es mejor que las confusas propuestas de límite e intercambio adoptadas por la Cámara y por el gobierno -que inevitablemente estarían llenas de excepciones y preferencias-. Finalmente, se debería proseguir la investigación en busca de fuentes de energía menos costosas y más limpias.
Mientras tanto, es imperativo utilizar petróleo y gas natural del país. Esto crea puestos de trabajo y limita la dependencia o las importaciones poco seguras. Los avances en las perforaciones han abierto vastas reservas de gas natural atrapado en esquisto ("gas de esquisto"). El error humano y las medidas expeditivas de BP parecen haber sido la causa principal del derrame. Dado el sólido historial de seguridad de la industria, la moratoria de seis meses para las perforaciones de aguas profundas de Obama no está justificada y debería ser acortada. Lo que sostiene a los combustibles fósiles no es el lobby de la industria sino la realidad de su necesidad económica y social. Un presidente franco hubiera señalado ese hecho.
Por Robert Samuelson
24/06/10
EL DÍA
