Cuando la naturaleza no colabora, el hombre se las ingenia; por eso, si no hay olas naturales, practicar flowboard es una buena alternativa para los fanáticos de los deportes en el mar.
Cuando la naturaleza no colabora, el hombre se las ingenia; por eso, si no hay olas naturales, practicar flowboard es una buena alternativa para los fanáticos de los deportes en el mar.
Pocas cosas pueden resultar más decepcionantes para un amante del surf que un mar tranquilo. El efecto que supone llegar a la playa en busca de olas y encontrarse con una superficie chata y casi sin movimiento frustra a cualquier devoto o aficionado de los deportes acuáticos. Pero cuando la naturaleza no colabora, el hombre se las ingenia.
Desde el comienzo de la temporada 2014, en el estacionamiento del parador Los Dedos, en la parada 1 de la Playa Brava de Punta del Este, hay una buena alternativa para las mareas quietas. Allí se instaló un simulador de olas para practicar flowboard, un deporte acuático que combina técnicas de surf, bodyboard, snowboard y skate.
La estructura para realizar esta disciplina se compone de una rampa de lona tensada, un caudal de 48 mil litros de agua que, mediante una turbina de 90 kilowatts, impulsa una lámina de agua a una velocidad de 22 km/h en dirección ascendente a la rampa. La gravedad y la fuerza del agua permiten flotar en una tabla sobre la corriente artificial.
La responsable de la iniciativa que visita por primera vez Punta del Este es la empresa argentina Olas del Sur, representante de la internacional Wave Lock, que tiene presencia en 37 países y más de 190 olas artificiales en el mundo. En Sudamérica hay solo dos simuladores de este tipo: uno está instalado fijo en Chile desde hace seis años; el otro es el que estará en Punta del Este de la hora 10 a las 20 hasta el 30 de enero y luego visitará Piriápolis, Montevideo y Paysandú. “La idea es recorrer Argentina, Uruguay, Brasil y Perú. Ir haciendo una gira por Sudamérica para fomentar el deporte y que se dé a conocer esta atracción”, dijo a El Observador Gonzalo Fernández, presidente de Olas del Sur.
Según el empresario, el target de público es muy amplio. Según comentó, la recepción de la gente fue muy buena. “Cada uno que baja sale con una sonrisa que nos da placer”, sostuvo Fernández.
Los trucos que pueden hacerse en el flowboard son muy parecidos a los del skate y el snowboard. La relación más directa con el surf es el agua y el equilibrio, pero como en este caso la corriente viene de frente, cambia la manera de acomodar el cuerpo y hacer contrapeso.
En días de pocas olas, el flowboard es una buena alternativa tanto para amateurs como profesionales. Según Fernández, la experiencia es inigualable. “Yo vengo del surf y del skate. Esto para mí es la conjunción perfecta: estás en contacto con el agua y practicás trucos sin lastimarte”.
La seguridad es lo primero
El armado de la infraestructura lleva dos jornadas completas. Lo que llega con apariencia de camión termina siendo una especie de piscina inclinada sobre ruedas con barreras y un sistema de seguridad. El agua circula por un filtrado y vuelve luego hacia la ola. Cada semana se realiza un mantenimiento más exhaustivo, que incluye aspectos de limpieza y la tensión de la lona.
El material sobre el que se practica el deporte es ideal para amortiguar los impactos.
Es como una colchoneta elástica rodeada por goma espuma, lo que habilita a que tanto niños como adultos puedan hacer uso del servicio. Según sus responsables, desde niños de 4 años hasta señores de 65 han corrido esta ola artificial, de pie o acostados, según la habilidad de cada uno. Eso sí, los menores deben asistir con los padres, ya que es necesario firmar un deslinde de responsabilidad, donde se establece que el parador, el municipio y la intendencia no tienen responsabilidad sobre la máquina. El trabajo de los instructores es muy importante también como factor de seguridad. Ellos se ubican a los costados y detrás del participante para ayudarlo a pararse si cae o si pierde la tabla.
El simulador llegó en barco desde Canadá a Buenos Aires a comienzos de 2013. De ahí cruzó a Colonia, y después por ruta llegó a Punta del Este.
El movimiento en el que se inserta la iniciativa forma parte de una tendencia internacional que tuvo su auge desde el año 2000, cuando el deporte se popularizó en el hemisferio norte. Una muestra de esto son las ventas de máquinas que realiza la empresa madre, Wave Lock, ubicada en San Diego, California. La compañía vende unos ocho simuladores, cuyo valor oscila entre US$ 350 mil y US$ 2 millones.
Por Juan Marra
09/01/14
EL OBSERVADOR

