El sector del país produjo el año pasado 18 mil de toneladas, cuyo valor llegó a cerca de US$70 millones por ventas a mercados como Estados Unidos, España, Francia, Reino Unido, Alemania y el propio mercado interno, al que sólo destina de 5% a 8%.
El sector del país produjo el año pasado 18 mil de toneladas, cuyo valor llegó a cerca de US$70 millones por ventas a mercados como Estados Unidos, España, Francia, Reino Unido, Alemania y el propio mercado interno, al que sólo destina de 5% a 8%.
Bogotá. – “Es un sector netamente exportador”, subraya el presidente de Acuanal –la Asociación de Acuicultores de Colombia-, Jorge Mario Díaz, quien admite sin embargo que la participación en el total de exportaciones del país es todavía pequeña, si bien ha venido creciendo a pesar de la fuerte revaluación del peso en los últimos tiempos.
Tal crecimiento, a su vez, se explica por el mayor volumen de producción debido, sobre todo, a la elevada productividad conseguida a través de los programas de su centro de investigación Ceniacua, como el de mejoramiento genético que ha permitido situarse en tal sentido entre los primeros del mundo.
Tanto es así que mientras Ecuador, con un promedio de 160 mil hectáreas para cultivo de camarones, produce cien mil toneladas, aquí alcanzamos las 18 mil en apenas 2.700 hectáreas “de espejo de agua”, o sea, en las piscinas acondicionadas cerca al mar.
Somos, pues, hasta diez veces más eficientes que nuestro vecino del sur por los citados factores genéticos y los sistemas intensivos que se adoptaron en las fincas respectivas.
De ahí que el potencial de producción y exportación de la industria camaronera nacional sea enorme, con regiones aptas para ello (en la Guajira, por ejemplo) para extenderse a 20 mil hectáreas, lo que de conseguirse nos pondría de líderes en América Latina y entre los primeros países del mundo.
Es posible, viable, llegar a esa meta, pero…
Crisis a la vista
En lugar de avanzar hacia la meta, estamos retrocediendo. Baste observar, a manera de prueba, que el área se ha reducido en lugar de aumentar, recortándose nada menos que en 1.200 hectáreas durante los últimos cinco años.
¿Por qué? La razón es obvia: menos rentabilidad o, en el peor de los casos, más pérdidas por diversos factores que conviene identificar. Veamos.
La citada revaluación, en primer término. Como es un sector exportador y, por tanto, la mayor parte de sus ingresos es en dólares, el menor valor de estos equivale a bajar en forma sustancial los ingresos, las ventas, las utilidades.
No obstante, ese tampoco es el único problema. Otro es de tipo sanitario, provocado por causas como el crudo invierno que contrajo la producción de 20 por ciento a 30 por ciento; y otro más, para colmo de males, es la crisis económica mundial desatada con rigor en septiembre de 2008, cuando los precios se fueron a pique, pasando de cinco dólares el kilo a sólo 3,20 en enero pasado (hoy están alrededor de 3,80).
El desplome de las cotizaciones se debe, sí, a la crisis económica y, de modo específico, al hecho de que los consumidores, afectados por bajos ingresos ante fenómenos como el aumento del desempleo, dejan de ir a los restaurantes, donde se vende un elevado 70 por ciento de la producción de camarón.
Y no es que haya disminuido la oferta global. No. La oferta sigue igual a pesar de las dificultades, pero como la demanda se contrae termina habiendo exceso de oferta, o sea, sobreproducción, provocando la correspondiente caída de los precios.
Entre nosotros, la situación es peor: caen los precios y se paga menos por las ventas en el exterior, gracias a la revaluación del peso.
¿Resultado? Sin duda, la crisis del sector, de las firmas camaroneras, cuyos directivos ven con preocupación cómo están a punto de desaparecer, de entrar en bancarrota, sin importar sus cuantiosas inversiones y su gran potencial como sector exportador líder, “de clase mundial”.
El impacto social
Es una crisis económica, como resulta fácil deducir de lo anterior. Pero, también social. Al fin y al cabo este sector genera de 13 mil a 14 mil empleos directos e indirectos, tanto en la producción de las fincas como en el proceso desarrollado en las plantas, los cuales tienen además un alto componente social.
En las plantas, verbigracia, suele haber tres turnos con 300 a 400 personas empleadas, mientras las fincas están situadas en zonas donde no hay otras opciones de trabajo, por lo cual el cierre de operaciones de las compañías dejaría a sus trabajadores en la calle, sin nada que hacer.
Por lo pronto, las empresas camaroneras atendieron al llamado del gobierno para no despedir personal por la crisis, si bien sus representantes no saben todavía hasta cuando podrán soportar su difícil situación sin tocar los costos laborales que tanto pesan.
“El riesgo de recortar personal es cada día mayor, igual que el cierre de las compañías”, advierte el dirigente gremial, quien insiste al respecto en el grave impacto social por la suspensión, entre otras cosas, de proyectos que encarnan la RSE del sector a su cargo.
En efecto, la inversión social asciende a 800 millones de pesos por año, en proyectos de salud (dotación de centros de salud, realización de brigadas, etc.), educación (desde dotación y mantenimiento de escuelas hasta cofinanciación del pago de maestros y entrega de materiales a los alumnos), capacitación de empleados para su trabajo, apoyo a creación de microempresas vinculadas al negocio camaronero, y manejo ambiental, apostándole al desarrollo sostenible.
Unos y otros proyectos se realizan, en su mayoría, en alianza con gobiernos regionales y locales, en municipios como San Onofre y sus corregimientos, muy pobres por cierto.
Pero, la perspectiva de su continuidad es bastante incierta, lo que contribuye al deterioro del ambiente laboral y las condiciones sociales, en perjuicio de las empresas.
Tareas pendientes
¿Qué hacer –cabe preguntar- ante tan crítica situación, cuyos graves efectos sociales son evidentes? Según el presidente de Acuanal, Jorge Mario Díaz, se requieren del gobierno los incentivos económicos de antes para enfrentar los problemas sanitarios que afectan a la producción y asumir costos o sobrecostos que no debe asumir el sector privado (vías y energía eléctrica).
Una adecuada política económica, en fin, que haga frente a la revaluación y la recesión que viene del exterior, acaso con medidas anticíclicas, e identificar al camaronero como sector estratégico, de clase mundial, según el nuevo plan exportador del Ministerio de Comercio.
Y que cuando se ponga en marcha esa política –al decir de Acuanal- haya interlocutor, sin que las empresas desaparezcan con sus programas sociales y su enorme potencial, por la alta productividad, para ser un sector líder en América Latina y entre los mejores del mundo…
28/08/09
LA REPUBLICA
