No esperar nada del Estado y viajar para firmar entre privados

El decreto 1010 que firmó en 2004 el presidente Néstor Kirchner es para algunos armadores nacionales y miembros de la marina mercante tal vez para el sector la medida de gobierno más importante desde el retorno de la democracia.

El decreto 1010 que firmó en 2004 el presidente Néstor Kirchner es para algunos armadores nacionales y miembros de la marina mercante tal vez para el sector la medida de gobierno más importante desde el retorno de la democracia.

El decreto era una solución pragmática para los problemas heredados de una bandera nacional en vías de extinción y una industria naval añorante.

La medida era admonitoria en el siguiente sentido: hacemos esto hasta tanto en la Argentina se dé una nueva ley para la marina mercante y la industria naval. Y puso un límite de tiempo (dos años, art. 21).

El Congreso trabajaba demasiado en esa época y ni tiempo para leer el decreto tuvo. Menos aún para debatir sobre la multiplicidad de proyectos elevados por los privados. Vencido el plazo, el "gancho" fue menos pragmático que resignado: se prorrogó hasta que exista una ley. Por los siglos de los siglos, amén.

La industria naval, en tanto, que en esencia debía ser el engranaje que mejor debía encastrar en la liturgia K, se quedó sin patrocinio, y ve atónita como el software, el ensamble de productos tecnológicos y la eterna industria automotriz la sacan de agenda.

"No nos queda otra que hacer acuerdos entre privados. Subirnos nosotros a los aviones, viajar a Brasil y Uruguay, y firmar acuerdos. Del Estado no podemos esperar mucho, y perdimos mucho tiempo pidiendo sin éxito. Brasil necesita 200 buques supply, la hidrovía es el futuro del desarrollo de la región y hacen falta barcazas y remolcadores. Hablamos de hacer los cuerpos en la Argentina y ensamblarlos en Brasil", confesaba un industrial naval, optimista por el reciente viaje a Brasil y por la consonancia de los argumentos de ambos lados.

"¿Escuchaste hablar a algún candidato a presidente mencionar la industria naval?" Una pregunta retórica por entonación e intención, que tipifica el ánimo de un sector abandonado a su propia suerte.
Por Emiliano Galli | LA NACION

23/08/11
LA NACION

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