La preocupación de los marinos chilenos que viajan en el Esmeralda

La preocupación de los marinos chilenos que viajan en el Esmeralda

A la distancia, los tripulantes del velero vivieron con angustia la noticia del terremoto

A la distancia, los tripulantes del velero vivieron con angustia la noticia del terremoto

La noticia de la tragedia los encontró en el mar, y les generó una angustia que aún perdura.

Para el capitán Ignacio Mardones Costa, el teniente Rodrigo Feldestedt y decenas de guardiamarinas y tripulantes a bordo del Esmeralda, el buque escuela de la armada chilena que anteanoche amarró en Dársena Norte, el drama del sismo ocurrido hace una semana está aún presente. El Esmeralda participa, junto con otros buques a vela, en el Encuentro y Regata Internacional de Grandes Veleros, en conmemoración de los festejos del Bicentenario de varios países de la región.

Es que todos ellos tenían sus familiares y sus casas en Talcahuano, la base naval más importante de Chile, y en Concepción, por lo que el terremoto los afectó directamente, incluso, muchos ya saben que perdieron todo: "Lo más importante en esta catástrofe es que, por el momento, no se lamentan pérdidas humanas de nuestros familiares", dijo el comandante del Esmeralda.

El teniente Feldestedt es uno de esos casos. En diálogo con LA NACION y mientras atendía a las decenas de visitantes que ayer recorrían el buque, contó su historia. El, como toda la tripulación, se enteró de la catástrofe en pleno mar. Saber que su esposa, Valeria, de 27 años, estaba en esos momentos sola en casa, con los dos pequeños hijos del matrimonio -Rocío, de 3 años, y Bruno, de 5 meses- fue uno de los momentos más difíciles que, según cuenta, ha vivido.

"Fue una angustia tremenda. Mi casa quedaba frente a la playa y temí lo peor. Pero cuando supe que toda mi familia estaba a salvo, no me importó que el tsunami se haya llevado hasta los marcos de las ventanas de mi casa; lo primero que hice fue mandarle un ramo de rosas a mi esposa, con una tarjeta en donde le expresé: «Tú eres mi heroína»", contó Feldestedt.

¿Dónde están las familias de los que están navegando? Es la primera pregunta que surge ante las catástrofes, por eso la familia del teniente, junto con las demás, pudo salvarse: en plena emergencia, un automóvil con personal de la marina se llevó a su esposa y a las de otros oficiales hacia el lugar más alto de Talcahuano. Sin embargo, sólo hace dos días Feldestedt pudo saber este relato.

"Cuando nos avisan del terremoto, inmediatamente, antes de que haya pasado una hora, ya habían ido a mi casa. La preocupación es inmediata por los que están fuera de Chile", explicó el capitán de navío Mardones Costa.

Así como el caso de Feldestedt, la situación de varios guardiamarinas y de la tripulación es similar. "Cuando pudimos saber por Facebook o por los mensajes que se tejían entre las familias, supimos que muchos perdieron todo, pero eso no importa ahora, porque nuestros seres queridos están vivos", relató Felipe Pérez, un guardiamarina de 22 años cuya familia vivía a 50 metros de la playa. Sólo ayer pudo hablar con su padre.

Hay decenas de casos: "Mi prima Macarena Giacaman me dijo que no sabía nada, pero me anticipó que mi abuela, mi hermana y mi papá estaban bien. Me imagino que está todo destruido, pero no importa", dijo, esperanzado, Federico von der Wetat, otro guardiamarina, quien recordó: "Lo importante es que no se lamentan pérdidas humanas".
Diana Salinas Plaza

06/03/10
LA NACION

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