Las aves y el cambio climático

Incrementar nuestros niveles de consumo, expandir las mismas fuentes de energía y sostener el grado de emisión de gases de efecto invernadero son elecciones que ha hecho la humanidad, pero que, probadamente, no están garantizando condiciones de vida saludables y equitativas.

Incrementar nuestros niveles de consumo, expandir las mismas fuentes de energía y sostener el grado de emisión de gases de efecto invernadero son elecciones que ha hecho la humanidad, pero que, probadamente, no están garantizando condiciones de vida saludables y equitativas.

Además, están impactando directamente en contra de la extraordinaria biodiversidad que habita nuestro planeta y mantiene los servicios de los ecosistemas sustentadores de nuestra propia civilización.

El cambio climático está influyendo de manera negativa en los ambientes naturales. Por ejemplo, las aves silvestres son altamente sensibles a las modificaciones ambientales y, por ese motivo, en varios países ya se vienen elaborando mapas de escenarios futuros para estas aves, que alertan sobre posibles extinciones, cambios bruscos de distribución y reducción significativa de números poblacionales.

El número de especies amenazadas globalmente es escalofriante. Unas 1200 de un total de 9800 especies están en peligro de extinción, y la mayoría se concentra en ambientes de bosques y selvas tropicales que están siendo literalmente arrasados.

También en la Argentina las aves están alertando sobre situaciones que podrían estar vinculadas al cambio climático. Las aves marinas reducirán sus áreas de nidificación costeras en caso de un ascenso notable del nivel de mar. Sequías extremas han reducido de manera significativa la superficie de decenas de lagunas donde habitaba el macá tobiano, en la actualidad de difícil hallazgo en los ambientes acuáticos de Santa Cruz. 

El cambio climático es global, y todos debemos actuar para mitigarlo, entre otras medidas adaptando nuestra vida cotidiana. Pero internacionalmente es imprescindible profundizar las políticas públicas que promuevan la conservación y gestión adecuada de los hábitats y su restauración, ya que ambientes naturales recuperados también aportan al secuestro de carbono y, por lo tanto, contribuyen a producir un balance positivo.

Es tiempo de que tanto los ciudadanos como las empresas y gobiernos promovamos con más énfasis las fuentes de energía renovables. Debemos ser conscientes de que algunas de las fuentes más sonadas no ofrecen todavía un ahorro significativo de carbono en comparación con los combustibles fósiles. Es necesaria una mayor inversión e investigación en las actuales tecnologías y en las denominadas renovables para que sean sostenibles y se implementen, para no aportar nuevas amenazas y presiones para la naturaleza.

 21/06/10
LA NACION

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