Muchas veces usamos el término de mujer pirata para describir a las mujeres que sacan provecho de las debilidades de los hombres o de determinadas circunstancias.
Muchas veces usamos el término de mujer pirata para describir a las mujeres que sacan provecho de las debilidades de los hombres o de determinadas circunstancias.
Jorge Luis Borges en su libro Historia Universal de la Infamia, en uno de los cuentos que encierran sus páginas, nos describe la vida de la viuda Ching, Pirata, con su incomparable pluma.
La palabra corsarias corre el albur de despertar un recuerdo que es vagamente incómodo: el de una ya descolorida zarzuela, con sus teorías de evidentes mucamas, que hacían de piratas coreográficas en mares de notable cartón. Sin embargo ha habido mujeres piratas.
Y lo que relata Borges es absoluta verdad y no un juego de su imaginación. En estas páginas de NUESTROMAR, en la sección Mar Calmo contamos sobre las mujeres piratas del Caribe de las cuales las más conocidas fueron Mary Read y Anne Bonney.
Hoy vamos a dedicarnos a la historia de la ambiciosa mujer china que atrajo la atención de nuestro ilustre escritor, premio Cervantes de la Lengua Española. Vamos a la historia.
Ching Shih nace en China en alguna ciudad costera de China el año 1775, tuvo una infancia muy dura, pero enseguida destacó por su belleza, su altura y su inteligencia y el fuerte carácter.

Teniendo dieciséis años trabajaba de prostituta en el prostíbulo flotante más famoso de Cantón. Siendo Ching Shih la más demandada de dicho burdel.
En ese lupanar fue donde conoció a quién sería su marido, el señor Ching, que desde 1797, dirigía el consorcio de piratas del mar de la China. Este pirata se enamoró profundamente de Ching Shih, siendo la única ramera que no llevaba los pies vendados y se casó con ella.
Los pies vendados de las mujeres chinas de aquella época, eran símbolo de castidad y mantenían a la mujer dentro de la casa, haciéndola incapaz de andar muy lejos de ella. Dentro de los manuales amatorios chinos, los pies atados de las mujeres eran zonas erógenas, que constituían una auténtica obsesión sexual para los chinos. Borges la describe como: “era una mujer sermentosa, de ojos dormidos y sonrisa cariada. El pelo renegrido y aceitado tenía más resplandor que los ojos”.
Fue conocida por distintos nombres como son Ching Shi, Madame Ching, Hsi Kai, Shih Yasng.
Su marido el capitán Chang dirigía una potente flota de piratas, con más de 400 barcos, en los que cada uno de ellos están armados por unos veinticinco cañones. El tonelaje de dichos barcos oscilaba entre las quince y las doscientas cincuenta toneladas.
Se dedicaban a la piratería tanto en mar como en ríos, asolando pueblos y personas. También actuaban como fuerzas mercenarias al servicio de quien les pagara.
Apoyaron una sublevación en Vietnam, favoreciendo al bando encabezado de Tay-son que representaba los intereses de los sectores humildes del campesinado. Mientras que el Imperio china presta su apoyo al poder establecido en Vietnam. De su presencia en dicho país destaca la adopción de un niño vietnamita que llamó Chang Pao. Que jugaría posteriormente, como veremos, un papel relevante en la vida de Ching Shih.
Ante el poder que iba adquiriendo el pirata Cheng I, el emperador chino lo hizo nombrar maestre de los establos imperiales, cargo de gran importancia dentro de la corte imperial china.
Ante este ofrecimiento del emperador, no se sabe muy bien cuál fue la respuesta de Cheng y de su esposa Ching Shih, aunque hay dos versiones.
La primera dice que no aceptó el cargo y que Cheng siguió pirateando como había hecho hasta ese momento. La segunda dice que la oferta fue aceptada por Cheng I, lo que provocó el rechazo de otros piratas. Desde mi punto de vista, creo que la primera versión fue la real.
Cheng murió en el año 1808 y no parece que haya sido de muerte natural. La primera versión nos dice que falleció pirateando, debido a que se vio sorprendido por una gran tormenta tropical que le causó la muerte. La segunda nos habla de que murió envenenado a través de la alimentación. Es mucho más creíble la primera que la segunda.
Al quedarse viuda, Ching Shih se hace cargo de la herencia de su marido, ocupando entonces el primer lugar. No sólo va a dirigir las flotas piratas, sino también las cuentas, todo ello con mano de hierro.
En la época de mayor esplendor llegó a disponer de más de 2.000 barcos piratas y tenía unos 70.000 marineros. Estos barcos fueron divididos en seis flotas. Cada una de estas flotas tenían un color, rojo, verde, amarillo, violeta y negro, la última flota tenía como estandarte una serpiente. Cada flota estaba mandada por un almirante, quien debía rendir cuentas pormenorizadas de sus acciones y del botín obtenido en sus correrías.
Todo estaba regido por unos reglamentos muy estrictos y detallados. Estos debían ser cumplidos, caso contrario el infractor debía enfrentarse a durísimas sanciones, la mayoría de las cuales significaba la muerte. Podemos ver alguno de los capítulos de estos reglamentos:
– Nadie deberá seducir para su placer a las mujeres cautivas apresadas en las ciudades o en el campo, siendo llevadas a bordo del barco. Se deberá, primeramente, pedir permiso al ecónomo y retirarse a la cal del barco. El uso de la violencia con una mujer sin permiso del ecónomo será castigado con la muerte.
– Si un hombre va a tierra por su cuenta o si se comete el acto llamado “franquear las barreras”, se le horadarán las orejas en presencia de toda la flota; en caso de reincidencia se le dará muerte.
– Se prohíbe tomar a título privado la menor cosa del botín procedente del robo o del pillaje. Todo será registrado, y el pirata recibirá, de las diez partes, dos para él. Las otras ocho corresponderán al almacén denominado fondo general. Tomar lo que quiera que fuere del fondo general traerá consigo la muerte.
Ching Shih se enamoró de su hijo adoptivo Chong Poo, al que ya había convertido en su lugarteniente y se casó con él, con lo que consiguió su dominio familiar sobre toda la flota.
El imperio chino no podía permitir la existencia de tal poder en manos de la pirata Ching Shih. Para acabar con esta situación, el emperador armó una potente flota al mando del almirante imperial Kuo-Lang, que fue derrotado tras una intensa batalla naval por Ching Shih. El almirante Kuo-Lang terminó suicidándose ante este deshonor de la derrota.
El emperador chino mandó nuevamente al almirante Tsuen-Mon-Sun, que la ataca continuamente y acaba derrotando a Ching Shih. Esta, sin embargo, huye y consigue reorganizarse.
Nuevamente el emperador chino manda a su almirante más famoso Ting Kuei, con una gran flota que finalmente derrota a Ching Shih.
José Luis Borges relata la rendición de Ching Shih: “La viuda se afligía y pensaba. Cuando la luna se llenó en el cielo y en el agua rojiza, la historia pareció tocar a su fin. Nadie podía predecir si un ilimitado perdón o si un ilimitado castigo se abatiría sobre la zorra, pero el inevitable fin se acercaba. La viuda comprendió. Arrojó sus dos espadas al río, se arrodilló en un bote y ordenó que la condujeran hasta la nave del comando imperial. Era el atardecer, el cielo estaba lleno de dragones, esta vez amarillos. La viuda murmuraba unas frases: “La zorra busca el ala del dragón”, dijo al subir a bordo”.
El final de la vida de Ching Shih también da lugar a dos versiones. La primera es que llegó a un acuerdo con el gobierno chino y terminó dirigiendo una empresa de contrabando de opio y regentando el burdel y casa de juego más grande de toda Asia situado en la ciudad de Cantón, siendo esta la más verosímil.
La segunda versión es que se casó con un gobernador de provincias. Su hijo adoptivo y esposo Cheng Poo pasó el resto de su vida en una cómoda situación al ser nombrado funcionario del gobierno.
La historia de la pirata Ching Shih ha servido de fuente de inspiración de numerosos escritores, destacando sobre todo José Luis Borges. Fuentes: Nueva Tribuna de España y Jorge Luis Borges Historia Universal de la Infamia. (Fundación NUESTROMAR)
18/12/14

