Preservar el Continente Blanco

El primer módulo argentino de energía limpia, denominado MAEL I, es un aerogenerador creado especialmente para la base Esperanza, en la Antártida argentina, por la empresa estatal rionegrina INVAP, la cual ya había provisto a las instalaciones de otro aparato de menor complejidad, con la finalidad de calefaccionar el laboratorio.

El primer módulo argentino de energía limpia, denominado MAEL I, es un aerogenerador creado especialmente para la base Esperanza, en la Antártida argentina, por la empresa estatal rionegrina INVAP, la cual ya había provisto a las instalaciones de otro aparato de menor complejidad, con la finalidad de calefaccionar el laboratorio.

En estos días, se conoció la noticia de la instalación del segundo equipamiento, que fuera llevado a bordo del buque "Canal Beagle", de la Armada Argentina.

El MAEL I aprovecha la fuerza del viento para calefacción e iluminación, además de obtener por electrólisis, a partir del agua, hidrógeno, combustible no contaminante que tiene varias aplicaciones, como alimentar un horno, un quemador, un generador de electricidad de 8 HP y un equipo de soldadura autógena.

La puesta en marcha efectiva del moderno equipamiento está prevista para el venidero mes de marzo y, cuando entre en servicio estable, permitirá que la base Esperanza (que, ubicada al pie de un glaciar, sobre una bahía del mismo nombre, en el norte de la península Antártica, es una de las seis que nuestro país tiene instaladas en el Continente Blanco) pase a utilizar, para su desenvolvimiento general, el 7% de energías alternativas, lo que la colocará entre las tres bases más avanzadas de todas las que diversos países tienen instaladas en el continente antártico.

La instalación del MAEL I está enmarcada en un proyecto que apunta a reducir, mediante la utilización de tecnologías alternativas, como el sistema viento-hidrógeno, el uso de combustibles fósiles en el 50%, en un lapso de 15 años. De esta manera, se logrará disminuir el impacto ambiental en un continente considerado como crítico, reduciendo, a la par, el costo de la energía empleada en la base.

Entre las finalidades del proyecto, figura generar un mínimo de 150 Kw empleando fuentes limpias y renovables, así como a reducir en 50% las emisiones de dióxido de carbono (CO2) y las horas de vuelo de helicópteros para el abastecimiento de combustibles, con el agregado de minimizar las posibilidades de derrames contaminantes accidentales.

Actualmente, la estación científica belga Princesa Elizabeth, que iniciara sus actividades en la presente campaña antártica, es la primera de todas las instalaciones de su tipo que trabaja con cero emisión de CO2.

No puede menos que aplaudirse la actitud del Instituto Antártico argentino en cuanto a la iniciativa llevada a cabo y el proyecto que la enmarca, que no es ni más ni menos que la preservación de un continente cuya frágil ecología está cada vez más amenazada por el accionar humano. Paralelamente, reconforta conocer las actividades del INVAP, que, trabajando calladamente, sorprende, una vez más, con un logro que ratifica la tecnología de nivel mundial que en su ámbito se aplica, como lo prueban los reactores nucleares de que ha provisto a diversas naciones.

30/01/09
LA NUEVA PROVINCIA – BAHÍA BLANCA

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