La gravedad de la situación requiere la aplicación de reglas claras y un clima de confianza que facilite las inversiones.
La gravedad de la situación requiere la aplicación de reglas claras y un clima de confianza que facilite las inversiones.
La industria pesquera sufre las consecuencias de la crisis internacional, pero la raíz de sus problemas y la clave para su solución se encuentran en el país. Por eso, es necesaria una acción oportuna y conjunta desde el Estado y las empresas para tomar medidas que recreen la confianza y la previsibilidad.
La contracción de capturas y precios es el primer signo que pone de manifiesto la delicada situación del sector. Entre 2007 y 2008, se han registrado bajas cercanas al 20 por ciento en el total acumulado de exportaciones de merluza hubbsi. Sólo en diciembre de 2008 se exportó un 40 por ciento menos que en diciembre del año anterior. Por otra parte, el precio de los productos pesqueros en el mercado internacional también ha bajado sensiblemente: la misma tonelada de pescado posee un precio mucho menor en comparación con un año atrás.
Otro signo visible de esta crisis son las dificultades a la hora de negociar acuerdos entre las empresas y los trabajadores por aumentos de salarios u otro tipo de beneficios. La combinación explosiva de contracción de precios y aumento en los costos de explotación ha dejado a muchas empresas sin margen exponiéndolas a un cese total de actividades o incluso a la quiebra, lo que supone un grave riesgo para un gran número de poblaciones portuarias dispersas por todo el litoral marítimo del país.
Dos cuestiones adicionales empañan el presente y futuro del sector pesquero argentino. El primero, un intrincado sistema burocrático que habilita la posibilidad de prácticas discrecionales por parte de quienes deberían ejercer las funciones de control de la actividad. El segundo, la sobrepesca de una de las principales especies, la merluza hubbsi, hoy al borde del colapso, amenaza la sustentabilidad de toda la actividad. La captura de ejemplares cada vez más jóvenes impide la renovación de la especie y deja al descubierto graves carencias en la fiscalización de los stocks pescados y de los sistemas de captura empleados.
Los altísimos índices de subdeclaración de capturas y, por lo tanto, de evasión, se encuentran en la raíz de este último fenómeno y son inseparables de los esquemas estatales que funcionan mal con el expreso propósito de permitir la sobrepesca. Recientemente, el hasta hace pocas horas director de la Agencia de Recaudación de la Provincia de Buenos Aires (ARBA), Santiago Montoya, había admitido que en la Argentina se declaran 600.000 toneladas de capturas de pesca, pero la suma del total consumido y exportado asciende a 900.000 toneladas.
La combinación de todos estos problemas sume hoy al sector pesquero en una situación de peligro histórico por su gravedad. Superar las crisis requiere reglas claras a fin de recrear un clima de confianza y previsibilidad que atraiga inversores que impulsen la actividad, pues hoy la pesca en la Argentina está amenazada por la incertidumbre, la desconfianza y la falta de controles, que crean la arbitrariedad y la inobservancia generalizada de las leyes.
Es urgente entender que estas falencias ponen en riesgo no sólo la actividad pesquera, sino el bienestar general de toda la sociedad.
20/04/09
LA NACION
