El terremoto del sábado pasado, uno de los mayores de la historia, desnudó fuertes fallas de coordinación en el despliegue de las fuerzas armadas chilenas, una de las más poderosas de América del Sur, y desató, después de los elogios iniciales, una creciente ola de críticas al gobierno de Michelle Bachelet.
El terremoto del sábado pasado, uno de los mayores de la historia, desnudó fuertes fallas de coordinación en el despliegue de las fuerzas armadas chilenas, una de las más poderosas de América del Sur, y desató, después de los elogios iniciales, una creciente ola de críticas al gobierno de Michelle Bachelet.
SANTIAGO, Chile. "Teníamos los aviones listos para despegar desde el primer momento, pero nunca recibimos la orden", dijo el comandante de la fuerza aérea chilena, Ricardo Ortega, que directamente involucró al poder político.
"Si es necesario que me ponga de rodillas para que se tomen medidas más drásticas, lo hago", clamaba la alcaldesa de Concepción, Jacqueline van Rysselberghe, mientras a metros de ella las personas robaban farmacias, ante la vista de la policía.
Las fallas en la reacción del gobierno y las fuerzas armadas no son entendibles. La prensa y los propios civiles llegaron en masa al epicentro del sismo, en Concepción, mucho antes de que arribaran los militares.
Los casi 10.000 millones de dólares gastados por Chile en armas desde 1990 no mostraron su eficacia en esta tragedia. Ayer, tres días después del sismo, los militares no habían lograron tomar control total de las urbes, donde se multiplicaron los saqueos.
El mayor error fue, sin duda, el que la armada chilena asegurara al país que no había riesgo de tsunami. Sólo una hora después, olas de hasta nueve metros hicieron desaparecer cientos de casas y decenas de pueblos.
La reunión de urgencia que mantuvo la saliente presidenta, Michelle Bachelet, con los jefes castrenses el domingo pasado fue una prueba de la alta preocupación que alcanzó el tema. Hasta ahora nadie logra explicar cómo les costó tanto tiempo a las fuerzas armadas desplegar su contingente en zonas damnificadas y sin suministros básicos. El viceministro del Interior, Patricio Rosende, justificó tenuemente las fallas en los problemas de comunicación registrados tras el sismo.
Chile gastó cerca de US$ 4500 millones en equipamiento de guerra desde 2000. Sólo durante el gobierno de Bachelet (2005-2010), se invirtieron casi US$ 2000 millones en compras de armamento para las fuerzas armadas, en medio de objeciones de varios países de la región, especialmente Perú, que temen el inicio de una carrera armamentista.
"Veinticuatro horas para una persona que está bajo los escombros son muy importantes.
No creo que sea mala voluntad. Yo creo que la gente de Santiago no tiene ni la más remota dimensión del problema que tenemos acá", había dicho Van Rysselberghe, integrante de Unión Democrática Independiente (UDI), de derecha y socia de Renovación Nacional, el partido de Sebastián Piñera. Sin embargo, los colaboradores del mandatario electo llamaron ayer a evitar las críticas al gobierno y a apoyar a la mandataria.
"El futuro gobierno del presidente electo ha estado respaldando lo que ha hecho el gobierno de Bachelet, y la verdad de las cosas es que uno tiene que reconocer que nadie hubiese podido anticipar la magnitud, la profundidad y el efecto devastador del terremoto", dijo el futuro ministro del Interior chileno, Rodrigo Hinzpeter.
"Me parece que no es el momento de criticar y señalar que la ayuda se podría haber mandado antes; hay que ponerse del lado de la autoridad, colaborar con ella, brindarle apoyo a la ciudadanía, y nosotros estamos para eso y no para estar criticando, sino para apoyar al gobierno", agregó Hinzpeter.
Mauricio Weibel
Agencia DPA
02/03/10
LA NACION
