(FNM) Dolor, angustia y rabia infinitas. Un recuento todavía preliminar, indica que la cantidad de víctimas fatales en las ciudades de La Plata, Buenos Aires y su cordón urbano ya supera el medio centenar. Los administradores balbucean explicaciones inadmisibles y comparan “a quién le fue peor” para disminuir su propia cuota de responsabilidad.
(FNM) Dolor, angustia y rabia infinitas. Un recuento todavía preliminar, indica que la cantidad de víctimas fatales en las ciudades de La Plata, Buenos Aires y su cordón urbano ya supera el medio centenar. Los administradores balbucean explicaciones inadmisibles y comparan “a quién le fue peor” para disminuir su propia cuota de responsabilidad.
Las autoridades – de todos los niveles, municipal, provincial y nacional- elegidas para administrar, recurren a cuanto adjetivo encuentran disponible (“inevitable”, “sin precedentes”, “imprevisible”, y mil etcéteras) para atenuar sus inocultables incompetencias. Peor aún, recurren –directamente o a través de sus voceros- a espantosas chicanas tratando de “comparar” la cantidad de víctimas y daños en las jurisdicciones, cruzándose acusaciones que producen náuseas…
¿Fue acaso un sismo inesperado lo que azotó a Buenos Aires? ¿O el imprevisto surgimiento de un volcán de las entrañas de la tranquila planicie? Nada de eso. Se trata de la única, histórica, conocida y NUNCA debidamente atendida “amenaza natural” que enfrenta esta bendecida región: las inundaciones.
En varios de los artículos publicados en medios nacionales, y que hemos seleccionado para esta triste edición de NUESTROMAR, competentes profesionales en la materia analizan y reiteran lo que han venido diciendo y advirtiendo hasta el cansancio. Brailovsky, Zajac y Barros –profesionales cuyas opiniones alcanzaron hoy las tapas de los principales diarios- representan algunas de las autorizadas voces sistemática y amablemente ignoradas por los dirigentes, y por la ciudadanía en general.
Con argumentos sencillos y fácilmente entendibles, dan por tierra con las banales reivindicaciones de los administradores y tornan ridículas sus comparaciones acerca de “quién invirtió más” en la prevención o la adaptación…
La respuesta es simple y rotunda: ninguno hizo lo suficiente. En rigor, y más allá de algunas obras puntuales, todos trabajaron cada día para empeorar las condiciones de respuesta ante la ocurrencia de este tipo de fenómenos, mediante políticas de urbanización absolutamente desquiciadas, el descuido de la prevención, el desprecio por la investigación y el conocimiento, la desaprensión por los sistemas de alerta y una extrema permisividad y laxitud en la aplicación de las normas…
Las aguas comenzarán a bajar en algunas horas. Los más afectados despedirán a los seres queridos que han perdido. Y comenzaremos a “lamernos” las heridas.
¿Seguiremos la semana próxima planificando cuántas nuevas torres se levantarán en los “predios ociosos del ferrocarril” de una ciudad baja, total e innecesariamente colapsada por el cemento? ¿Continuarán los intendentes del conurbano promoviendo en sus municipios –fastuosos complejos de edificios “para vender vista al río”- en proyectos descabellados como el que finalmente logró imponerse en Vicente López (por citar sólo uno de múltiples ejemplos posibles)? ¿Continuará siendo “inevitable” que grupos de personas desprotegidas se instalen precariamente en las zonas más bajas de la geografía de la región, incrementando así su nivel de vulnerabilidad? ¿Continuaremos los vecinos sembrando alegremente de residuos cada rincón de la ciudad y preparando el próximo “tapón” de la boca de tormenta de “nuestra esquina”?
Como bien recuerda Elio Brailovsky en uno de los artículos que hoy reproducimos, “los desastres no comienzan en el momento en que los vemos, sino que son objeto de una lenta construcción social”.
Es hora de que comencemos a construir algo mejor…
04/04/13
FUNDACIÓN NUESTROMAR
