Leasing naval, de los anuncios a la frustración

Parte de la entrevista a Ricardo Cazou, de Abbey Sea, en el suplemento de Comercio Exterior del diario La Nación.

Parte de la entrevista a Ricardo Cazou, de Abbey Sea, en el suplemento de Comercio Exterior del diario La Nación.

Esta nota forma parte de la entrevista publicada en la noticia "La crisis del campo fue un golpe terrible", que se publica en esta edición.

Ustedes lograron una orden importante en Río Santiago para construir barcos de suministro. ¿Esto también se va a ver afectado por la crisis que golpea a todos los astilleros?

-Primero quiero aclarar que ése fue un logro importantísimo. Haber logrado el contrato y el decreto para seis buques de 8000 toneladas de potencia para un cliente de los Emiratos Arabes Unidos es algo para destacar. La crisis complicó muchísimo la obtención de garantías por parte del astillero y de la provincia de Buenos Aires. Pero el gobernador Scioli [Daniel] se comprometió a que esto salga porque el astillero lo necesita. Son seis pero pueden ser 12, según la calidad que tenga el primero y si usamos una grada o dos. No hay antecedentes locales en la construcción de barcos con esta complejidad.

-¿Por ahora hay una grada ya comprometida?
-Sí. El astillero tiene experiencia en barcos, la mano de obra y la calidad de los buques son excelentes. Se merece una obra como ésta, que es de las más importantes de los últimos 25 años de la industria naval argentina. Cada barco vale 25 millones de dólares. Estoy convencido de que lo vamos a sacar…

-Ustedes habían aplicado para la construcción de tres buques graneleros mediante el leasing naval del Banco Nación. ¿En qué estado está eso?

-(Pensativo) Esa fue la gran frustración de este año, y de 2007. No se entiende cómo no se nos adjudicó. Cada barco que habíamos propuesto valía 24,6 millones de dólares. Y no le pedíamos un peso a nadie.

-¿Y por qué no salió entonces?
-Por cuestiones políticas. Cuando firmamos con Río Santiago y Tandanor la construcción de los barcos, el mercado estaba más o menos bien, pero después el mercado se fue para arriba. La industria naval argentina se privó de construir tres barcos. Y la marina mercante se los perdió también, porque iban a tener bandera argentina. Habíamos conseguido con un cliente una carta de crédito de ocho años, que aseguraba el pago de alquiler y que era mayor que la cuota que se le pagaba al banco… Fue una cuestión política, algo insólito. ¿Cómo se explica, si no, que habiendo logrado la prefinanciación, con un banco inglés, no hayamos obtenido el leasing?

23/12/08
LA NACION

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