La merma de población en el krill, alimento de las ballenas, es consecuencia del cambio climático.
La merma de población en el krill, alimento de las ballenas, es consecuencia del cambio climático.
Al centro de la Bahía del Almirantazgo, en la isla Rey Jorge, el buque de investigación científica Humboldt, veterano de muchas expediciones del Perú en la Antártida, se ve rodeado de glaciares del Terciario que se desprenden más de lo normal.
Muchas ballenas también están a la vista; Raúl Sánchez, biólogo del Instituto del Mar del Perú está compilando datos sobre estos cetáceos, junto a científicos de varias nacionalidades quienes observan con preocupación el derretimiento de los hielos milenarios.
Durante el último crucero oceanográfico avistamos más de 130 ballenas, principalmente ballenas jorobadas. Luego del período de engorde durante el verano antártico, las madres viajarán ya preñadas hasta los mares ecuatoriales y tropicales, donde llegarán a mediados de julio para dar a luz a sus ballenatos. Se sabe que Panamá, por sus aguas cálidas, es uno de los mejores sitios para verlas y donde más abundan en estos tiempos. Cuando están allí, no se alimenta, pero el abundante krill antártico les aportará energía para los meses de ayuno. Este crustáceo es la especie de mayor biomasa a nivel mundial y foco internacional de atención permanente en estas latitudes- señala el experto-.
Como en la Antártida el krill es el eslabón principal de la cadena alimenticia, y las ballenas, que comen krill, habían ido aumentando progresivamente desde que la Comisión ballenera Internacional prohibió su caza, había una gran preocupación que estuviera en riesgo todo el sistema ecológico antártico- comenta Héctor Soldi, oceanógrafo de la Marina del Perú.
Pero los resultados del programa internacional Biomass tranquilizaron a la ciencia, ya que la biomasa de krill presentaba un volumen muy grande. Descubrimos –recuerda Soldi- que las poblaciones de pingüinos en los últimos treinta o cuarenta años tuvieron una súper abundancia; vimos que coincidían con la época en que hubo cacería de ballenas.
O sea, cuando había menos ballenas, había más focas y más pingüinos. La conclusión final fue que el krill no estaba en peligro de extinción; por lo tanto, el sistema antártico estaba en una situación de equilibrio permanente- concluye Soldi-.
Investigaciones confirman que el krill posee una extraordinaria biomasa -al menos 500 millones de toneladas-, sin embargo, existe una merma de su población. Para la ciencia, este fenómeno no está ligado al crecimiento de las poblaciones de ballenas – argumento de Japón para justificar la cacería de cetáceos-, sino por el calentamiento global causado por las emisiones de gases de efecto invernadero.
ALEJANDRO BALAGUER
20/01/070
PRENSA.COM (Panamá)
