Estos moluscos fueron durante varios siglos unas de las exquisiteces de la costa neoyorquina, hasta que la mala calidad del agua acabó con ellos.
Estos moluscos fueron durante varios siglos unas de las exquisiteces de la costa neoyorquina, hasta que la mala calidad del agua acabó con ellos.
Un grupo de científicos estudia cómo devolver las ostras a la Bahía de Jamaica, unas aguas que hicieron famosa a la Gran Manzana por la calidad de sus moluscos, pero que la contaminación eliminó a principios el siglo XX.
"Las ostras eran uno de los recursos naturales más preciados de Nueva York, además de una de las principales fuentes de alimentación de sus habitantes", dijo ayer el biólogo marino Jeffrey Levinton en una entrevista con EFE, en la que detalló los pasos que se están dando para que esos preciados animales vuelvan a criarse en el Nueva York del siglo XXI.
Estos moluscos fueron durante varios siglos unas de las exquisiteces de la costa de Nueva York y su presencia se extendía por más de 900 kilómetros cuadrados, hasta que la mala calidad del agua acabó con ellas, algo a lo que el equipo liderado por Levinton quiere poner remedio apoyado por algunas instituciones.
Este científico de la Universidad del Estado de Nueva York (SUNY, por su sigla en inglés) ha dedicado buena parte de su vida a estudiar las especies autóctonas de esta parte de la costa este de Estados Unidos y ahora se ha sumergido en un estudio que despierta el interés de los políticos de la zona y que es seguido de cerca por la prensa local.
"En un plazo de tres años sabremos si la Bahía de Jamaica -situada al sudoeste de Long Island- puede volver a ser un criadero excepcional de ostras", dijo Levinton, cuyo equipo ha depositado ostras adultas en varios contenedores en esas aguas, para determinar si pueden sobrevivir y reproducirse con normalidad.
Esos exquisitos mariscos, que se comercializaban por los Estados Unidos del siglo XIX con auténtico éxito y que se exportaron incluso a Europa, acabaron desapareciendo de las aguas neoyorquinas debido, según el biólogo, a "la contaminación del mar con las aguas residuales de la ciudad, así como a una sobreexplotación pesquera".
El Departamento de Salud de Nueva York prohibió en 1921 el consumo de ostras de la Bahía de Jamaica, después de que se relacionara a esos moluscos con varias epidemias en la ciudad, como un brote de fiebre tifoidea en 1911.
"Ahora las ostras son mucho menos abundantes en la zona de Nueva York de lo que lo fueron y se cosechan en el estrecho de Long Island (en la costa norte de la isla)", señaló Levinton, cuya investigación cuenta con el apoyo del congresista demócrata Anthony Weiner, el Servicio Nacional de Parques Naturales y varias agencias estatales.
La razón del estudio no es que esos moluscos puedan volver a consumirse directamente de las aguas de Nueva York, sino mejorar la calidad del mar en una costa muy castigada por la cercanía de una metrópolis como la Gran Manzana, cuyo aeropuerto más importante, el John F. Kennedy, se encuentra justo en esa zona.
La recuperación de esos moluscos es algo "de vital importancia" para la salud ambiental de la costa neoyorquina, ya que su presencia de nuevo atraería, según el biólogo, "a muchas otras especies acuáticas" y, sobre todo, porque mejorarían "la calidad de las aguas".
"Las ostras tienen la capacidad de filtrar el agua. Consumen algas y así pueden mejorar los niveles de nitrógeno y de oxígeno", explicó Levinton, quien aseguró que las aguas de la Bahía de Jamaica son pobres en oxígeno, algo que aleja a muchos peces y a otras especies.
El estudio pretende así esclarecer cómo reacciona el ecosistema actual a la presencia de las ostras y si las larvas de estos moluscos que llegan a la zona provenientes de otras áreas son capaces de pegarse a las conchas de las ostras adultas que los científicos han colocado y reproducirse.
"Tras tantas décadas de alteración y destrucción de su hábitat, necesitamos estudiar el potencial colonizador de las larvas, así como detectar qué enfermedades pueden padecer", señaló Levinton, quien elaborará un mapa de posibles ubicaciones de arrecifes artificiales donde, si todo va bien, se podrían colocar hasta diez mil ostras.
Por David Valenzuela (EFE)
19/08/09
LA CAPITAL (Mar del Plata)
