El embalse Alicurá, a 100 kilómetros de Bariloche, está tapado por las cenizas. Concentra el 95% de la producción de trucha del país y se vislumbran fuertes pérdidas.
El embalse Alicurá, a 100 kilómetros de Bariloche, está tapado por las cenizas. Concentra el 95% de la producción de trucha del país y se vislumbran fuertes pérdidas.
El agua brumosa del embalse Alicurá, donde se encuentra la mayor concentración de criaderos de truchas arcoiris del país, es una trampa mortal para los peces y la actividad acuícola nacional, que atraviesa por estas horas uno de los peores dramas de los que se tenga registro. Esta especie es responsable de más del 60% de la producción acuícola nacional.
A las micropartículas que vuelan por el aire a partir de la actividad del volcán Puyehue, afectando a la ganadería y la agricultura de la zona, se suman los materiales transportados por el agua. Por su cercanía a la zona más afectada, el embalse y sus millones de peces reciben más cenizas y sedimentos del volcán provenientes del Lago Nahuel Huapi, a través del Río Limay.
“La afectación es total”, explicó a El Cronista Marcelo López, titular de la firma Aguas Claras, una de las diez productoras de trucha arcoiris del embalse.
Se calcula que los perjuicios ya alcanzan los $ 40 millones. Mientras se resignan a la posibilidad de perder casi toda su producción, los criadores del embalse saben que necesitan de la ayuda oficial que, según dicen, viene en camino.
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Tuvimos una enorme respuesta de los organismos oficiales, desde el Senasa hasta el Ministerio de Agricultura, pasando por la Dirección de Acuicultura y otras dependencias provinciales”, explicó López. “La preocupación es que esta ayuda llegue en tiempo y forma”.
El Ministerio de Agricultura de la Nación homologó las declaraciones de emergencia agropecuaria en las tres provincias afectadas por las cenizas (Chubut, Río Negro y Neuquén) y en el caso de los criadores del embalse, se declaró la situación de desastre y se abrió así un paraguas para ellos. En estos días se están evaluando los montos y la forma de la ayuda, indispensable para que la actividad pueda resurgir de las cenizas.
Las truchas tardan entre 7 y 8 meses en alcanzar el peso indicado para entrar en el circuito comercial. Entre mayo y octubre se producen las fecundaciones, que son inducidas externamente, por los criadores. La mayoría de ellos podría perder los huevos fecundados y para el próximo año, inclusive puede ser necesario importar las ovas de las hembras para poder fecundarlas y lograr producir algo.
Las truchas son cazadoras y ahora, por la brumosidad del agua, no pueden alimentarse. Al no ver el alimento en el agua, no van a buscarlo. Este es el primero de varios efectos nocivos de su nuevo ecosistema. Además, las cenizas se les meten en las branquias dificultándoles la respiración. Según López, al momento, algunos peces ya manifiestan signos de asfixia. Por último, las cenizas lastiman a las truchas en esa zona tan sensible, abriendo la posibilidad a las múltiples bacterias del agua de infectarlas.
El 70% de la producción de trucha se vende en el mercado local, a restaurantes o supermercados, mientras el resto se exporta, siendo Europa y Estados Unidos los principales compradores. Los productores reciben entre u$s 6 y u$s 10 por kilo, según el corte y sus características, pero este año, los criadores del embalse podrían recibir prácticamente nada, si las cenizas siguen afectando a sus peces.
Por Julieta Camandone
23/06/11
CRONISTA.COM

